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I.N.R.I ET BON APPÉTIT

Osvaldo Lamborghini - El Fiord

EL FIORD
Octubre 1966 - Marzo 1967.

¿Y por qué, si a fin de cuentas la criatura resultó - tan miserable - en lo que hace al tamaño, entendámonos -, ella profería semejantes alaridos, arrancándose los pelos a manotazos y abalanzando ferozmente las nalgas contra el atigrado colchón? Arremetía, descansaba; abría las piernas y la raya vaginal se le dilataba en círculo permitiendo ver la afloración de un huevo bastante puntiagudo, que era la cabeza del chico. Después de cada pujo parecía que la cabeza iba a salir: amenazaba, pero no salía; volvíase en rápido retroceso de fusil, lo cual para la parturienta significaba la renovación centuplicada de todo su dolor. Entonces, El Loco Rodríguez, desnudo, con el látigo que daba pavor arrollado a la cintura - El Loco Rodríguez, padre del engendro remolón, aclaremos -, plantaba sus codos en el vientre de la mujer y hacía fuerza y más fuerza. Sin embargo, Carla Greta Terón no paría. Y era evidente que cada vez que el engendro practicaba su ágil retroceso, laceraba - en fin - la dulce entraña maternal, la dulce tripa que lo contenía, que no lo podía vomitar.

Se producía una nueva laceración en su baúl ventral e instantáneamente Carla Greta Terón dejaba escapar un grito horrible que hacía rechinar los flejes de la cama. El Loco Rodríguez aprovechaba la oportunidad para machacarle la boca con un puño de hierro. Así, reventábale los labios, quebrábale los dientes; éstos, perlados de sangre, yacían en gran número alrededor de la cabecera del lecho. Preso de la ira, al Loco se le combaban los bíceps, y sus ya de por sí enormes testículos agigantábanse aun más. Las venas del cuello, también, se le hinchaban y retorcían: parecían raíces de añosos árboles; un sudor espeso le bañaba las espaldas; las uñas de los pies le sangraban de tanto querer hincarse en las baldosas del piso. Todo su cuerpo magnífico brillaba, empapado. Un brillo de fraude y neón.
Hizo restallar el látigo, El Loco en varias ocasiones; empero, los gritos de Carla Greta Terón no cesaban; peor aún: tornábanse desafiantes, cobraban un no sé qué provocador. La pastosa sangre continuábale manándole de la boca y de la raya vaginal; defecaba, además, sin cesar todo el tiempo. Tratábase - confesémoslo - de una caca demasiado aguachenta, que llegaba, incluso, a amarronarle los cabellos. El Loco, en virtud de ser él quien la había preñado, cumplía la labor humanitaria de desagotar la catrera: manejaba la pala como hábil fogonero y a la mierda la tiraba al fuego.
Vino otro pujo. El Loco le bordó el cuerpo a trallazos (y dale dale dale). Le pegó también latigazos en los ojos como se estila con los caballos malleros. El huevo bastante puntiagudo, entonces, afloró un poco más, estuvo a punto de pasar a la emergencia definitiva y total. Pero no. Retrocedió, ágil, lacerante, antihigiénico. Desesperadamente El Loco se le subió encima a la Carla Greta Terón. Vimos cómo él se sobaba el pito sin disimulo, asumiendo su acto ante los otros. El pito se fue irguiendo con lentitud; su parte inferior se puso tensa, dura, maciza, hasta cobrar la exacta forma del asta de un buey. Y arrasando entró en la sangrante vagina. Carla Greta Terón relinchó una vez más: quizás pretendía desgarrarnos. Empero, ya no tenía escapatoria, ni la más mínima posibilidad de escapatoria: El Loco ya la cojía a su manera, corcoveando encima de ella, clavándole las espuelas y sin perderse la ocasión de estrellarle el cráneo contra el acerado respaldar.
"Pronto, ya, ¡quiero!", musitó Alcira Fafó, a mi lado. Yo me cubrí con las sábanas hasta la cabeza y me fui retirando, reptando, hacia los pies de nuestro camastro. Una vez allí aspiré hondamente el olor de nuestros cuerpos, que nunca lavamos. "Las fuerzas de la naturaleza se han desencadenado", dije, y me zambullí de cabeza en la concheta cascajienta de Alcira Fafó. Sebastián - digámoslo -, mi aliado y compañero, el entrañable Sebas, apareció - en escena: "¡Viva el Plan de Lucha!", cacarc -, desde su rincón. Yo iba a contestarle, estimulándolo, mas no pude: El Loco Rodríguez, que ya había concluido su faena con la Carla Greta Terón, comenzó a hacerme objeto - y no ojete, como dice Sebas - de una aguda penetración anal, de un rotundo vejamen sexual. Con todo, peor suerte tuvo mi pobre amigo, cuyos ojos agónicos brillaban, intermitentes, en el solitario rincón que le habíamos asignado, rincón donde yacía - todo el tiempo - entre trapos viejos y combativos periódicos que en su oportunidad abogaron por el Terror. (Como nunca le dábamos de comer parecía, el entrañable Sebas, un enfermo de anemia perniciosa, una geografía del hambre, un judío de campo de concentración - si es que alguna vez existieron los campos de concentración -, un miserable y ventrudo infante tucumano, famélico pero barrigón).
Y así, cuando advirti - que la fiestonga se iniciaba, la fiestonga de garchar, se entiende, empezó a arrastrarse con la jeta contraída hacia el camastro donde Alcira y yo nos refocilábamos, con el agregado, a mis espaldas, del abusivo Loco, nuestro Patrón: nunca le dábamos de cojer al entrañable Sebas, casto a la fuerza, recontracalentón, que ahora débilmente se arrastraba hacia el camastro, barriendo con la cara casi las baldosas, deteniéndose numerosas veces para recuperar el aliento vital, y murmurando a cada paso "CGT, CGT, CGT...", como para despistar, o, en una de esas, a modo de oración. Él se apoyaba en sus brazos - menos gruesos que palos de escoba - y con los pies se impulsaba hacia adelante, no sin cierto fervor. O mejor dicho todo fervor. Para siempre lo tengo retratado en mi memoria al extraordinario Sebastián. Juntos militamos en la Guardia Restauradora, años, años atrás.
Y yo lo miraba acercarse a pesar de que los rempujones del Loco no me dejaban mucho tiempo ni muchas ganas para la ecuánime, objetiva observación ¡Dogmático Sebastián! Su mirada era poesía, la revolución. Cada uno de sus movimientos trasuntaba un agradecimiento infinito hacia nosotros, que le íbamos a permitir - él creía - sacudirse la soledad de su carne y de su espíritu así como un perro se sacude el agua de la mar. Y si se lo permitíamos - en esa dirección su privilegiado cerebro empezó a funcionar - ¡qué importaba que nunca le diéramos de comer ni de cojer! ¡Qué importaba que su estómago siempre vacío segregara esa baba verde cuya fetidez tornaba irrespirable el aire de nuestro agusanado cuarto! ¡Qué importaba que viviera entre vómitos de sangre, molestando incluso nuestro sueño porque cada una de sus arcadas era una especie de alarido sin fe! ¡Qué importaba qué!
Adelante camarada Sebastián, entrañable amigo, perro inmundo. Casi llegó a tocarnos con sus transparentes manos. Yo estaba preso en la cárcel formada por los brazos del Loco y con la cabeza sumergida en el bajo vientre de mi cajetoidea Alcira. Mi gran amor se desbordaba. Sentí en el centro en el cero de mi ser las vibraciones eyaculatorias del pijón del Loco, mientras el clítoris de Alcira Fafó, enhiesto y rugoso, me hacía sonar la campanilla, a rebato; pero vi, vi sin embargo de reojo cómo el temible, purulento Sebastián, intentaba acariciar las bien plantadas nalgas que sobre las mías galopaban, el culo de nuestro abusivo Dueño y Señor. Entonces, malévolo y dulce a la vez, con el talón le pegué al Loco desesperadas pataditas avisativas en sus fuertes pantorrillas, pataditas objetivamente alcahueteantes, caro Sebastián. Tal como yo lo esperaba (¿y era acaso para menos?) el Patrón reaccionó de inmediato. Después de echarme su guascón en mis adánicos adentros, se irguió y le aplicó un fabuloso patadón en la garganta a mi pobre amigo: de boca abajo que estaba lo puso boca arriba. Todo un espectáculo, el musculoso pie, magníficamente posado en el suelo después del golpe, recortándose nítido contra el cuello del derrotado: yo lo vi con mis propios ojos, y qué lejos aquellos tiempos, Sebastián, cuando un suboficial dado de baja por la libertadora pacientemente nos enseñaba el marxismo.
Y un hilito de baba se le escapó al entrañable Sebas por la comisura - izquierda - de los labios. Sus intermitentes ojos rodaron varias veces en una y otra dirección. Intentó limpiarse la boca con la mano, pero su extrema debilidad hizo que el gesto abortara: a la mitad de camino la mano no resistió más y sobre la panza enorme se le derrumbó. Los cuervos planearon sobre su figura, y yo, adolorido por la reciente penetración, lié con el elástico de las bombachas de Alcira Fafó una bolsa de hielo al área de mi desfloración.
Y también intercedí en un arranque de pietismo para que El Loco espantara a los pajarracos rapiñosos, aunque uno de ellos igual tuvo tiempo para arrancarle el dedo índice derecho al pobre Sebas, de un picotazo y tirón. Y eso era el dolor, todo el dolor, y no todo el dolor. Tenaces gotas de sangre brotaron de la frente de Sebastián. Yo me largué a llorar con desesperación. Como en la infancia: arrodillado en un rincón de la pieza, escondiendo la cara bajo el sobaco y aspirando el chivo olor. Las cucarachas me subían por la parte posterior de los muslos y, salvando el breve obstáculo de la bolsa de hielo, sometían mis lomos a una exhaustiva exploración. Entretanto, El Loco Rodríguez - Hijo de Puta Amo y Señor - espantaba, en efecto, a los cuervos, mas tratándolos como si fueran viejos amigos que se han puesto un poco pesados con el alcohol y los recuerdos del tiempo que se fue (y que fue mejor) cuando no era necesaria la insurrección. Y razón - como a nadie - en parte al Loco no le faltó: la atmósfera repentinamente se sobrecargó: "¡A usted lo conocí en una reunión del COR!".
Valiéndose de una enorme regla T, El Loco abrió el grisáceo ventanal del techo para que los cuervos evacuaran la deformada y deformante habitación.
De uno en uno salieron, chorreando lágrimas, invocando los sagrados nombres de los caídos en la lucha, en el fragor. Y hasta con un dedo menos firmó en manifiesto el monolítico Sebas. Y El Loco del Látigo, preñador de Carla Greta Terón, desnudo como estaba salvo el orión, medio tórax afuera sacó para despedir a los oscuramente pájaros, sin rencor. En su envión: "Adiós".
Tuvo un ataque de histeria en medio de un pujo la Carla Greta Terón. Todos a una miramos hacia su lecho de parto porque ella yacente empezó a gritar: "Que se viene. Que ya está. Que se que se. Que ya estuvo. ¡Hip, Ra! ¡Hip, Ra! ¡Hip, Ra!". Explicaba en su media lengua que era inminente - y no inmierdente, como dice Sebas -, que ya paría. Y a pesar de nuestras escépticas conjeturas su cuerpo de golondrina empezó a hincharse. Mientras dilataba ella se estrujaba con las manos, de las sienes hacia abajo, para que la criatura bajara. "¡No vaya a ser que se me atranque entre los parietales!", jodió, y El Loco, ni lerdo. Ni perezoso. Le ató a las piernas una bolsa de arpillera con la boca bien abierta para que el chico de mierda cayera en su interior. Había puesto un poco de aserrín en el fondo, además, por si la cabeza se separaba del tronco. Alcira le midió la dilatación de la concha con un centímetro de modista, y luego se repajeó con una enorme vela, ella. Yo, yo me le fui al humo en seguida, al humo regodeante de Alcira, y eyaculé frotando con unción la cabeza del porongo contra la parte áspera-rajada de su talón. Y todos nos perecíamos por minetear o garchar o franelear o rompernos los culos los unos a los otros: con los porongos. Hasta el exangüe Sebastián intentó un esbozo de sonrisa lúbrica, que era una verdadera elegía a los terremotos carnales, al ejercicio o no de la procreación. Entonces apareció. Tras hacer trizas la carne rosada de la cajeta de su madre Carla Greta Terón. La cabeza raquítica. Con una boquita no mayor que el punto de un lápiz. Pero con los ojos inmensos. Inmensos de espléndidos, de tristes, de grandes: Atilio Tancredo Vacán, su cabeza emergió.
"¡Loado sea!", regurgitó El Loco cayendo de rodillas sobre un montón de turro maíz. Alcira, con los brazos abiertos, recibió un baño de luz ventanal en su cuerpo desnudo, y su vagina sonrió. Sebastián besaba mis pies enfundados en unas sucias medias negras, largas hasta las ingles, - sucias medias negras de sucio seminarista - que, junto con el escapulario, constituían toda mi vestimenta. Y previendo lo que iba a ocurrir me erguí, sin restarle un solo centímetro a mi estatura. Era un deber hacerlo, aunque la humildad taimada que me caracteriza procurara estrangularme con mis propias manos. La baba pegajosa que fluía de mi boca me mojaba el cuerpo. Rasgué, sin embargo, todos los tapices a mi alcance. A traición, claro que a traición. Mutilé las bordadas escenas del bien y del mal, deformé su sentido, mordí algunas con mis dientes mellados. A traición. Salía un juguito dulzón, asqueroso y de rechupete y con sabor dulzón. A traición. Y todos estábamos modificados por la presencia del inmodificante Atilio Tancredo Vacán. Salté en todas las direcciones: ¡una nueva relación! Y ¡en! relación. Hombre con hombre hombre con hombres hombres hombres. Atravesé incluso aros de madera llameantes, y porque El Loco quiso fornicarme al vuelo, se me resbaló - y no relajó, como dice el intraducible Sebas - la bolsa de hielo: y no, a mí no me importó: ¡no eran momentos de andar cuidando el carajo del estilo! Me puse un frac de sirviente y un collar de perro: me los saqué rapidito, ¿no es cierto? ¡Guasca en el ojo! Con los restos de los tapices por mí rasgados me llegué hasta Carla Greta Terón, que ya tenía medio monstruo afuera, y se los di. Di. Y le dije: "¡Tomá, va, Larrecontraputamadrequeterrecontraparió Hijaderremilputas!" ¡Ya! ¡Y no! Me florié luego (y no) en unos pasos canyengues, pero no pude coronar mi baile: entre prematuros estertores, Atilio Taneredo Vaeán, ya definitivamente nacido parido escupido, cayó atroden de la sabol con los brazos y las piernas aplastados contra el cuerpo, al estilo de las momias aztecas. ¡Y no estaba muerto! "Huija", grité, "hurra, hermanos, respira y mueve la cola". Sebastián batió palmas y se arrastró hasta el lavatorio, dejando como siempre limaduras de saliva en el piso; y se prendió a la goteante canilla, lamiéndola, para engañar el estómago. El Loco, que no cabía de gozo en su rayada piel, le hizo un chiste de festejación: corrió tras él, lo tomó de las casi invisibles piernas, y lo metió de cabeza en el inodoro. Y tiró la cadena varias veces como broche de oro. Me reí a más no poder, retorciéndome, a la vez me arrastraba - yo también - hacia nuestro descojonado baño. "¡Uy uy uy, qué bueno!", dije, "hacéselo otra vez; yo te ayudo, Loco". El Patrón me miró con el asco en los ojos, y provisto de súbita jeringa me aplicó una inyección de brillantina sólida: endovenosa. A los tumbos, desesperado, a punto de desmayarme vomitar o cagar hasta las tripas, fui a remodelarme a un rincón, esperando que Sebastián se permitiera algún comentario para arrancarle la piel a dentelladas, convertirlo en una pura llaga. Alcira dijo: "Yo quiero acunarlo a Atilio Taneredo Vacán; a ese chico ya se le para". "Mierda: tomá tomá y tomá: ¡es pa mí nomás!", se opuso la Carla Greta Terón. Alcira Fafó se le abalanzó para degollarla con una navaja, y como se lo impedimos le gritó, a la otra que ya se revolcaba garchando con su hijo: "ojalá que un gato rabioso se te meta en la concha y te arañe arañe arañe, la puta que te parió!"
Estallaron todos los vidrios de la casa, se hicieron añicos. La primer bola de fuego incendió la cabellera de Alcira. Esta vez, en serio, fue necesario recurrir al chiste que se le hiciera a Sebastián, que semiahogado hipaba sobre unos titulares revolucionarios. La segunda bola de fuego calcinó la mano izquierda de Carla Greta Terón. Entonces apareció mi mujer. Con nuestra hija entre los brazos, recubierta por ese aire tan suyo de engañosa juventud, emergía, lumínica y casi pura, contra el fondo del fiord.
Los buques navegaban lentamente, mugiendo, desde el río hacia el mar. La niebla esfumaba las siluetas de los estibadores; pero hasta nosotros llegaba, desde el pequeño puerto, el bordoneo de innumerables guitarras, el fino cantar de las rubias lavanderas. Una galería de retratos de poetas ingleses de fines del siglo XVIII brilló, intensamente, durante un segundo, en la oscuridad. Pero no se acabó lo que se daba. Continuó bajo otras formas, encadenándose eslabón por eslabón. No perdonando ningún vacío, convirtiendo cada eventual vacío en el punto nodal de todas las fuerzas contrarias en tensión. Por algo los vidrios se habían roto y eran bolas de fuego los ojos del lúcido, del crítico Sebastián. Tampoco era casual que mis manos rompieran el invisible aire de su contorno y, algo lastimadas, se extendieran hacia la figura de mi mujer, aunque luego se detuvieran a mitad de camino, crispadas, convertidas en dos puños increpantes, incapaces incluso de la salutación. Ella me mostró sus tobillos: dos muñones sangrantes. Ella transportaba en la mano derecha sus pies aserrados. Y me los ofrendaba a mí, a mí, que sólo me atrevía a mirarlos de reojo. Que no podía aceptarlos ni escupir sobre ellos. Que ahora miraba nuevamente hacia el fiord y veía, allá, sobre las tranquilas aguas, tranquilas y oscuras, estallar pequeños soles crepusculares entre nubes de gases, unos tras otros. Y hoces, además, desligadas eterna o momentáneamente de sus respectivos martillos, y fragmentos de burdas svásticas de alquitrán: Dios Patria Hogar; y una sonora muchedumbre - en ella yo podía distinguir con absoluto rigor el rostro de cada uno de nosotros - penetrando con banderas en la ortopédica sonrisa del Viejo Perón. No sabemos bien qué ocurrió después de Huerta Grande. Ocurrió. Vacío y punto nodal de todas las fuerzas contrarias en tensión. Ocurrió. La acción - romper - debe continuar. Y sólo engendrará acción. Mi mujer me ofrece sus pies, que manan sangre, y yo los miro. Me pregunto si yo figuro en el gran libro de los verdugos y ella en el de las víctimas. O si es al revés. O si los dos estamos inscriptos en ambos libros. Verdugos y verdugueados. No importa en definitiva: éstos son problemas para el lúcido, para el crítico Sebastián: él sabrá prenderse con su hocico de comadreja a cualquier agujero que destile humanidad. No le damos ni le daremos de comer. Ni de cojer. Jamás. Atilio Tancredo Vacán ya gatea. Chupa de la teta de su madre una telaraña que no lo nutre, seca ideología. El Loco me mira mirándome degradándome a víctima suya: entonces, ya lo estoy jodiendo. Paso a ser su verdugo. Pero no se acabó ni se acabará lo que se daba.
El Loco Rodríguez forzó con el cabo del látigo la puerta del comedor Chippendale. Tomó a Atilio Tancredo Vacán en sus brazos y se sentó a la cabecera de la mesa, acunándolo. Yo engrillé al entrañable Sebas para conducirlo al comedor; allí lo encadené a una argolla de hierro fijada en la pared especialmente para él. Quiso rehuir la cena pretextando su cáncer Alcira Fafó; a mí con esas; le hinqué, sin más, mi estilográfica en un seno, que allí quedó colgando, apenas prendida de la piel, y la obligué - y no ogarché, como dice Sebas - a sentarse a la siniestra del Loco. Quedaba por ubicar Carla Greta Terón, menester incluido en mi pliego de obligaciones porque yo era el maître. Me cuadré, sin embargo, frente al Trompa Capanga, Amo y Señor, esperando órdenes, que no tardaron en llegar. "Traigalá, nomás, rodando en su cama; la rociaremos con unas salsas para evitar que la carne la afecte", dijo, y repitió "ecte", con despectivo gesto, tras lo cual me aplicó (desprecio tras desprecio) un papirotazo en la cabeza de la garcha. Pero no hay amargura que a mí me derrote: hasta el dormitorio fui al trote, golpeándome la boca con la mano, dando alaridos, como hacen los indios. Pegué un resbalón de órdago con el apuro y la payasada, apuro plenamente justificado porque llegué justo a tiempo: Carla Greta Terón ya había llenado de agua su enorme vaso azul de material plástico, y se disponía a abrir la caja de útiles donde guardaba mortales dosis de barbitúricos. "Oh no, no", le dije, "con barbitúricos no, batracia", y la conduje hasta el ventanal del techo y le mostré el fiord grávido de luna. La tomé dulcemente de la mano y le miré el culo con fijeza obsesiva. Tragué saliva. "¿Ves?", le dije, mientras apartaba el humo con la mano para mostrarle una estremecedora asamblea de mecánicos de pie con la soga al cuello. "¿Ves?", insistí, al mismo tiempo que dejaba caer mi sinuoso perfil sobre sus redondas tetas. Un asambleísta caminaba sobre las acolchadas cabezas de los otros, profetizando: "Jamás seremos vandoristas, jamás seremos vandoristas". En seguida quedó inmóvil y empezó a cuartearse. Carla Greta Terón se desperezó como un gato y arrojó las letales pastillas al orinal. Aferré con mis dos manos la caja de útiles (era en forma de barca) y la estrujé contra mi pecho desnudo. "Si yo pudiera poseer esta caja de útiles no me importaría perder el resto", mentí. Y ella, la dulce, la incomparable Carla Greta Terón, asintió con el ondular de su hermosa cabellera. Yo me postré a sus pies y le besé las mantecosas rodillas. Empuñé mi miembro y le aparté con los dedos los pelos vaginales. Copulamos. Fue un polvacho rápido y frenético. Antes de echarnos el segundo ella me convenció de que me sacara las medias y el escapulario, mi única vestimenta. Y medias y escapulario también fueron a morir al orinal. Murieron, y ella y yo nos echamos el segundo. Perfecto. Qué lindos pechos los de Carla Greta Terón. Se los remamé hasta de leche materna empacharme. Cojer fue una gran alegría para ambos, cojer y acabar juntos, moción aprobada por unanimidad. Y cuando entré al comedor empujando la cama, yo, yo era otro.
Simultáneamente Sebastián y yo intercambiamos imperceptibles guiños con nuestros respectivos ojos (izquierdos) de la cara. Vi con alegría sonreír al entrañable Sebas, por primera vez desde que nos expulsaron de MARU: flotaba en el aire que estábamos en vísperas de grandes cambios. Tomé asiento frente al Loco y me anudé al cuello una servilleta a cuadros para no mancharme las tetillas de grasa. El Loco oprimió el botón; se escucho el previsible chasquido y del baúl tabla surgió una fuente de dos metros de diámetro. Veíase en el centro de la misma un gigantesco pavo real asado al spiedo, pero sin recurrir al vulgar expediente de quitarle sus hermosas plumas. También aparecieron docenas de botellas del tintillo de la costa que a mí me hace mover las orejas de alegría. Pero no sé por qué - o lo sé de sobra - se me cerró el estómago. Peor aún. Mis intestinos empezaron a planificar una inminente colitis. Al primer retortijón me doblé en dos y el Trompa Amo y Señor ya me miró con mala cara. "Date", me dijo, "date", repitió, "date tiempo para llegar hasta la chata: una sola vez te lo prevengo". Oh, sí: en la guerra revolucionaria uno tiene que ser ladino: "Si no es nada, si ya se me va a pasar, paisano", contesté, poniendo mi mejor cara de boludo. E ipso facto me cagué con alma y vida. Estruendosamente, para colmo. Una mueca de incontenible ira ensombreció el rostro del Loco, quien con esa habilidad que sólo puede dar la costumbre, sacó de su canana una puntera de acero y la añadió al extremo del Látigo. Pero el asombro lo detuvo, porque yo, mirándolo a los ojos y con una sonrisa de oreja a oreja, me recontracagué nuevamente. Alcira Fafó se mordió una mano para contener el grito, mientras Carla Greta Terón liberaba su angustia macheteándose con un mayúsculo consolador. Fue tremenda mi tercera deposición: salpiqué hasta el cielo raso, el cual quedó como hollado por patas de fieras, aunque era sólo mierda. Y entonces El Loco se resignó; vino hasta mí, me arrastró de los pelos por mi propia porquería, y levantó, dispuesto al castigo, el temible-hermoso LATIGO. El deseo de asegurarse una victoria aplastante, sin embargo, conspiró contra él: antes de empezar a pacificarme giró la vista para vigilar a Sebastián: lo sorprendió en cuatro patas, mostrándole airado sus verdinegros colmillos. Entonces El Loco cifró todas sus posibilidades en su rapidez de tigre. De una patada de taquito lo descuajeringó al estratégico Sebas, y luego se dedicó exclusivamente a mí. El primer LATIGAZO me arrepolló la oreja izquierda. Perdí toda mi tibieza centrista y grité, grité como un poseso: "¡Arriba los Pobres del Mundo!", y "¡Atrás, Atrás, Chancho Burgués!". El segundo me incrustó el esternón en la pared del estómago, toda cubierta de musgo. El tercero me arrancó un testículo y vi mi sangre. Con ella regando las baldosas del piso, inicié un desaforado recule en dirección al guerriloto Sebas, quien cuando estuve a su alcance me recibió con una tocadita de upite a modo de aliento y de saludo. El Señor Amo Capanga Loco levantó su látigo para estrechar vínculos conmigo por cuarta vez, y como de costumbre yo estuve en un tris de salir cagando aceite. Se me ocurrió llamar a la Sociedad Protectora del Prototraidor, pero un trallazo se me introdujo en la boca cuando la abrí para gritar: "Auxilio, socorro al cagón", a través del teléfono.
Sebastián gesticuló, muequeó, supuró, parió. Rápidamente yo tenía que definir la situación. La cantidad se transforma en calidad. O los fabulosos latigazos del Loco terminarían gustándome, era de cajón. Uno más y a la mierda la rebelión. Entonces, el lúcido, insurrecto Sebastián, volvería a pasarlas muy mal acusado de ideólogo: nuevamente para él, ayunos, lecturas censuradas, pizcas de picana, castidad, prohibidas incluso la homosexualidad a solas y la solidaria masturbación. Y tuvimos suerte, sin embargo: El Loco volvió a desviar su atención hacia Sebas, que pretendía refregarle por el rostro un panfleto recién redactado. El Patrón Rodríguez lo pateó un poco al livianito Bástian, hizo jueguito con él para obligarlo a planear por el aire; cuando Sebastián planeó, ensartóle El Loco el mango del látigo en el raquítico culo; Sebas describió su parábola profiriendo un "ah" melodioso, y postróse en un rincón luego del inevitable estrellamiento de su cráneo contra el muro: evidentemente, nuestra anterior militancia en el MRP no nos estaba sirviendo de mucho.
Patria o Muerte: reaccioné con todo. Me le prendí con los dientes del carnudo hombro al restallante Loco. Parando los ojos como un santito vi el agrandamiento de los poros de su cara, el extrañamiento de cada fibra de su piel. Como dándole un vuelco al mundo, contemplé toda su gama de fisuras. Descubrí que tenía dientes postizos, nariz de cartón, una oreja ortopédica (de sarga). Sebastián comprendió lo que estaba ocurriendo y carcajeó por mí, allá en su rincón. Atilio Tancredo Vacán fue amorosamente depositado sobre el intacto pavo y las mujeres iniciaron un baile esgrimiendo cuchillos y tenedores: ellas estaban desnudas.
La sangre del Mordido en olas se me colaba entre los dientes y me inundaba la boca. La Carla Greta Terón convertida ya en una S, en una Z, en una K o en una M rabiosa señalaba desesperada los huevos de nuestro ex amo y señor. Les pegué un rodillazo y se hicieron añicos: construidos estaban de frágil cristal. El Sebas se las ingenió como pudo para traerme la morsa. Apreté con ella la pierna derecha del Capado y comprobé con placer que la misma se encogía y enflaquecía tremendamente, hasta parecer la piernezuela despreciable de un bebé de pocos meses, algo que daba asco. El abrileño Bastián sometió su cuerpo quebrantado por el exilio a otro esfuerzo encomiable: arrastró hasta mí el descomunal revólver del Lejano Oeste que el Apretado guardaba celosamente en un cajón de ciruelas. Al entregármelo él reía como un bendito, y de puro gaucho corajudo y montonero nomás se encaprichó en montar el gatillo. Desde diez centímetros de distancia. apunté: la mira del revólver enfocaba la rodilla izquierda de Rodríguez. Oprimí el gatillo. ¡Qué infantil alegría cuando sonó el disparo! La bala se incrustó entre los quebradizos huesos sin orificio de salida. Hubo un derrame interno y - advertí - la pierna se puso negra. Repetí la operación ahora con el oído derecho del Baleado. Apreté el gatillo. Sonó el disparo. La cara, el cráneo entero del Iguez se puso negro. Ennegreciósele hasta el blanco de los ojos. Sólo la dentadura apretada-encastrada hasta crujirle de dolor permaneció blanca y luciente. "Ae ae", lo remedaron Alcira Fafó y Carla Greta Terón; y "no lo despenes pronto", me rogaron. "Y dale dale dale" mumuró haciéndose el chiquito el burguecida Bastiansebas, quien ya despojado de innecesarias reglas de seguridad, me preguntó: "¿Cómo te llamas?". "Rondibaras, Asangüi, Mihirlys", repuse, y él me tranquilizó con un rotundo "ta bien" mientras se apretaba el ombligo para que el pus saliera. Atilio Tancredo Vacán guardaba un terco silencio, pero se hacía la paja.
Y no todo era mentira, cosa prefabricada, representación dolosa en la estructura de Rodríguez, jaspeada por hermosas vetas de carne humana. Apunté a una de ellas; hice fuego con cierta tristeza; la sangre avanzó hacia mí como pidiéndome amparo. ¿Y si se lo daba? El rojo chorro en espiral se me anudó al cuello igual que una bufanda. La dogmática, lúcida Alcira, me increpó: "Rajáte ya mismo de ese repugnante--pugñoso oropel ! ". Desgarrándome, cabalgando sobre ciertas inquietudes del pasado - que al fin y al cabo existió - me rajé del oropel. Cerré los ojos e intenté continuar mi obra, en el último minuto. ¿Y si al Agonizante le propusiera un Frente, un Pacto Programático sobre la base de. Por qué no? Temblé. Ahora las riendas de la situación estaban en las manos de la implacable Alcira Fafó, Amena Forbes, Aba Fihur. Que me apartó de un empujón y clavó en la nuca del Sangrante un esterilizado punzón de cincuenta centímetros de largo. Rez murió en el acto. El revólver colgaba flojamente de mi brazo. Basti me miró a mí y yo a él: habíamos vivido para ese momento.
La habilidad de Arafó nos marginaba. Ella se movía como un pez en el agua. Con impecable y despersonalizada técnica organizó el descuartizamiento del hombre que acababa de morir; luego, hizo un rápido movimiento, imperceptible casi, para agarrar el látigo, pero, astuta se contuvo. Primero seccionó el pito, que fue a parar, dando vueltas por el aire, a las manos de Cali Griselda Tirembón; de ellas, a una sartén con aceite hirviendo. Lo que quedó de la hermosa veta de carne humana encontró su destino final en nuestro pútrido inodoro: Aicyrfó tuvo el especial cuidado de dividir la veta en pequeños trozos con su ALFILER De Marras, para luego hacerlos desaparecer sin pérdida de tiempo. Cortó también la pierna achicada y se la dio a despellejar a Alejo Varilio Basán, fanático de la masturbación. Ella se comió los ojos. Cagreta la cabeza entera. Yo, una mano crispada. El Basti lamió en su rincón trozos irreconocibles, y unas hormigas invasoras liquidaron el resto.
Sonó el gong. Era La Loca del Alfiler haciéndolo sonar. Sonó el gong. Era ella, levantando la tapa de la sartén y aspirando el aroma con fruición. Probaba con una bolita de miga de pan el ahora vitaminizado aceite y nos miraba a todos con ojos chispeantes. Golpeó otra vez el gong y luego batió palmas con el Alfiler entre los dientes. Todos nos sentamos a la mesa sin chistar. Nos sirvió a cada uno un pedazo de porongo frito, que cada uno devoró a su manera, murmurando apenas aquello de "con tu pan te lo comas". Recuerdo que me soné los mocos con los dedos y me los colgué de las pestañas, como si fueran lágrimas. Tenía perfecta conciencia.
El desesperado rumor venía de la sala. Mi mujer sometía la cerradura del ventanal del techo al trabajo de sus dientes. Sin pies, era difícil que pudiera afirmarse, abrir, luego de romper la cerradura con los dientes. Cedió la cerradura con un clanc de lo más austero. El barco partió, zarpó una vez más, luego de dejar a su única pasajera. Ella apareció en la puerta del comedor con la boca destrozada pero sin nuestra hija, que ahora seguramente aguardaba en algún lugar del puerto, otro barco, que tampoco tardaría en zarpar. Mi mujer apretó los labios. Sus ojos azules a todos nos abarcaron, en silencio. Vino hasta mí y me enseñó sus muñecas: dos muñones sangrantes. Apretaba entre las encías sus manos aserradas. Sin rabia, las escupió sobre la mesa. Hice un esfuerzo y me aproximé para verlas, verlas con los ojos bien abiertos. La izquierda se posó sobre la derecha; luego, la derecha sobre la izquierda. Tomaron una flor artificial del centro de mesa y la estrujaron. Los pétalos me golpearon en plena cara. Ella se fue, caminando de rodillas.
Las inscripciones luminosas arrojaban esporádica luz sobre nuestros rostros. "No Seremos Nunca Carne Bolchevique Dios Patria Hogar". "Dos, Tres Vietnam". "Perón Es Revolución". "Solidaridad Activa Con Las Guerrillas". "Por Un Ampliofrente Propaz". Alcira Fafó fumaba el clásico cigarrillo de sobremesa y disfrutaba. Hacía coincidir sus bocanadas de humo con los huecos de las letras, que eran de mil colores. Me lo agarró al entrañable Sebas de una oreja y lo derrumbó bajo el peso de la bandera. Yo la ayudé a incrustarle el mástil en el escuálido hombro: para él era un honor, después de todo. Así, salimos en manifestación.

Jacobo Fijman - Poemas

CANTO DEL CISNE
Demencia:
El camino más alto y más desierto.
Oficios de las máscaras absurdas; pero tan humanas.
Roncan los extravíos;
Tosen las muecas
Y descargan sus golpes
Afónicas lamentaciones.
Semblantes inflados;
Dilatación vidriosa de los ojos
En el camino más alto y más desierto.
Se erizan los cabellos del espanto.
La mucha luz alaba su inocencia.
El patio del hospicio es como un banco
A lo largo del muro.
Cuerdas de los silencios más eternos.
Me hago la señal de la cruz a pesar de ser judío.
¿A quien llamar?
¿ A quien llamar desde el camino
tan alto y tan desierto?
Se acerca Dios en pilchas de loquero,
Y ahorca mi gañote
Con sus enormes manos sarmentosas;
Y mi canto se enrosca en el desierto.
¡Piedad!

ALDEA
Mi blanca soledad
Aldea abandonada.
Revuelo de perezas
Sobre la torre de un anhelo
Que tañe sus horizontes.
Pintadas negras de la desolación.
Yunques abandonados y puentes solariegos.
Se ha sentado el dolor como un cacique
En el banquillo de mi corazón.
Las lluvias estancadas de mis sueños
Se han cubierto de musgo.
En el horno apagado del silencio
Mis frutos maduraron
Estérilmente.
Perdí mi itinerario en el desierto.
¡Hospedería triste de mi vida
en donde sólo se aposentó el azar!
En una pradería de cansancios
Balan estrellas mis ovejas grises.
Lugarón sin destino;
Las calles andariegas
Beatas de mi ser
Son manos
Contemplativas
Que van perdiendo soles...

CIUDAD SANTA
Tres gritos me clavaron sus puñales.
Paisaje de tres gritos
Largos de asombro.
¡bromearon los sudarios del misterio!
Fuga de embotamientos;
Suspiros
en la niebla inmovilizada.
Cipreses.
Bronce de los terrores
Informes, fragmentados.
Mueren caminos
Y se levantan puentes.
Un árbol se transforma
Cerrando sus pupilas.
Caen medrosamente las palomas
Angélicas del sueño
En las uñas heladas del espanto.
Un infinito horror
Manaba en mis entrañas
En un himno de muerte.

COPULA
¡Nos unió la mañana con sus risas!
En las rondas del sol
canciones de naranjas.
Danzas de nuestros cuerpos
Desnudos- rojo y bronce.
El olor de la luz era sagrado:
Música de horizontes,
Espacio de paisajes-
Rojo y bronce-
Ruido de melodías,
Himno de soles,
Eternidad
Y abismo de la dicha
En la alegría loca de los vientos.
Canciones de naranjos
En la piedad de los caminos.
¡Todas las aguas del silencio
rompimos en la danza!
Dicha de los abrazos y los besos;
Toda la gloria de la vida
En nuestros pechos
Jadeantes y ligeros;
Nuestros cuerpos: auroras y ponientes
En la alegría loca de los vientos.
¡El corazón del mundo en nuestra boca!

MORTAJA
Por dentro;
Atrás el rostro.
¡El pasado aniquila!
¡Es en vano que encuentre una herradura
en el estanque turbio de mi imaginación!
El árbol ha cubierto de palomas
mi soledad; pero es en vano.
Desnudo
Siempre estoy como una llanura.
Para buscar un cerro
Miro las multitudes.
Estoy siempre desnudo y blanco;
Lázaro vestido
de novio;
una mortaja viva
entre el ayer eterno
y el eterno mañana;
una mortaja viva
que llora en mi garganta.

EL “OTRO”
Tarde de invierno.
Se desperezan mis angustias
como los gatos;
se despiertan, se acuestan;
Abren sus ojos turbios
y grises;
abren sus dedos finos
de humedad y silencios detallados.
Bien dormía mi ser como los niños,
y encendieron sus velas los absurdos!
Ahora el otro está despierto;
Se pasea a lo largo de mi gris corredor,
y suspira en mis agujeros,
y toca en mis paredes viejas
un sucio desaliento frío.
¡La esperanza juega a las cartas
con los absurdos!
Terminan la partida
tirándose pantuflas.
Es muy larga la noche del corazón.

VÍSPERAS DE ANGUSTIA
Atmósferas de marasmo despedazan mis ademanes.
Pasos furtivos
en los malditos huecos de mi ser;
desolaciones alteradas.
Azar; ideas fijas.
Revolotear de músicas celestes.
¿vísperas de una nueva angustia?
Sospechas.
Soy de los que no vuelven, hermanos míos.
Atmósferas de marasmo
en torno del más fragante pino.
Amor, alégrame el camino.
¡los fuegos fatuos!
¡Quebrantaré la vida por mi vida
por el imposible contacto de la eternidad!
Pasos furtivos
en el hueco de mi ser;
yo soy el prometido, el anunciado.
Revolotear de músicas celestes.

SUB-DRAMA
Desolaciones.
Altos silencios
Que balancean sus cabezas truncas
esencialmente.
Han caído mis esperanzas
como palomas muertas.
Desbandes.
El canto de mi mismo se alucina.
Cristales rotos.
Murga carnavalesca.
¡las risas rojas!
Cifras desafinadas y arbitrarias;
¡el dolor más eterno!
Me trasvasa el espanto sus caminos.
Pavor de candelabros;
Romance de agonía.
¿Quién soy?
Ha perdido su espacio
completamente el universo.
Se cierran las estrellas en mis ojos.
Nadie y nada.
Terribles apariencias
aplastan el cristal de sus sarcasmos.
Pasa un convoy de brujas caprichosas;
cuelgan mis extensiones deformadas.
Mi corazón es una isla roja
en que destacan sus banderas negras
los días de mi anhelo.
Las miradas ardientes de mis ojos,
¿en qué se apoyarán mañana?
Canciones de mi ser,
hemisferios de dicha,
volúmenes de aromas
¿en qué tambor de soles
se agitarán mañana?
Orientes y occidentes.
Se quebrarán mis ejes.
Lo sé.
¡Llueve sin latitud el dolor más eterno!
Han caído mis esperanzas
como palomas muertas.
Pavor de candelabros; romance de agonía.

GABÁN
Soy una alforja
de lluvias.
Mi corazón regó en las primaveras
sementeras de espacio;
por ello mi cabeza
es una gorra remendada y parda
(genialidad)
o, un gabán roído,
pues he amado.
El pienso de mis días
desparramé en las sendas;
rompí todas las tejas
de los pesebres
humanos.
De mal en peor
tildaron mi locura;
merma mi audacia,
enflaquecen mis manos dadivosas
como las muelas viejas.
¡El gabán de mi ser se va pudriendo!

CENA
Cenas de mi soledad en hosco abatimiento;
eterna como Dios, profunda de universo.
¡He sido el más ausente: el juntador de formas!
Cenas de mi soledad...
El sudario más frío es uno mismo.
¡Buscar y qué buscar!
¿Encrucijadas puras donde zapatean los truenos
en un constante mediodía?
Cenas de mi soledad en hosco abatimiento.
Pan y sal. Lamentos.
Piernas que saltan; salidas de cortejo;
vacilación de luz que viene abajo.
¡Extremaunción de un armonioso herrero!
Ir; pero no ir nunca;
en algodón de olvido sumir todos mis días.
Anuncios que deslizan;
canción de gallos en la mañana azul de mi esperanza
continuación de tiempos fundamentados en dolor.
Fui un desaparecido, el más ausente:
el juntador de formas.
Amanecer desentonado...

Hecho de estampas

POEMA I
Caía mi sueño en la otra soledad de los canales.
Regocígate, niño, la presencia graciosa de la muerte
reparte en sombras alternadas el olor de los ángeles
y levanta tus sordos desamparos.
Niño de paz,
han apagado las islas monótonas de los soles perfectos.
Niño de paz,
imito el mundo en un mi sueño ajeno a la claridad.
Un silencio de música se apacienta en las torres.

POEMA III
Está mi risa de niño
Con la abuelita ciega de la noche obscura.
Resuenan mis botas groseras de campesino
en la ternura de los caballos,
y he ido.
Al son de ríos lúcidos y puros
Tiemblan las curvas de los pozos como dulces
patas de corderos.
Encerrada en mis pasos sigue la noche obscura.

POEMA V
Yo estaba muerto bajo los grandes soles, bajo los grandes
Soles fríos.
A través de mi llanto
Oigo el agrio sudor de la precocidad.
Yo vuelvo sobre un musgo
Y las ciudades crecen a la aventura hasta la noche
Del estupor.
Miseria.
Dios pesa.
Me llaman vientos de mar.
Van y vienen en grandes cambios; se alargan
en saltos irritados
que apagan mi temblor, que exasperan los sueños.
Jamás podré seguir.
Yo me veo colgado como un cristo amarillo sobre
los vidrios pálidos del mundo.

POEMA VI
Ha caído mi voz, mi última voz, que aún guarda mi nombre.
Mi voz:
pequeña líneas, pequeña canción que nos separa de las cosas.
Estamos lejos de mi voz y el mundo, vestidos de humedades
blancas.Estamos en el mundo y con los ojos en la noche.
Mi voz fría y sucia como la piel de los muertos.

POEMA XII
Yo quería jugar.
Estaba el signo de mi naturaleza plena de llanto y
protección severa.
Bajo a mi obscuridad, y avanzo entre mis brazos
con una estrella niña.
Soplan olores de banderas frías
y resuenan tambores de infancia
en el mismo silencio, bajo la misma estrella.
Viene mi carne allende las transparencias.
Rodeo la luz fresca.
Ánimos de pavor yacen en mis profundas soledades.
No es el mismo silencio, no es la misma estrella.
Arranco vísperas de muros inclinados,
y más allá de todo se mueve el brillo opaco
de la agonía.

Estrella de la mañana

I
Los ojos mueren en la alegría de la visión desnuda
de carne y de palabras,
en la tierra desnuda y en el cielo desnudo,
en el día desnudo y en la noche desnuda bajo los
cielos todo crecidos.
Es demasiado bella la noche de oro de muros y
banderas luminosas.
Corremos en la noche de plata bajo la noche de oro.
Tierra desnuda, tierra perfecta, cielo desnudo,
Cielo perfecto.
Voces desnudas de la voz eterna.
En la noche de oro nos llaman las acampanas,
Y oímos el vuelo de las aplomas desde la noche de
plata bajo la noche de oro.

V
En la misma belleza saborean las lunas su soledad
dichosa.
Caen todas mis muertes en el espanto
de la nada del mal de la nada irreal de la nada.
En las tinieblas puse mis manos cuajadas de llanto.
Arreó la gracia mis ojos perdonados,
y hecho he sido en lo interior de todo y nada.
He sido el que es de todo y nada en bella gracia.

XV
Ama tu alma mi alma, paz de los días, paz de las
noches nacidas en los espantos de muertes,
y en los gozos de muerte y esperanza de muerte.
Amor, Amor; Amor,
tu alma canta dolor de carne, dolor de vida, pavor
de muerte
bajo los cielos llovidos de esperanza.
Amor, Amor; Amor,
viste tu desnudez el agua capaz de las criaturas.

XVIII
Nos levanta la cruz hacia el río de los aromas.
Entre sí suben las criaturas mansas tendidas
en amor a Cristo.
Entre sí las criaturas fuertes sobre asientos
de paz
que cuidan las espadas en amor de Cristo.
Amor abre la luz, y se derraman soles y bailan los
corderos.
Tu alma canta, mi alma reza en los días cerrados,
en las noches cerradas,
en la vida cerrada, en la muerte cerrada bajo los vuelos
abiertos de los cielos.
Entre sí suben las criaturas mansa
en los asientos puros de olorosos maderos.
Amada,
afuera nos besaremos desnudos de tinieblas y pavores,
tendidos en amor de Cristo.

XXIV
Nace en mi llanto de oscuridad de todo
llanto,
oscuridad de soledad de todo llanto.
Vuelven las almas sobre mi alma de alma en alma,
de muerte en muerte.
Lloro con llanto de mi llanto
sobre mi alma de alma en alma, de muerte en muerte.
En soledad de soledad con soledad
en soledad, en todo, en soledad crecida en soledad.
Reposan los huesos en mediodías
en la soledad de mi alma desnuda en soledad.
Criatura de la quietud donde nacen soles.
Debajo del nacimiento
mi garganta solloza almas de alma en alma, de muerte
en muerte.

CANCIÓN DE LA VISIÓN REAL DE LA GRACIA
Niño, tú tienes el oído junto al amanecer
de la tierra y el cielo.
Amén el bosque, Amén el mar y Amén a las estrellas.
El signo de tus manos ata el secreto del mundo.
Amén el bosque, Amén el mar y Amén a las estrellas.
La tierra canta y el cielo, y la vida y la muerte.
Niño, tú tienes en el signo que trazan tus manos
el día y la noche, y la tierra y el cielo, y la vida y la muerte.
Amén, Amén, Amén,
niño de alba de la tierra y el cielo.

Poemas inéditos

ECLOGA
Tú, la incóndita niña,
De la incóndita flor
Y la incóndita muerte,
Constas de flor y de muerte.
Tú, la incóndita niña,
Demuestra flor y muerte.
Tú, la breve sentencia
De la lúcida muerte,
Que pones con el llanto
La incóndita flor,
Y la incóndita muerte.

RETRATO DE DOCTOR
Este aquí, seráfico leyente,
Trae la flor perfecta
Recibida en ejemplo de ser a ser,
De simples y compuestos,Y día temporal,
Unidos por el uno que nunca fue movido,
Por aquél que depura la imperfección perfecta.
Este aquí seráfico leyente,
Lleva la perfectísima, la perfección perfecta
Del color y la lumbre, del amor y la estrella.

Oliverio Girondo - Poemas

12

Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangunlan, se aprietan, se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehúyen, se evaden y se entregan.

SIESTA

Un zumbido de moscas anestesia la aldea.
El sol unta con fósforo el frente de las casas,
y en el cauce reseco de las calles que sueñan
deambula un blanco espectro vestido de caballo.

Penden de los balcones racimos de glicinas
que agravan el aliento sepulcral de los patios
al insinuar la duda de que acaso estén muertos
los hombres y los niños que duermen en el suelo.

La bondad soñolienta que trasudan las cosas
se expresa en las pupilas de un burro que trabaja
y en las ubres de madre de las cabras que pasan
con un son de cencerros que, al diluirse en la tarde,
no se sabe si aún suena o ya es sólo un recuerdo
¡Es tan real el paisaje que parece fingido!

VUELO SIN ORILLAS

Abandoné las sombras,
las espesas paredes,
los ruidos familiares,
la amistad de los libros,
el tabaco, las plumas,
los secos cielorrasos;
para salir volando,
desesperadamente.

Abajo: en la penumbra,
las amargas cornisas,
las calles desoladas,
los faroles sonámbulos,
las muertas chimeneas
los rumores cansados,
desesperadamente.

Ya todo era silencio,
simuladas catástrofes,
grandes charcos de sombra,
aguaceros, relámpagos,
vagabundos islotes
de inestable riberas;
pero seguí volando,
desesperadamente.

Un resplandor desnudo,
una luz calcinante
se interpuso en mi ruta,
me fascinó de muerte,
pero logré evadirme
de su letal influjo,
para seguir volando,
desesperadamente.

Todavía el destino
de mundos fenecidos,
desorientó mi vuelo
-de sideral constancia-
con sus vanas parábolas
y sus aureolas falsas;
pero seguí volando,
desesperadamente.

Me oprimía lo flúido,
la limpidez maciza,
el vacío escarchado,
la inaudible distancia,
la oquedad insonora,
el reposo asfixiante;
pero seguía volando,
desesperadamente.

Ya no existía nada,
la nada estaba ausente;
ni oscuridad, ni lumbre,
-ni unas manos celestes-
ni vida, ni destino,
ni misterio, ni muerte;
pero seguía volando,
desesperadamente.

¿DÓNDE?

¿Me extravié en la fiebre?
¿Detrás de las sonrisas?
¿Entre los alfileres?
¿En la duda?
¿En el rezo?
¿En medio de la herrumbre?
¿Asombrado a la angustia,
al engaño,
a lo verde?

No estaba junto al llanto,
junto a lo despiadado,
por encima del asco,
adherido a la ausencia,
mezclado a la ceniza,
al horror,
al delirio.

No estaba con mi sombra,
no estaba con mis gestos,
más allá de las normas,
más allá del misterio,
en el fondo del sueño,
del eco,
del olvido.

No estaba.
¡Estoy seguro!
No estaba.
Me he perdido.

7

La noche, navegando
como ayer,
como siempre,
por aguas de silencio,
de calma,
de misterio,
Y el campo, las ciudades,
los árboles,
lo inmóvil,
rodando por el aire,
como ayer,
como siempre,
a miles de kilómetros,
hacia el sol,
hacia el día,
para seguir de nuevo,
sin descanso,
sin tregua,
el mismo derrotero
de oscuridad,
de estrellas.

¡Qué motivo de asombro!
¡Cuánta monotonía!

VISITA

No estoy.
No la conozco.
No quiero conocerla.
Me repugna lo hueco,
La afición al misterio,
El culto a la ceniza,
A cuanto se disgrega.
Jamás he mantenido contacto con lo inerte.
Si de algo he renegado es de la indiferencia.
No aspiro a transmutarme,
Ni me tienta el reposo.
Todavía me intrigan el absurdo, la gracia.
No estoy para lo inmóvil,
Para lo inhabitado.

Cuando venga a buscarme,
Díganle:
"se ha mudado".



¡TODO ERA AMOR!

¡Todo era amor... amor!
No había nada más que amor.
En todas partes se encontraba amor.
No se podía hablar más que de amor.
Amor pasado por agua, a la vainilla,
amor al portador, amor a plazos.
Amor analizable, analizado.
Amor ultramarino.
Amor ecuestre.
Amor de cartón piedra, amor con leche...
lleno de prevenciones, de preventivos;
lleno de cortocircuitos, de cortapisas.
Amor con una gran M, con una M mayúscula,
chorreado de merengue,
cubierto de flores blancas...
Amor espermatozoico, esperantista.
Amor desinfectado, amor untuoso...
Amor con sus accesorios, con sus repuestos;
con sus faltas de puntualidad, de ortografía;
con sus interrupciones cardíacas y telefónicas.
Amor que incendia el corazón de los orangutanes,
de los bomberos.
Amor que exalta el canto de las ranas bajo las ramas,
que arranca los botones de los botines,
que se alimenta de encelo y de ensalada.
Amor impostergable y amor impuesto.
Amor incandescente y amor incauto.
Amor indeformable. Amor desnudo.
Amor amor que es, simplemente, amor.
Amor y amor... ¡y nada más que amor!



CAMPO NUESTRO

En lo alto de esas cumbres agobiantes
hallaremos laderas y peñascos,
donde yacen metales, momias de alga,
peces cristalizados;
pero jamás la extensa certidumbre
de que antes de humillarnos para siempre,
has preferido, campo, el ascetismo
de negarte a ti mismo.

Fuiste viva presencia o fiel memoria
desde mis más remota prehistoria.

Mucho antes de intimar con los palotes
mi amistad te abrazaba en cada poste.

Chapaleando en el cielo de tus charcos
me rocé con tus ranas y tus astros.

Junto con tu recuerdo se aproxima
el relente a distancia y pasto herido
con que impregnas las botas... la fatiga.

Galopar. Galopar. ¿Ritmo perdido?
hasta encontrarlo dentro de uno mismo.

Siempre volvemos, campo, de tus tardes
con un lucero humeante...
entre los labios.

Una tarde, en el mar, tú me llamaste,
pero en vez de tu escueta reciedumbre
pasaba ante la borda un campo equívoco
de andares voluptuosos y evasivos.

Me llamaste, otra vez, con voz de madre
Y en tu silencio sólo halló una vaca
junto a un charco de luna arrodillada;
arrodillada, campo, ante tu nada.

Cuando me acerco, pampa, a tu recuerdo,
te me vas, despacio, para adentro...
al trote corto, campo, al trotecito.

Aunque me ignores, campo, soy tu amigo.

Entra y descansa, campo. Desensilla.
Deja de ser eterna lejanía.

Cuanto más te repito y te repito
quisiera repetirte al infinito.

Nunca permitas, campo, que se agote
nuestra sed de horizonte y de galope.

Templa mis nervios, campo ilimitado,
al recio diapasón del alambrado.
Aquí mi soledad. Esta mi mano.
Dondequiera que vayas te acompaño.

Si no hubieras andado siempre solo
¿todavía tendrías voz de toro?

Tu soledad, tu soledad... ¡la mía!
Un sorbo tras el otro, noche y día,
como si fuera, campo, mate amargo.

A veces soledad, otras silencio,
pero ante todo, campo: padre-nuestro.



CANSANCIO

Cansado.
¡Sí!
Cansado
de usar un solo bazo,
dos labios,
veinte dedos,
no sé cuántas palabras,
no sé cuantos recuerdos,
grisáceos,
fragmentarios.

Cansado,
muy cansado
de este frío esqueleto,
tan púdico,
tan casto,
que cuando se desnude
no sabrá si es el mismo
que usé mientras vivía.

Cansado.
¡Sí!
Cansado
por carecer de antenas,
de un ojo en cada omóplato
y de una cola autentica,
alegre
desatada,
y no este rabo hipócrita,
degenerado,
enano.

Cansado,
sobre todo,
de estar siempre conmigo,
de hallarme cada día,
cuando termina el sueño,
allí, donde me encuentre,
con las mismas narices
y con las mismas piernas;
como si no deseara
esperar la rompiente con un cutis de playa,
ofrecer, al rocío, dos senos de magnolia,
acariciar la tierra con un vientre de oruga,
y vivir, unos meses, adentro de una piedra.



EJECUTORIA DEL MIASMA

Este clima de asfixia que impregna los pulmones
de una anhelante angustia de pez recién pescado.
Este hedor adhesivo y errabundo,
que intoxica la vida
y nos hunde en viscosas pesadillas de lodo.
Este miasma corrupto,
que insufla en nuestros poros
apetencias de pulpo,
deseos de vinchuca,
no surge,

ni ha surgido
de estos conglomerados de sucia hemoglobina,
cal viva,
soda cáustica,
hidrógeno,
pis úrico,
que infectan los colchones,
los techos,
las veredas,
con sus almas cariadas,
con sus gestos leprosos.
Este olor homicida
rastrero,
ineludible,
brota de otras raíces,
arranca de otras fuentes.

A través de años muertos,
de atardeceres rancios,
de sepulcros gaseosos,
de cauces subterráneos,
se ha ido aglutinando con los jugos pestíferos,
los detritus hediondos,
las corrosivas vísceras,
las esquirlas podridas que dejaron el crimen,
la idiotez purulenta,
la iniquidad sin sexo,
el gangrenoso engaño;
hasta surgir al aire,
expandirse en el viento
y tornarse corpóreo;
para abrir las ventanas,
penetrar en los cuartos,
tomarnos del cogote,
empujarnos al asco,
mientras grita su inquina,
su aversión,
su desprecio,
por todo lo que allana la actitud de las horas,
por todo lo que alivia la angustia de los días.



EL PURO NO

El No
el no inóvulo
el no nonato
el noo
el no poslodocosmos de impuros ceros noes que noan noan noan
y nooan
y plurimono noan el morbo amorfo noo
no démono
no deo
sin son sin sexo ni órbita
el yerto inóseo noo en unisolo amódulo
sin poros ya sin nódulo
ni yo ni fosa ni hoyo
el macro no ni polvo
el no más nada todo
el puro no
sin no

Cesar Vallejo - Poemas

LOS HERALDOS NEGROS

Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... ¡Yo no sé!

Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre... Pobre... ¡pobre! Vuelve los ojos,
como cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido se empoza,
como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!

BORDAS DE HIELO

Vengo a verte pasar todos los días,
vaporcito encantado siempre lejos...
¡Tus ojos son dos rubios capitanes;
tu labio es un brevísimo pañuelo
rojo que ondea en un adiós de sangre!

Vengo a verte pasar; hasta que un día,
embriagada de tiempo y de crueldad,
vaporcito encantado siempre lejos,
¡la estrella de la tarde partirá!
Las jarcias; vientos que traicionan; vientos
¡de mujer que pasó!
Tus fríos capitanes darán orden;
¡y quien habrá partido seré yo...!

SAUCE

Lirismo de invierno, rumor de crespones,
cuando ya se acerca la pronta partida;
agoreras voces de tristes canciones
que en la tarde rezan una despedida.

Visión del entierro de mis ilusiones
en la propia tumba de mortal herida.
Caridad verónica de ignotas regiones,
donde a precio de éter se pierde la vida.

Cerca de la aurora partiré llorando;
y mientras mis años se vayan curvando,
curvará guadañas mi ruta veloz.

Y ante fríos óleos de luna muriente,
con timbres de aceros en tierra indolente,
cavarán los perros, aullando, ¡un adiós!

ROMERÍA

Pasamos juntos. El sueño
lame nuestros pies qué dulce;
y todo se desplaza en pálidas
renunciaciones sin dulce.

Pasamos juntos. Las muertas
almas, las que, cual nosotros,
cruzaron por el amor,
con enfermos pasos ópalos,
salen en sus lutos rígidos
y se ondulan en nosotros.
Amada, vamos al borde
frágil de un montón de tierra.
Va en aceite ungida el ala,
y en pureza. Pero un golpe,
al caer yo no sé dónde,
afila de cada lágrima
un diente hostil.

Y un soldado, un gran soldado,
heridas por charreteras,
se anima en la tarde heroica,
y a sus pies muestra entre risas,
como una gualdrapa horrenda,
el cerebro de la Vida.

Pasamos juntos, muy juntos,
invicta Luz, paso enfermo;
pasamos juntos las lilas
mostazas de un cementerio.

YESO

Silencio. Aquí se ha hecho ya de noche,
ya tras del cementerio se fue el sol;
aquí se está llorando a mil pupilas:
no vuelvas; ya murió mi corazón.
Silencio. Aquí ya todo está vestido
de dolor riguroso; y arde apenas,
como un mal kerosene, esta pasión.

Primavera vendrá. Cantarás «Eva»
desde un minuto horizontal, desde un
hornillo en que arderán los nardos de Eros.
¡Forja allí tu perdón para el poeta,
que ha de dolerme aún,
como clavo que cierra un ataúd!

Mas... una noche de lirismo, tu
buen seno, tu mar rojo
se azotará con olas de quince años,
al ver lejos, aviado con recuerdos
mi corsario bajel, mi ingratitud.
Después, tu manzanar, tu labio dándose,
y que se aja por mí por la vez última,
y que muere sangriento de amar mucho,
como un croquis pagano de Jesús.

¡Amada! Y cantarás;
y ha de vibrar el femenino en mi alma,
como en una enlutada catedral.

MAYO

Vierte el humo doméstico en la aurora
su sabor a rastrojo;
y canta, haciendo leña, la pastora
un salvaje aleluya!
Sepia y rojo.

Humo de la cocina, aperitivo
de gesta en este bravo amanecer.
El último lucero fugitivo
lo bebe, y, ebrio ya de su dulzor,
¡oh celeste zagal trasnochador!
se duerme entre un jirón de rosicler.

Hay ciertas ganas lindas de almorzar,
y beber del arroyo, y chivatear!
Aletear con el humo allá, en la altura;
o entregarse a los vientos otoñales
en pos de alguna Ruth sagrada, pura,
que nos brinde una espiga de ternura
bajo la hebraica unción de los trigales!

Hoz al hombro calmoso,
acre el gesto brioso,
va un joven labrador a Irichugo.
Y en cada brazo que parece yugo
se encrespa el férreo jugo palpitante
que en creador esfuerzo cuotidiano
chispea, como trágico diamante,
a través de los poros de la mano
que no ha bizantinado aún el guante.
Bajo un arco que forma verde aliso,
¡oh cruzada fecunda del andrajo!

La zagala que llora
su yaraví a la aurora,
recoge ¡oh Venus pobre!
frescos leños fragantes
en sus desnudos brazos arrogantes
esculpidos en cobre.
En tanto que un becerro,
perseguido del perro,
por la cuesta bravía
corre, ofrendando al floreciente día
un himno de Virgilio en su cencerro!

Delante de la choza
el indio abuelo fuma;
y el serrano crepúsculo de rosa,
el ara primitiva se sahúma
en el gas del tabaco.
Tal surge de la entraña fabulosa
de epopéyico huaco,
mítico aroma de broncíneos lotos,
el hilo azul de los alientos rotos!

«TRILCE»

I

Quién hace tanta bulla y ni deja
Testar las islas que van quedando.

Un poco más de consideración
en cuanto será tarde, temprano,
y se aquilatará mejor
el guano, la simple calabrina tesórea
que brinda sin querer,
en el insular corazón,
salobre alcatraz, a cada hialóidea
grupada.
Un poco más de consideración,
y el mantillo líquido, seis de la tarde
de los más soberbios bemoles.

Y la península párase
por la espalda, abozaleada, impertérrita
en la línea mortal del equilibrio.

II

Tiempo Tiempo.

Mediodía estancado entre relentes.
Bomba aburrida del cuartel achica
tiempo tiempo tiempo tiempo.

Era Era.

Gallos cancionan escarbando en vano.
Boca del claro día que conjuga
era era era era.

Mañana Mañana.

El reposo caliente aún de ser.
Piensa el presente guárdame para
mañana mañana mañana mañana

Nombre Nombre.

¿Qué se llama cuanto heriza nos?
Se llama Lomismo que padece
nombre nombre nombre nombrE.

IX

Vusco volvvver de golpe el golpe.
Sus dos hojas anchas, su válvula
que se abre en suculenta recepción
de multiplicando a multiplicador,
su condición excelente para el placer,
todo avía verdad.

Busco volvver de golpe el golpe.
A su halago, enveto bolivarianas fragosidades
a treintidós cables y sus múltiples,
se arrequintan pelo por pelo
soberanos belfos, los dos tomos de la Obra,
y no vivo entonces ausencia,
ni al tacto.

Fallo bolver de golpe el golpe.
No ensillaremos jamás el toroso Vaveo
de egoísmo y de aquel ludir mortal
de sábana,
desque la mujer esta
¡cuánto pesa de general!

Y hembra es el alma de la ausente.
Y hembra es el alma mía.

X

Prístina y última piedra de infundada
ventura, acaba de morir
con alma y todo, octubre habitación y encinta.
De tres meses de ausente y diez de dulce.
Cómo el destino,
mitrado monodáctilo, ríe.

Cómo detrás desahucian juntas
de contrarios. Cómo siempre asoma el guarismo
bajo la línea de todo avatar.

Cómo escotan las ballenas a palomas.
Cómo a su vez éstas dejan el pico
cubicado en tercera ala.
Cómo arzonamos, cara a monótonas ancas.

Se remolca diez meses hacia la decena,
hacia otro más allá.
Dos quedan por lo menos todavía en pañales.
Y los tres meses de ausencia.
Y los nueve de gestación.

No hay ni una violencia.
El paciente incorpórase,
y sentado empavona tranquilas misturas.

XVIII

Oh las cuatro paredes de la celda.
Ah las cuatro paredes albicantes
que sin remedio dan al mismo número.

Criadero de nervios, mala brecha,
por sus cuatro rincones cómo arranca
las diarias aherrojadas extremidades.

Amorosa llavera de innumerables llaves,
si estuvieras aquí, si vieras hasta
qué hora son cuatro estas paredes.
Contra ellas seríamos contigo, los dos,
más dos que nunca. Y ni lloraras,
di, libertadora!

Ah las paredes de la celda.
De ellas me duele entretanto, más
las dos largas que tienen esta noche
algo de madres que ya muertas
llevan por bromurados declives,
a un niño de la mano cada una.

Y sólo yo me voy quedando,
con la diestra, que hace por ambas manos,
en alto, en busca de terciario brazo
que ha de pupilar, entre mi dónde y mi cuándo,
esta mayoría inválida de hombre.

XXVIII

He almorzado solo ahora, y no he tenido
madre, ni súplica, ni sírvete, ni agua,
ni padre que, en el facundo ofertorio
de los choclos, pregunte para su tardanza
de imagen, por los broches mayores del sonido.

Cómo iba yo a almorzar. Cómo me iba a servir
de tales platos distantes esas cosas,
cuando habráse quebrado el propio hogar,
cuando no asoma ni madre a los labios.
Cómo iba yo a almorzar nonada.

A la mesa de un buen amigo he almorzado
con su padre recién llegado del mundo,
con sus canas tías que hablan
en tordillo retinte de porcelana,
bisbiseando por todos sus viudos alvéolos;
y con cubiertos francos de alegres tiroriros,
porque estánse en su casa. Así, ¡qué gracia!
Y me han dolido los cuchillos
de esta mesa en todo el paladar.

El yantar de estas mesas así, en que se prueba
amor ajeno en vez del propio amor,
torna tierra el brocado que no brinda la
MADRE,
hace golpe la dura deglución; el dulce,
hiel; aceite funéreo, el café.

Cuando ya se ha quebrado el propio hogar,
y el sírvete materno no sale de la
tumba,
la cocina a oscuras, la miseria de amor.

LXV

Madre, me voy mañana a Santiago,
a mojarme en tu bendición y en tu llanto.
Acomodando estoy mis desengaños y el rosado
de llaga de mis falsos trajines.

Me esperará tu arco de asombro,
las tonsuradas columnas de tus ansias
que se acaban la vida. Me esperará el patio,
el corredor de abajo con sus tondos y repulgos
de fiesta. Me esperará mi sillón ayo,
aquel buen quijarudo trasto de dinástico
cuero, que para no más rezongando a las nalgas
tataranietas, de correa a correhuela.

Estoy cribando mis cariños más puros.
Estoy ejeando ¿no oyes jadear la sonda?
¿no oyes tascar dianas?
estoy plasmando tu fórmula de amor
para todos los huecos de este suelo.
Oh si se dispusieran los tácitos volantes
para todas las cintas más distantes,
para todas las citas más distintas.

Así, muerta inmortal. Así.
Bajo los dobles arcos de tu sangre, por donde
hay que pasar tan de puntillas, que hasta mi padre
para ir por allí,
humildóse hasta menos de la mitad del hombre,
hasta ser el primer pequeño que tuviste.

Así, muerta inmortal.
Entre la columnata de tus huesos
que no puede caer ni a lloros,
y a cuyo lado ni el destino pudo entrometer
ni un solo dedo suyo.

Así, muerta inmortal.
Así.

Y SI DESPUÉS DE TANTAS PALABRAS...

¡Y si después de tantas palabras,
no sobrevive la palabra!
¡Si después de las alas de los pájaros,
no sobrevive el pájaro parado!
¡Más valdría, en verdad,
que se lo coman todo y acabemos!

¡Haber nacido para vivir de nuestra muerte!
¡Levantarse del cielo hacia la tierra
por sus propios desastres
y espiar el momento de apagar con su sombra su tiniebla!
¡Más valdría, francamente,
que se lo coman todo y qué más da...!

¡Y si después de tanta historia, sucumbimos,
no ya de eternidad,
sino de esas cosas sencillas, como estar
en la casa o ponerse a cavilar!
¡Y si luego encontramos,
de buenas a primeras, que vivimos,
a juzgar por la altura de los astros,
por el peine y las manchas del pañuelo!
¡Más valdría, en verdad,
que se lo coman todo, desde luego!

Se dirá que tenemos
en uno de los ojos mucha pena
y también en el otro, mucha pena
y en los dos, cuando miran, mucha pena...
Entonces... ¡Claro!... Entonces... ¡ni palabra!

LOS MINEROS SALIERON DE LA MINA

Los mineros salieron de la mina
remontando sus ruinas venideras,
fajaron su salud con estampidos
y, elaborando su función mental
cerraron con sus voces
el socavón, en forma de síntoma profundo.

¡Era de ver sus polvos corrosivos!
¡Era de oír sus óxidos de altura!
Cuñas de boca, yunques de boca, aparatos de boca (¡Es formidable!)

El orden de sus túmulos,
sus inducciones plásticas, sus respuestas corales,
agolpáronse al pie de ígneos percances
y airente amarillura conocieron los trístidos y tristes,
imbuidos
del metal que se acaba, del metaloide pálido y pequeño.

Craneados de labor,
y calzados de cuero de vizcacha,
calzados de senderos infinitos,
y los ojos de físico llorar,
creadores de la profundidad,
saben, a cielo intermitente de escalera,
bajar mirando para arriba,
saben subir mirando para abajo.

¡Loor al antiguo juego de su naturaleza,
a sus insomnes órganos, a su saliva rústica!
¡Temple, filo y punta, a sus pestañas!
¡Crezcan la yerba, el liquen y la rana en sus adverbios!
¡Felpa de hierro a sus nupciales sábanas!
¡Mujeres hasta abajo, sus mujeres!
¡Mucha felicidad para los suyos!
¡Son algo portentoso, los mineros
remontando sus ruinas venideras,
elaborando su función mental
y abriendo con sus voces
el socavón, en forma de síntoma profundo!
¡Loor a su naturaleza amarillenta,
a su linterna mágica,
a sus cubos y rombos, a sus percances plásticos,
a sus ojazos de seis nervios ópticos
y a sus hijos que juegan en la iglesia
y a sus tácitos padres infantiles!
¡Salud, oh creadores de la profundidad...! (Es formidable.)

ABSOLUTA

Color de ropa antigua. Un julio a sombra,
y un agosto recién segado. Y una
mano de agua que injertó en el pino
resinoso de un tedio malas frutas.

Ahora que has anclado, oscura ropa,
tornas rociada de un suntuoso olor
a tiempo, a abreviación... Y he cantado
el proclive festín que se volcó.

Mas ¿no puedes, Señor, contra la muerte,
contra el límite, contra lo que acaba?
¡Ay, la llaga en color de ropa antigua,
cómo se entreabre y huele a miel quemada!

¡Oh unidad excelsa! ¡Oh lo que es uno por todos!
¡Amor contra el espacio y contra el tiempo!
Un latido único de corazón;
un solo ritmo: ¡Dios!

Y al encogerse de hombros los linderos
en un bronco desdén irreductible,
hay un riego de sierpes
en la doncella plenitud del 1.
¡Una arruga, una sombra!

LOS PASOS LEJANOS

Mi padre duerme. Su semblante augusto
figura un apacible corazón;
está ahora tan dulce...
si hay algo en él de amargo, seré yo.

Hay soledad en el hogar; se reza;
y no hay noticias de los hijos hoy.
Mi padre se despierta, ausculta
la huida a Egipto, el restañante adiós.

Está ahora tan cerca;
si hay algo en él de lejos, seré yo.
Y mi madre pasea allá en los huertos,
saboreando un sabor ya sin sabor.
Está ahora tan suave,
tan ala, tan salida, tan amor.

Hay soledad en el hogar sin bulla,
sin noticias, sin verde, sin niñez.
Y si hay algo quebrado en esta tarde,
y que baja y que cruje,
son dos viejos caminos blancos, curvos.
Por ellos va mi corazón a pie.

ENTRE EL DOLOR Y EL PLACER MEDIAN TRES CRIATURAS...

Entre el dolor y el placer median tres criaturas,
de las cuales la una mira a un muro,
la segunda usa de ánimo triste
y la tercera avanza de puntillas;
pero, entre tú y yo,
sólo existen segundas criaturas.
Apoyándose en mi frente, el día
conviene en que, de veras,
hay mucho de exacto en el espacio;
pero, si la dicha, que, al fin, tiene un tamaño,
principia ¡ay! por mi boca,
¿quién me preguntará por mi palabra?

Al sentido instantáneo de la eternidad
corresponde
este encuentro investido de hilo negro,
pero a tu despedida temporal,
tan sólo corresponde lo inmutable,
tu criatura, el alma, mi palabra.
(Poemas humanos, París, 1939)

LOS DADOS ETERNOS

Para Manuel González Prada, esta
emoción bravía y selecta, una de las
que, con más entusiasmo, me ha aplau-
dido el gran maestro.

Dios mío, estoy llorando el ser que vivo;
me pesa haber tomádote tu pan;
pero este pobre barro pensativo
no es costra fermentada en tu costado:
¡tú no tienes Marías que se van!

Dios mío, si tú hubieras sido hombre,
hoy supieras ser Dios;
pero tú, que estuviste siempre bien,
no sientes nada de tu creación.
¡Y el hombre sí te sufre: el Dios es él!

Hoy que en mis ojos brujos hay candelas,
como en un condenado,
Dios mío, prenderás todas tus velas,
y jugaremos con el viejo dado.
Tal vez ¡oh jugador! al dar la suerte
del universo todo,
surgirán las ojeras de la Muerte,
como dos ases fúnebres de lodo.

Dios míos, y esta noche sorda, obscura,
ya no podrás jugar, porque la Tierra
es un dado roído y ya redondo
a fuerza de rodar a la aventura,
que no puede parar sino en un hueco,
en el hueco de inmensa sepultura.

DESHOJACION SAGRADA

Luna! Corona de una testa inmensa,
que te vas deshojando en sombras gualdas!
Roja corona de un Jesús que piensa
trágicamente dulce de esmeraldas!

Luna! Alocado corazón celeste
¿por qué bogas así, dentro de copa
llena de vino azul, hacia el oeste,
cual derrotada y dolorida popa?

Luna! Y a fuerza de volar en vano,
te holocaustas en ópalos dispersos:
tú eres talvez mi corazón gitano
que vaga en el azul llorando versos!...

PIEDRA NEGRA SOBRE UNA PIEDRA BLANCA

Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París -y no me corro-
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.

Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
estos versos, los húmeros me he puesto
a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,
con todo mi camino, a verme solo.

César Vallejo ha muerto, le pegaban
todos sin que él les haga nada;
le daban duro con un palo y duro

también con una soga; son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los caminos...

EPISTOLA A LOS TRANSEUNTES

REANUDO mi día de conejo
mi noche de elefante en descanso.

Y, entre mi, digo:
ésta es mi inmensidad en bruto, a cántaros
éste es mi grato peso,
que me buscará abajo para pájaro
éste es mi brazo
que por su cuenta rehusó ser ala,
éstas son mis sagradas escrituras,
éstos mis alarmados campeñones.

Lúgubre isla me alumbrará continental,
mientras el capitolio se apoye en mi íntimo derrumbe
y la asamblea en lanzas clausure mi desfile.

Pero cuando yo muera
de vida y no de tiempo,
cuando lleguen a dos mis dos maletas,
éste ha de ser mi estómago en que cupo mi lámpara en pedazos,
ésta aquella cabeza que expió los tormentos del círculo en mis pasos,
éstos esos gusanos que el corazón contó por unidades,
éste ha de ser mi cuerpo solidario
por el que vela el alma individual; éste ha de ser
mi ombligo en que maté mis piojos natos,
ésta mi cosa cosa, mi cosa tremebunda.

En tanto, convulsiva, ásperamente
convalece mi freno,
sufriendo como sufro del lenguaje directo del león;
y, puesto que he existido entre dos potestades de ladrillo,
convalezco yo mismo, sonriendo de mis labios.

LA RUEDA DEL HAMBRIENTO

POR entre mis propios dientes salgo humeando,
dando voces, pujando,
bajándome los pantalones...
Váca mi estómago, váca mi yeyuno,
la miseria me saca por entre mis propios dientes,
cogido con un palito por el puño de la camisa.

Una piedra en que sentarme
¿no habrá ahora para mí?
Aún aquella piedra en que tropieza la mujer que ha dado a luz,
la madre del cordero, la causa, la raíz,
¿ésa no habrá ahora para mí?
¡Siquiera aquella otra,
que ha pasado agachándose por mi alma!
Siquiera
la calcárida o la mala (humilde océano)
o la que ya no sirve ni para ser tirada contra el hombre
ésa dádmela ahora para mí!

Siquiera la que hallaren atravesada y sola en un insulto,
ésa dádmela ahora para mí!
Siquiera la torcida y coronada, en que resuena
solamente una vez el andar de las rectas conciencias,
o, al menos, esa otra, que arrojada en digna curva,
va a caer por sí misma,
en profesión de entraña verdadera,
¡ésa dádmela ahora para mí!

Un pedazo de pan, tampoco habrá para mí?
Ya no más he de ser lo que siempre he de ser,
pero dadme
una piedra en que sentarme,
pero dadme,
por favor, un pedazo de pan en que sentarme,
pero dadme
en español
algo, en fin, de beber, de comer, de vivir, de reposarse
y después me iré...
Halló una extraña forma, está muy rota
y sucia mi camisa
y ya no tengo nada, esto es horrendo.

¡CUÍDATE, ESPAÑA...!

¡Cuídate, España, de tu propia España!
¡Cuídate de la hoz sin el martillo,
cuídate del martillo sin la hoz!
¡Cuídate de la víctima a pesar suyo,
del verdugo a pesar suyo
y del indiferente a pesar suyo!
¡Cuídate del que, antes de que cante el gallo,
negárate tres veces,
y del que te negó, después, tres veces!
¡Cuídate de las calaveras sin las tibias,
y de las tibias sin las calaveras!
¡Cuídate de los nuevos poderosos!
¡Cuídate del que come tus cadáveres,
del que devora muertos a tus vivos!
¡Cuídate del leal ciento por ciento!
¡Cuídate del cielo más acá del aire
y cuídate del aire más allá del cielo!
¡Cuídate de los que te aman!
¡Cuídate de tus héroes!
¡Cuídate de tus muertos!
¡Cuídate de la República!
¡Cuídate del futuro!…

ESPAÑA, APARTA DE MI ESTE CALIZ

Niños del mundo,
si cae España -digo, es un decir-
si cae
del cielo abajo su antebrazo que asen,
en cabestro, dos láminas terrestres;
niños, ¡qué edad la de las sienes cóncavas!
¡qué temprano en el sol lo que os decía!
¡qué pronto en vuestro pecho el ruido anciano!
¡qué viejo vuestro 2 en el cuaderno!

¡Niños del mundo, está
la madre España con su vientre a cuestas;
está nuestra maestra con sus férulas,
está madre y maestra,
cruz y madera, porque os dio la altura,
vértigo y división y suma, niños;
está con ella, padres procesales!

Si cae -digo, es un decir- si cae
España, de la tierra para abajo,
niños, ¡cómo vais a cesar de crecer!
¡cómo va a castigar el año al mes!
¡cómo van a quedarse en diez los dientes,
en palote el diptongo, la medalla en llanto!
¡Cómo va el corderillo a continuar
atado por la pata al gran tintero!
¡Cómo vais a bajar las gradas del alfabeto
hasta la letra en que nació la pena!

Niños,
hijos de los guerreros, entre tanto,
bajad la voz, que España está ahora mismo repartiendo
la energía entre el reino animal,
las florecillas, los cometas y los hombres.
¡Bajad la voz, que esta
con su rigor, que es grande, sin saber
qué hacer, y está en su mano
la calavera hablando y habla y habla,
la calavera, aquélla de la trenza,
la calavera, aquélla de la vida!

¡Bajad la voz, os digo;
bajad la voz, el canto de las sílabas, el llanto
de la materia y el rumor menor de las pirámides, y aún
el de las sienes que andan con dos piedras!
¡Bajad el aliento, y si
el antebrazo baja,
si las férulas suenan, si es la noche,
si el cielo cabe en dos limbos terrestres,
si hay ruido en el sonido de las puertas,
si tardo,
si no veis a nadie, si os asustan
los lápices sin punta, si la madre
España cae -digo, es un decir-
salid, niños del mundo; id a buscarla!...

HIMNO A LOS VOLUNTARIOS DE LA REPUBLICA

Voluntario de España, miliciano
de huesos fidedignos, cuando marcha a morir tu corazón,
cuando marcha a matar con su agonía
mundial, no sé verdaderamente
qué hacer, dónde ponerme; corro, escribo, aplaudo,
lloro, atisbo, destrozo, apagan, digo
a mi pecho que acabe, al que bien, que venga,
y quiero desgraciarme;
descúbrome la frente impersonal hasta tocar
el vaso de la sangre, me detengo,
detienen mi tamaño esas famosas caídas de arquitecto
con las que se honra el animal que me honra;
refluyen mis instintos a sus sogas,
humea ante mi tumba la alegría
y, otra vez, sin saber qué hacer, sin nada, déjame,
desde mi piedra en blanco, déjame,
solo,
cuadrumano, más acá, mucho más lejos,
al no caber entre mis manos tu largo rato extático,
quiebro con tu rapidez de doble filo
mi pequeñez en traje de grandeza!

Un día diurno, claro, atento, fértil
¡oh bienio, el de los lóbregos semestres suplicantes,
por el que iba la pólvora mordiéndose los codos!
¡oh dura pena y más duros pedernales!
!oh frenos los tascados por el pueblo!
Un día prendió el pueblo su fósforo cautivo, oró de cólera
y soberanamente pleno, circular,
cerró su natalicio con manos electivas;
arrastraban candado ya los déspotas
y en el candado, sus bacterias muertas...

¿Batallas? ¡No! Pasiones. Y pasiones precedidas
de dolores con rejas de esperanzas,
de dolores de pueblos con esperanzas de hombres!
¡Muerte y pasión de paz, las populares!

¡Muerte y pasión guerreras entre olivos, entendámonos!
Tal en tu aliento cambian de agujas atmosféricas los vientos
y de llave las tumbas en tu pecho,
tu frontal elevándose a primera potencia de martirio.

El mundo exclama: "¡Cosas de españoles!" Y es verdad.
Consideremos,
durante una balanza, a quemarropa,
a Calderón, dormido sobre la cola de un anfibio muerto
o a Cervantes, diciendo: "Mi reino es de este mundo, pero
también del otro": ¡punta y filo en dos papeles!
Contemplemos a Goya, de hinojos y rezando ante un espejo,
a Coll, el paladín en cuyo asalto cartesiano
tuvo un sudor de nube el paso llano
o a Quevedo, ese abuelo instantáneo de los dinamiteros
o a Cajal, devorado por su pequeño infinito, o todavía
a Teresa, mujer que muere porque no muere
o a Lina Odena, en pugna en más de un punto con Teresa...
(Todo acto o voz genial viene del pueblo
y va hacia él, de frente o transmitidos
por incesantes briznas, por el humo rosado
de amargas contraseñas sin fortuna)
Así tu criatura, miliciano, así tu exangüe criatura,
agitada por una piedra inmóvil,
se sacrifica, apártase,
decae para arriba y por su llama incombustible sube,
sube hasta los débiles,
distribuyendo españas a los toros,
toros a las palomas...

Proletario que mueres de universo, ¡en qué frenética armonía
acabará tu grandeza, tu miseria, tu vorágine impelente,
tu violencia metódica, tu caos teórico y práctico, tu gana
dantesca, españolísima, de amar, aunque sea a traición,
a tu enemigo!

¡Liberador ceñido de grilletes,
sin cuyo esfuerzo hasta hoy continuaría sin asas la extensión,
vagarían acéfalos los clavos,
antiguo, lento, colorado, el día,
nuestros amados cascos, insepultos!
¡Campesino caído con tu verde follaje por el hombre,
con la inflexión social de tu meñique,
con tu buey que se queda, con tu física,
también con tu palabra atada a un palo
y tu cielo arrendado
y con la arcilla inserta en tu cansancio
y la que estaba en tu uña, caminando!
¡Constructores
agrícolas, civiles y guerreros,
de la activa, hormigueante eternidad: estaba escrito
que vosotros haríais la luz, entornando
con la muerte vuestros ojos;
que, a la caída cruel de vuestras bocas,
vendrá en siete bandejas la abundancia, todo
en el mundo será de oro súbito
y el oro,
fabulosos mendigos de vuestra propia secreción de sangre,
y el oro mismo será entonces de oro!

¡Se amarán todos los hombres
y comerán tomados de las puntas de vuestros pañuelos tristes
y beberán en nombre
de vuestras gargantas infaustas!
Descansarán andando al pie de esta carrera,
sollozarán pensando en vuestras órbitas, venturosos
serán y al son
de vuestro atroz retorno, florecido, innato,
ajustarán mañana sus quehaceres, sus figuras soñadas y cantadas!

¡Unos mismos zapatos irán bien al que asciende
sin vías a su cuerpo
y al que baja hasta la forma de su alma!
¡Entrelazándose hablarán los mudos, los tullidos andarán!
¡Verán, ya de regreso, los ciegos
y palpitando escucharán los sordos!
¡Sabrán los ignorantes, ignorarán los sabios!
¡Serán dados los besos que no pudisteis dar!
¡Sólo la muerte morirá! ¡La hormiga
traerá pedacitos de pan al elefante encadenado
a su brutal delicadeza; volverán
los niños abortados a nacer perfectos, espaciales
y trabajarán todos los hombres,
engendrarán todos los hombres,
comprenderán todos los hombres!

¡Obrero, salvador, redentor nuestro,
perdónanos, hermano, nuestras deudas!
Como dice un tambor al redoblar, en sus adagios:
qué jamás tan efímero, tu espalda!
qué siempre tan cambiante, tu perfil!

¡Voluntario italiano, entre cuyos animales de batalla
un león abisinio va cojeando!
¡Voluntario soviético, marchando a la cabeza de tu pecho universal!
¡Voluntarios del sur, del norte, del oriente
y tú, el occidental, cerrando el canto fúnebre del alba!
¡Soldado conocido, cuyo nombre
desfila en el sonido de un abrazo!
¡Combatiente que la tierra criara, armándote
de polvo,
calzándote de imanes positivos,
vigentes tus creencias personales,
distinto de carácter, íntima tu férula,
el cutis inmediato,
andándote tu idioma por los hombros
y el alma coronada de guijarros!
¡Voluntario fajado de tu zona fría,
templada o tórrida,
héroes a la redonda,
víctima en columna de vencedores:
en España, en Madrid, están llamando
a matar, voluntarios de la vida!

¡Porque en España matan, otros matan
al niño, a su juguete que se para,
a la madre Rosenda esplendorosa,
al viejo Adán que hablaba en alta voz con su caballo
y al perro que dormía en la escalera.
Matan al libro, tiran a sus verbos auxiliares,
a su indefensa página primera!
Matan el caso exacto de la estatua,
al sabio, a su bastón, a su colega,
al barbero de al lado -me cortó posiblemente,
pero buen hombre y, luego, infortunado;
al mendigo que ayer cantaba enfrente,
a la enfermera que hoy pasó llorando,
al sacerdote a cuestas con la altura tenaz de sus rodillas...

¡Voluntarios,
por la vida, por los buenos, matad
a la muerte, matad a los malos!
¡Hacedlo por la libertad de todos,
del explotado, del explotador,
por la paz indolora -la sospecho
cuando duermo al pie de mi frente
y más cuando circulo dando voces-
y hacedlo, voy diciendo,
por el analfabeto a quien escribo,
por el genio descalzo y su cordero,
por los camaradas caídos,
sus cenizas abrazadas al cadáver de un camino!

Para que vosotros,
voluntarios de España y del mundo, vinierais,
soñé que era yo bueno, y era para ver
vuestra sangre, voluntarios...
De esto hace mucho pecho, muchas ansias,
muchos camellos en edad de orar.
Marcha hoy de vuestra parte el bien ardiendo,
os siguen con cariño los reptiles de pestaña inmanente
y, a dos pasos, a uno,
la dirección del agua que corre a ver su límite antes que arda.

DONDE NUNCA LLEGAREMOS

Donde, aún sin nuestro pie
llegase a dar por un instante
será, en verdad, como no estarse.

Es ese un sitio que se ve
a cada rato en esta vida,
andando, andando de uno en fila.

Más acá de mí mismo y de
mi par de yemas, lo he entrevisto
siempre lejos de los destinos.

Ya podéis iros a pie
o a puro sentimiento en pelo,
que a él no arriban ni los sellos.

El horizonte color té
se muere por colonizarle
para su gran Cualquieraparte.

Mas el lugar que yo me sé,
en este mundo, nada menos,
hombreado va con los reversos.

-Cerrad aquella puerta que
está entreabierta en las entrañas
de ese espejo. -¿Esta? - No; su hermana.

-No se puede cerrar. No se
puede llegar nunca a aquel sitio
-do van en rama los pestillos.

Tal es el lugar que yo me sé.

¿QUIÉN HACE TANTA BULLA?

I

Quién hace tanta bulla, y ni deja
testar las islas que van quedando.

Un poco más de consideración
en cuanto será tarde, temprano
y se aquilatará mejor
el guano, la simple calabrina tesórea
que brinda sin querer,
en el insular corazón,
salobre alcatraz, a cada hialóidea
grupada.

Un poco más de consideración,
y el mantillo líquido, seis de la tarde
DE LOS MÁS SOBERBIOS BEMOLES

Y la península párase
por la espalda, abozalada, impertérrita
en la línea mortal del equilibrio.

TIEMPO, TIEMPO

II

Tiempo Tiempo.

Mediodía estancado entre relentes.
Bomba aburrida del cuartel achica
tiempo tiempo tiempo tiempo.

Era Era.

Gallos cancionan escarbando en vano.
Boca del claro día que conjuga
era era era era.

Mañana Mañana.

El reposo caliente aun de ser.
Piensa el presente guárdame para
mañana mañana mañana mañana.

Nombre Nombre.

¿Qué se llama cuanto heriza nos?
Se llama Lomismo que padece
nombre nombre nombre nombre.

LOS NUEVE MONSTRUOS

I, desgraciadamente,
el dolor crece en el mundo a cada rato,
crece a treinta minutos por segundo, paso a paso,
y la naturaleza del dolor, es el dolor dos veces
y la condición del martirio, carnívora voraz,
es el dolor dos veces
y la función de la yerba purísima, el dolor
dos veces
y el bien de ser, dolernos doblemente.

Jamás, hombres humanos,
hubo tanto dolor en el pecho, en la solapa, en la cartera,
en el vaso, en la carnicería, en la aritmética!
Jamás tanto cariño doloroso,
jamás tan cerca arremetió lo lejos,
jamás el fuego nunca
jugó mejor su rol de frío muerto!
Jamás, señor ministro de salud, fue la salud
más mortal
y la migraña extrajo tanta frente de la frente!
Y el mueble tuvo en su cajón, dolor,
el corazón, en su cajón, dolor,
la lagartija, en su cajón, dolor.

Crece la desdicha, hermanos hombres,
más pronto que la máquina, a diez máquinas, y crece
con la res de Rousseau, con nuestras barbas;
crece el mal por razones que ignoramos
y es una inundación con propios líquidos,
con propio barro y propia nube sólida!
Invierte el sufrimiento posiciones, da función
en que el humor acuoso es vertical
al pavimento,
el ojo es visto y esta oreja oída,
y esta oreja da nueve campanadas a la hora
del rayo, y nueve carcajadas
a la hora del trigo, y nueve sones hembras
a la hora del llanto, y nueve cánticos
a la hora del hambre y nueve truenos
y nueve látigos, menos un grito.

El dolor nos agarra, hermanos hombres,
por detrás de perfil,
y nos aloca en los cinemas,
nos clava en los gramófonos,
nos desclava en los lechos, cae perpendicularmente
a nuestros boletos, a nuestras cartas;
y es muy grave sufrir, puede uno orar…
Pues de resultas
del dolor, hay algunos
que nacen, otros crecen, otros mueren,
y otros que nacen y no mueren, otros
que sin haber nacido, mueren, y otros
que no nacen ni mueren (son los más)
Y también de resultas
del sufrimiento, estoy triste
hasta la cabeza, y más triste hasta el tobillo,
de ver al pan, crucificado, al nabo,
ensangrentado,
llorando, a la cebolla,
al cereal, en general, harina,
a la sal, hecha polvo, al agua, huyendo,
al vino, un ecce-homo,
tan pálida a la nieve, al sol tan ardio!
¡Cómo, hermanos humanos,
no deciros que ya no puedo y
ya no puedo con tanto cajón,
tanto minuto, tanta
lagartija y tanta
inversión, tanto lejos y tanta sed de sed!
Señor Ministro de Salud; ¿qué hacer?
!Ah! desgraciadamente, hombres humanos,
hay, hermanos, muchísimo que hacer.

MASA

Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: «No mueras, te amo tanto!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Se le acercaron dos y repitiéronle:
«No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando: «Tanto amor, y no poder nada contra la muerte!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: «¡Quédate hermano!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Entonces, todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a andar.

Espergesia

Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Todos saben que vivo,
que soy malo; y no saben
del diciembre de ese enero.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Hay un vacío
en mi aire metafísico
que nadie ha de palpar:
el claustro de un silencio
que habló a flor de fuego.

Yo nací un día
que Díos estuvo enfermo.

Hermano, escucha, escucha...
Bueno. Y que no me vaya
sin llevar diciembres,
sin dejar eneros.

Pues yo nací un día
que Díos estuvo enfermo.

Todos saben que vivo,
que mastico... Y no saben
por qué en mi verso chirrían,
oscuro sinsabor de féretro,
luyidos vientos
desenroscados de la Esfinge
preguntona del Desierto.
Todos saben... Y no saben
que la luz es tísica,
y la Sombra gorda...
Y no saben que el Misterio sintetiza...
que él es la joroba
musical y triste que a distancia denuncia
el paso meridiano de las lindes a las Lindes.

Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo,
grave.

Octavio Paz - Piedra de Sol y otros poemas

PIEDRA DE SOL

un sauce de cristal, un chopo de agua,
un alto surtidor que el viento arquea,
un árbol bien plantado mas danzante,
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre:
un caminar tranquilo
de estrella o primavera sin premura,
agua que con los párpados cerrados
mana toda la noche profecías,
unánime presencia en oleaje,
ola tras ola hasta cubrirlo todo,
verde soberanía sin ocaso
como el deslumbramiento de las alas
cuando se abren en mitad del cielo,

un caminar entre las espesuras
de los días futuros y el aciago
fulgor de la desdicha como un ave
petrificando el bosque con su canto
y las felicidades inminentes
entre las ramas que se desvanecen,
horas de luz que pican ya los pájaros,
presagios que se escapan de la mano,

una presencia como un canto súbito,
como el viento cantando en el incendio,
una mirada que sostiene en vilo
al mundo con sus mares y sus montes,
cuerpo de luz filtrado por un ágata,
piernas de luz, vientre de luz, bahías,
roca solar, cuerpo color de nube,
color de día rápido que salta,
la hora centellea y tiene cuerpo,
el mundo ya es visible por tu cuerpo,
es transparente por tu transparencia,

voy entre galerías de sonidos,
fluyo entre las presencias resonantes,
voy por las transparencias como un ciego,
un reflejo me borra, nazco en otro,
oh bosque de pilares encantados,
bajo los arcos de la luz penetro
los corredores de un otoño diáfano,

voy por tu cuerpo como por el mundo,
tu vientre es una plaza soleada,
tus pechos dos iglesias donde oficia
la sangre sus misterios paralelos,
mis miradas te cubren como yedra,
eres una ciudad que el mar asedia,
una muralla que la luz divide
en dos mitades de color durazno,
un paraje de sal, rocas y pájaros
bajo la ley del mediodía absorto,

vestida del color de mis deseos
como mi pensamiento vas desnuda,
voy por tus ojos como por el agua,
los tigres beben sueño de esos ojos,
el colibrí se quema en esas llamas,
voy por tu frente como por la luna,
como la nube por tu pensamiento,
voy por tu vientre como por tus sueños,

tu falda de maíz ondula y canta,
tu falda de cristal, tu falda de agua,
tus labios, tus cabellos, tus miradas,
toda la noche llueves, todo el día
abres mi pecho con tus dedos de agua,
cierras mis ojos con tu boca de agua,
sobre mis huesos llueves, en mi pecho
hunde raíces de agua un árbol líquido,

voy por tu talle como por un río,
voy por tu cuerpo como por un bosque,
como por un sendero en la montaña
que en un abismo brusco se termina
voy por tus pensamientos afilados
y a la salida de tu blanca frente
mi sombra despeñada se destroza,
recojo mis fragmentos uno a uno
y prosigo sin cuerpo, busco a tientas,

corredores sin fin de la memoria,
puertas abiertas a un salón vacío
donde se pudren todos lo veranos,
las joyas de la sed arden al fondo,
rostro desvanecido al recordarlo,
mano que se deshace si la toco,
cabelleras de arañas en tumulto
sobre sonrisas de hace muchos años,

a la salida de mi frente busco,
busco sin encontrar, busco un instante,
un rostro de relámpago y tormenta
corriendo entre los árboles nocturnos,
rostro de lluvia en un jardín a obscuras,
agua tenaz que fluye a mi costado,

busco sin encontrar, escribo a solas,
no hay nadie, cae el día, cae el año,
caigo en el instante, caigo al fondo,
invisible camino sobre espejos
que repiten mi imagen destrozada,
piso días, instantes caminados,
piso los pensamientos de mi sombra,
piso mi sombra en busca de un instante,

busco una fecha viva como un pájaro,
busco el sol de las cinco de la tarde
templado por los muros de tezontle:
la hora maduraba sus racimos
y al abrirse salían las muchachas
de su entraña rosada y se esparcían
por los patios de piedra del colegio,
alta como el otoño caminaba
envuelta por la luz bajo la arcada
y el espacio al ceñirla la vestía
de un piel más dorada y transparente,

tigre color de luz, pardo venado
por los alrededores de la noche,
entrevista muchacha reclinada
en los balcones verdes de la lluvia,
adolescente rostro innumerable,
he olvidado tu nombre, Melusina,
Laura, Isabel, Perséfona, María,
tienes todos los rostros y ninguno,
eres todas las horas y ninguna,
te pareces al árbol y a la nube,
eres todos los pájaros y un astro,
te pareces al filo de la espada
y a la copa de sangre del verdugo,
yedra que avanza, envuelve y desarraiga
al alma y la divide de sí misma,
escritura de fuego sobre el jade,
grieta en la roca, reina de serpientes,
columna de vapor, fuente en la peña,
circo lunar, peñasco de las águilas,
grano de anís, espina diminuta
y mortal que da penas inmortales,
pastora de los valles submarinos
y guardiana del valle de los muertos,
liana que cuelga del cantil del vértigo,
enredadera, planta venenosa,
flor de resurrección, uva de vida,
señora de la flauta y del relámpago,
terraza del jazmín, sal en la herida,
ramo de rosas para el fusilado,
nieve en agosto, luna del patíbulo,
escritura del mar sobre el basalto,
escritura del viento en el desierto,
testamento del sol, granada, espiga,

rostro de llamas, rostro devorado,
adolescente rostro perseguido
años fantasmas, días circulares
que dan al mismo patio, al mismo muro,
arde el instante y son un solo rostro
los sucesivos rostros de la llama,
todos los nombres son un solo nombre
todos los rostros son un solo rostro,
todos los siglos son un solo instante
y por todos los siglos de los siglos
cierra el paso al futuro un par de ojos,

no hay nada frente a mí, sólo un instante
rescatado esta noche, contra un sueño
de ayuntadas imágenes soñado,
duramente esculpido contra el sueño,
arrancado a la nada de esta noche,
a pulso levantado letra a letra,
mientras afuera el tiempo se desboca
y golpea las puertas de mi alma
el mundo con su horario carnicero,

sólo un instante mientras las ciudades,
los nombres, lo sabores, lo vivido,
se desmoronan en mi frente ciega,
mientras la pesadumbre de la noche
mi pensamiento humilla y mi esqueleto,
y mi sangre camina más despacio
y mis dientes se aflojan y mis ojos
se nublan y los días y los años
sus horrores vacíos acumulan,

mientras el tiempo cierra su abanico
y no hay nada detrás de sus imágenes
el instante se abisma y sobrenada
rodeado de muerte, amenazado
por la noche y su lúgubre bostezo,
amenazado por la algarabía
de la muerte vivaz y enmascarada
el instante se abisma y se penetra,
como un puño se cierra, como un fruto
que madura hacia dentro de sí mismo
y a sí mismo se bebe y se derrama
el instante translúcido se cierra
y madura hacia dentro, echa raíces,
crece dentro de mí, me ocupa todo,
me expulsa su follaje delirante,
mis pensamientos sólo son su pájaros,
su mercurio circula por mis venas,
árbol mental, frutos sabor de tiempo,

oh vida por vivir y ya vivida,
tiempo que vuelve en una marejada
y se retira sin volver el rostro,
lo que pasó no fue pero está siendo
y silenciosamente desemboca
en otro instante que se desvanece:

frente a la tarde de salitre y piedra
armada de navajas invisibles
una roja escritura indescifrable
escribes en mi piel y esas heridas
como un traje de llamas me recubren,
ardo sin consumirme, busco el agua
y en tus ojos no hay agua, son de piedra,
y tus pechos, tu vientre, tus caderas
son de piedra, tu boca sabe a polvo,
tu boca sabe a tiempo emponzoñado,
tu cuerpo sabe a pozo sin salida,
pasadizo de espejos que repiten
los ojos del sediento, pasadizo
que vuelve siempre al punto de partida,
y tú me llevas ciego de la mano
por esas galerías obstinadas
hacia el centro del círculo y te yergues
como un fulgor que se congela en hacha,
como luz que desuella, fascinante
como el cadalso para el condenado,
flexible como el látigo y esbelta
como un arma gemela de la luna,
y tus palabras afiladas cavan
mi pecho y me despueblan y vacían,
uno a uno me arrancas los recuerdos,
he olvidado mi nombre, mis amigos
gruñen entre los cerdos o se pudren
comidos por el sol en un barranco,

no hay nada en mí sino una larga herida,
una oquedad que ya nadie recorre,
presente sin ventanas, pensamiento
que vuelve, se repite, se refleja
y se pierde en su misma transparencia,
conciencia traspasada por un ojo
que se mira mirarse hasta anegarse
de claridad:
yo vi tu atroz escama,
Melusina, brillar verdosa al alba,
dormías enroscada entre las sábanas
y al despertar gritaste como un pájaro
y caíste sin fin, quebrada y blanca,
nada quedó de ti sino tu grito,
y al cabo de los siglos me descubro
con tos y mala vista, barajando
viejas fotos:
no hay nadie, no eres nadie,
un montón de ceniza y una escoba,
un cuchillo mellado y un plumero,
un pellejo colgado de unos huesos,
un racimo ya seco, un hoyo negro
y en el fondo del hoyo los dos ojos
de una niña ahogada hace mil años,

miradas enterradas en un pozo,
miradas que nos ven desde el principio,
mirada niña de la madre vieja
que ve en el hijo grande un padre joven,
mirada madre de la niña sola
que ve en el padre grande un hijo niño,
miradas que nos miran desde el fondo
de la vida y son trampas de la muerte
—¿o es al revés: caer en esos ojos
es volver a la vida verdadera?,

¡caer, volver, soñarme y que me sueñen
otros ojos futuros, otra vida,
otras nubes, morirme de otra muerte!
—esta noche me basta, y este instante
que no acaba de abrirse y revelarme
dónde estuve, quién fui, cómo te llamas,
cómo me llamo yo:
¿hacía planes
para el verano —y todos los veranos—
en Christopher Street, hace diez años,
con Filis que tenía dos hoyuelos
donde bebían luz los gorriones?,
¿por la Reforma Carmen me decía
"no pesa el aire, aquí siempre es octubre",
o se lo dijo a otro que he perdido
o yo lo invento y nadie me lo ha dicho?,
¿caminé por la noche de Oaxaca,
inmensa y verdinegra como un árbol,
hablando solo como el viento loco
y al llegar a mi cuarto —siempre un cuarto—
no me reconocieron los espejos?,
¿desde el hotel Vernet vimos al alba
bailar con los castaños — "ya es muy tarde"
decías al peinarte y yo veía
manchas en la pared, sin decir nada?,
¿subimos juntos a la torre, vimos
caer la tarde desde el arrecife?
¿comimos uvas en Bidart?, ¿compramos
gardenias en Perote?,
nombres, sitios,
calles y calles, rostros, plazas, calles,
estaciones, un parque, cuartos solos,
manchas en la pared, alguien se peina,
alguien canta a mi lado, alguien se viste,
cuartos, lugares, calles, nombres, cuartos,

Madrid, 1937,
en la Plaza del Ángel las mujeres
cosían y cantaban con sus hijos,
después sonó la alarma y hubo gritos,
casas arrodilladas en el polvo,
torres hendidas, frentes esculpidas
y el huracán de los motores, fijo:
los dos se desnudaron y se amaron
por defender nuestra porción eterna,
nuestra ración de tiempo y paraíso,
tocar nuestra raíz y recobrarnos,
recobrar nuestra herencia arrebatada
por ladrones de vida hace mil siglos,
los dos se desnudaron y besaron
porque las desnudeces enlazadas
saltan el tiempo y son invulnerables,
nada las toca, vuelven al principio,
no hay tú ni yo, mañana, ayer ni nombres,
verdad de dos en sólo un cuerpo y alma,
oh ser total...
cuartos a la deriva
entre ciudades que se van a pique,
cuartos y calles, nombres como heridas,
el cuarto con ventanas a otros cuartos
con el mismo papel descolorido
donde un hombre en camisa lee el periódico
o plancha una mujer; el cuarto claro
que visitan las ramas de un durazno;
el otro cuarto: afuera siempre llueve
y hay un patio y tres niños oxidados;
cuartos que son navíos que se mecen
en un golfo de luz; o submarinos:
el silencio se esparce en olas verdes,
todo lo que tocamos fosforece;
mausoleos de lujo, ya roídos
los retratos, raídos los tapetes;
trampas, celdas, cavernas encantadas,
pajareras y cuartos numerados,
todos se transfiguran, todos vuelan,
cada moldura es nube, cada puerta
da al mar, al campo, al aire, cada mesa
es un festín; cerrados como conchas
el tiempo inútilmente los asedia,
no hay tiempo ya, ni muro: ¡espacio, espacio,
abre la mano, coge esta riqueza,
corta los frutos, come de la vida,
tiéndete al pie del árbol, bebe el agua!,

todo se transfigura y es sagrado,
es el centro del mundo cada cuarto,
es la primera noche, el primer día,
el mundo nace cuando dos se besan,
gota de luz de entrañas transparentes
el cuarto como un fruto se entreabre
o estalla como un astro taciturno
y las leyes comidas de ratones,
las rejas de los bancos y las cárceles,
las rejas de papel, las alambradas,
los timbres y las púas y los pinchos,
el sermón monocorde de las armas,
el escorpión meloso y con bonete,
el tigre con chistera, presidente
del Club Vegetariano y la Cruz Roja,
el burro pedagogo, el cocodrilo
metido a redentor, padre de pueblos,
el Jefe, el tiburón, el arquitecto
del porvenir, el cerdo uniformado,
el hijo pedilecto de la Iglesia
que se lava la negra dentadura
con el agua bendita y toma clases
de inglés y democracia, las paredes
invisibles, las máscaras podridas
que dividen al hombe de los hombres,
al hombre de sí mismo,
se derrumban
por un instante inmenso y vislumbramos
nuestra unidad perdida, el desamparo
que es ser hombres, la gloria que es ser hombres
y compartir el pan, el sol, la muerte,
el olvidado asombro de estar vivos;

amar es combatir, si dos se besan
el mundo cambia, encarnan los deseos,
el pensamiento encarna, brotan las alas
en las espaldas del esclavo, el mundo
es real y tangible, el vino es vino,
el pan vuelve a saber, el agua es agua,
amar es combatir, es abrir puertas,
dejar de ser fantasma con un número
a perpetua cadena condenado
por un amo sin rostro;
el mundo cambia
si dos se miran y se reconocen,
amar es desnudarse de los nombres:
"déjame ser tu puta", son palabras
de Eloísa, mas él cedió a las leyes,
la tomó por esposa y como premio
lo castraron después;
mejor el crimen,
los amantes suicidas, el incesto
de los hermanos como dos espejos
enamorados de su semejanza,
mejor comer el pan envenenado,
el adulterio en lechos de ceniza,
los amores feroces, el delirio,
su yedra ponzoñosa, el sodomita
que lleva por clavel en la solapa
un gargajo, mejor ser lapidado
en las plazas que dar vuelta a la noria
que exprime la substancia de la vida,
cambia la eternidad en horas huecas,
los minutos en cárceles, el tiempo
en monedas de cobre y mierda abstracta;

mejor la castidad, flor invisible
que se mece en los tallos del silencio,
el difícil diamante de los santos
que filtra los deseos, sacia al tiempo,
nupcias de la quietud y el movimiento,
canta la soledad en su corola,
pétalo de cristal en cada hora,
el mundo se despoja de sus máscaras
y en su centro, vibrante transparencia,
lo que llamamos Dios, el ser sin nombre,
se contempla en la nada, el ser sin rostro
emerge de sí mismo, sol de soles,
plenitud de presencias y de nombres;

sigo mi desvarío, cuartos, calles,
camino a tientas por los corredores
del tiempo y subo y bajo sus peldaños
y sus paredes palpo y no me muevo,
vuelvo donde empecé, busco tu rostro,
camino por las calles de mí mismo
bajo un sol sin edad, y tú a mi lado
caminas como un árbol, como un río
caminas y me hablas como un río,
creces como una espiga entre mis manos,
lates como una ardilla entre mis manos,
vuelas como mil pájaros, tu risa
me ha cubierto de espumas, tu cabeza
es un astro pequeño entre mis manos,
el mundo reverdece si sonríes
comiendo una naranja,
el mundo cambia
si dos, vertiginosos y enlazados,
caen sobre las yerba: el cielo baja,
los árboles ascienden, el espacio
sólo es luz y silencio, sólo espacio
abierto para el águila del ojo,
pasa la blanca tribu de las nubes,
rompe amarras el cuerpo, zarpa el alma,
perdemos nuestros nombres y flotamos
a la deriva entre el azul y el verde,
tiempo total donde no pasa nada
sino su propio transcurrir dichoso,

no pasa nada, callas, parpadeas
(silencio: cruzó un ángel este instante
grande como la vida de cien soles),
¿no pasa nada, sólo un parpadeo?
—y el festín, el destierro, el primer crimen,
la quijada del asno, el ruido opaco
y la mirada incrédula del muerto
al caer en el llano ceniciento,
Agamenón y su mugido inmenso
y el repetido grito de Casandra
más fuerte que los gritos de las olas,
Sócrates en cadenas "(el sol nace,
morir es despertar: "Critón, un gallo
a Esculapio, ya sano de la vida"),
el chacal que diserta entre las ruinas
de Nínive, la sombra que vio Bruto
antes de la batalla, Moctezuma
en el lecho de espinas de su insomnio,
el viaje en la carretera hacia la muerte
—el viaje interminable mas contado
por Robespierre minuto tras minuto,
la mandíbula rota entre las manos—,
Churruca en su barrica como un trono
escarlata, los pasos ya contados
de Lincoln al salir hacia el teatro,
el estertor de Trotsky y sus quejidos
de jabalí, Madero y su mirada
que nadie contestó: ¿por qué me matan?,
los carajos, los ayes, los silencios
del criminal, el santo, el pobre diablo,
cementerio de frases y de anécdotas
que los perros retóricos escarban,
el delirio, el relincho, el ruido obscuro
que hacemos al morir y ese jadeo
que la vida que nace y el sonido
de huesos machacadosen la riña
y la boca de espuma del profeta
y su grito y el grito del verdugo
y el grito de la víctima...
son llamas
los ojos y son llamas lo que miran,
llama la oreja y el sonido llama,
brasa los labios y tizón la lengua,
el tacto y lo que toca, el pensamiento
y lo pensado, llama el que lo piensa,
todo se quema, el universo es llama,
arde la misma nada que no es nada
sino un pensar en llamas, al fin humo:
no hay verdugo ni víctima...
¿y el grito
en la tarde del viernes?, y el silencio
que se cubre de signos, el silencio
que dice sin decir, ¿no dice nada?,
¿no son nada los gritos de los hombres?,
¿no pasa nada cuando pasa el tiempo?

—no pasa nada, sólo un parpadeo
del sol, un movimiento apenas, nada,
no hay redención, no vuelve atrás el tiempo,
los muerto están fijos en su muerte
y no pueden morirse de otra muerte,
intocables, clavados en su gesto,
desde su soledad, desde su muerte
sin remedio nos miran sin mirarnos,
su muerte ya es la estatua de su vida,
un siempre estar ya nada para siempre,
cada minuto es nada para siempre,
un rey fantasma rige sus latidos
y tu gesto final, tu dura máscara
labra sobre tu rostro cambiante:
el monumento somos de una vida
ajena y no vivida, apenas nuestra,

—¿la vida, cuándo fue de veras nuestra?,
¿cuándo somos de veras lo que somos?,
bien mirado no somos, nunca somos
a solas sino vértigo y vacío,
muecas en el espejo, horror y vómito,
nunca la vida es nuestra, es de los otros,
la vida no es de nadie, todos somos
la vida —pan de sol para los otros,
los otros todos que nosotros somos—,
soy otro cuando soy, los actos míos
son más míos si son también de todos,
para que pueda ser he de ser otro,
salir de mí, buscarme entre los otros,
los otros que no son si yo no existo,
los otros que me dan plena existencia,
no soy, no hay yo, siempre somos nosotros,
la vida es otra, siempre allá, más lejos,
fuera de ti, de mí, siempre horizonte,
vida que nos desvive y enajena,
que nos inventa un rostro y lo desgasta,
hambre de ser, oh muerte, pan de todos,

Eloísa, Perséfona, María,
muestra tu rostro al fin para que vea
mi cara verdadera, la del otro,
mi cara de nosotros siempre todos,
cara de árbol y de panadero,
de chófer y de nube y de marino,
cara de sol y arroyo y Pedro y Pablo,
cara de solitario colectivo,
despiértame, ya nazco:
vida y muerte
pactan en ti, señora de la noche,
torre de claridad, reina del alba,
virgen lunar, madre del agua madre,
cuerpo del mundo, casa de la muerte,
caigo sin fin desde mi nacimiento,
caigo en mí mismo sin tocar mi fondo,
recógeme en tus ojos, junta el polvo
disperso y reconcilia mis cenizas,
ata mis huesos divididos, sopla
sobre mi ser, entiérrame en tu tierra,
tu silencio dé paz al pensamiento
contra sí mismo airado;
abre la mano,
señora de semillas que son días,
el día es inmortal, asciende, crece,
acaba de nacer y nunca acaba,
cada día es nacer, un nacimiento
es cada amanecer y yo amanezco,
amanecemos todos, amanece
el sol cara de sol, Juan amanece
con su cara de Juan cara de todos,

puerta del ser, despiértame, amanece,
déjame ver el rostro de este día,
déjame ver el rostro de esta noche,
todo se comunica y transfigura,
arco de sangre, puente de latidos,
llévame al otro lado de esta noche,
adonde yo soy tú somos nosotros,
al reino de pronombres enlazados,

puerta del ser: abre tu ser, despierta,
aprende a ser también, labra tu cara,
trabaja tus facciones, ten un rostro
para mirar mi rostro y que te mire,
para mirar la vida hasta la muerte,
rostro de mar, de pan, de roca y fuente,
manantial que disuelve nuestros rostros
en el rostro sin nombre, el ser sin rostro,
indecible presencia de presencias...

quiero seguir, ir más allá, y no puedo:
se despeñó el instante en otro y otro,
dormí sueños de piedra que no sueña
y al cabo de los años como piedras
oí cantar mi sangre encarcelada,
con un rumor de luz el mar cantaba,
una a una cedían las murallas,
todas las puertas se desmoronaban
y el sol entraba a saco por mi frente,
despegaba mis párpados cerrados,
desprendía mi ser de su envoltura,
me arrancaba de mí, me separaba
de mi bruto dormir siglos de piedra
y su magia de espejos revivía
un sauce de cristal, un chopo de agua,
un alto surtidor que el viento arquea,
un árbol bien plantado mas danzante,
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre.



PRIMAVERA A LA VISTA

Pulida claridad de piedra diáfana,
lisa frente de estatua sin memoria:
cielo de invierno, espacio reflejado
en otro más profundo y más vacío.

El mar respira apenas, brilla apenas.
Se ha parado la luz entre los árboles,
ejército dormido. Los despierta
el viento con banderas de follajes.

Nace del mar, asalta la colina,
oleaje sin cuerpo que revienta
contra los eucaliptos amarillos
y se derrama en ecos por el llano.

El día abre los ojos y penetra
en una primavera anticipada.
Todo lo que mis manos tocan, vuela.
Está lleno de pájaros el mundo.

EL PÁJARO

En el silencio transparente
el día reposaba:
la transparencia del espacio
era la transparencia del silencio.
La inmóvil luz del cielo sosegaba
el crecimiento de las yerbas.
Los bichos de la tierra, entre las piedras,
bajo la luz idéntica, eran piedras.
El tiempo en el minuto se saciaba.
En la quietud absorta
se consumaba el mediodía.

Y un pájaro cantó, delgada flecha.
Pecho de plata herido vibró el cielo,
se movieron las hojas,
las yerbas despertaron...
Y sentí que la muerte era una flecha
que no se sabe quién dispara
y en un abrir los ojos nos morimos.

LA RAMA

Canta en la punta del pino
un pájaro detenido,
trémulo, sobre su trino.

Se yergue, flecha, en la rama,
se desvanece entre alas
y en música se derrama.

El pájaro es una astilla
que canta y se quema viva
en una nota amarilla.

Alzo los ojos: no hay nada.
Silencio sobre la rama,
sobre la rama quebrada

VIENTO

Cantan las hojas,
bailan las peras en el peral;
gira la rosa,
rosa del viento, no del rosal.
Nubes y nubes
flotan dormidas, algas del aire;
todo el espacio
gira con ellas, fuerza de nadie.

Todo es espacio;
vibra la vara de la amapola
y una desnuda
vuela en el viento lomo de ola.

Nada soy yo,
cuerpo que flota, luz, oleaje;
todo es del viento
y el viento es aire siempre de viaje.

ELEGÍA INTERRUMPIDA

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
Al primer muerto nunca lo olvidamos,
aunque muera de rayo, tan aprisa
que no alcance la cama ni los óleos.
Oigo el bastón que duda en un peldaño,
el cuerpo que se afianza en un suspiro,
la puerta que se abre, el muerto que entra.
De una puerta a morir hay poco espacio
y apenas queda tiempo de sentarse,
alzar la cara, ver la hora
y enterarse: las ocho y cuarto.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
La que murió noche tras noche
y era una larga despedida,
un tren que nunca parte, su agonía.
Codicia de la boca
al hilo de un suspiro suspendida,
ojos que no se cierran y hacen señas
y vagan de la lámpara a mis ojos,
fija mirada que se abraza a otra,
ajena, que se asfixia en el abrazo
y al fin se escapa y ve desde la orilla
cómo se hunde y pierde cuerpo el alma
y no encuentra unos ojos a que asirse...
¿Y me invitó a morir esa mirada?
Quizá morimos sólo porque nadie
quiere morirse con nosotros, nadie
quiere mirarnos a los ojos.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
Al que se fue por unas horas
y nadie sabe en qué silencio entró.
De sobremesa, cada noche,
la pausa sin color que da al vacío
o la frase sin fin que cuelga a medias
del hilo de la araña del silencio
abren un corredor para el que vuelve:
suenan sus pasos, sube, se detiene...
Y alguien entre nosotros se levanta
y cierra bien la puerta.
Pero él, allá del otro lado, insiste.
Acecha en cada hueco, en los repliegues,
vaga entre los bostezos, las afueras.
Aunque cerremos puertas, él insiste.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
Rostros perdidos en mi frente, rostros
sin ojos, ojos fijos, vaciados,
¿busco en ellos acaso mi secreto,
el dios de sangre que mi sangre mueve,
el dios de yelo, el dios que me devora?
Su silencio es espejo de mi vida,
en mi vida su muerte se prolonga:
soy el error final de sus errores.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
El pensamiento disipado, el acto
disipado, los nombres esparcidos
(lagunas, zonas nulas, hoyos
que escarba terca la memoria),
la dispersión de los encuentros,
el yo, su guiño abstracto, compartido
siempre por otro (el mismo) yo, las iras,
el deseo y sus máscaras, la víbora
enterrada, las lentas erosiones,
la espera, el miedo, el acto
y su reverso: en mí se obstinan,
piden comer el pan, la fruta, el cuerpo,
beber el agua que les fue negada.

Pero no hay agua ya, todo está seco,
no sabe el pan, la fruta amarga,
amor domesticado, masticado,
en jaulas de barrotes invisibles
mono onanista y perra amaestrada,
lo que devoras te devora,
tu víctima también es tu verdugo.
Montón de días muertos, arrugados
periódicos, y noches descorchadas
y en el amanecer de párpados hinchados
el gesto con que deshacemos
el nudo corredizo, la corbata,
y ya apagan las luces en la calle
?saluda al sol, araña, no seas rencorosa?
y más muertos que vivos entramos en la cama.

Es un desierto circular el mundo,
el cielo está cerrado y el infierno vacío.

LA POESÍA

Llegas, silenciosa, secreta,
y despiertas los furores, los goces,
y esta angustia
que enciende lo que toca
y engendra en cada cosa
una avidez sombría.

El mundo cede y se desploma
como metal al fuego.
Entre mis ruinas me levanto,
solo, desnudo, despojado,
sobre la roca inmensa del silencio,
como un solitario combatiente

Verdad abrasadora,
¿a qué me empujas?
No quiero tu verdad,
tu insensata pregunta.
¿A qué esta lucha estéril?
No es el hombre criatura capaz de contenerte,
avidez que sólo en la sed se sacia,
llama que todos los labios consume,
espíritu que no vive en ninguna forma
mas hace arder todas las formas. contra invisibles huestes.

Subes desde lo más hondo de mí,
desde el centro innombrable de mi ser,
ejército, marea.
Creces, tu sed me ahoga,
expulsando, tiránica,
aquello que no cede
a tu espada frenética.

Ya sólo tú me habitas,
tú, sin nombre, furiosa substancia,
avidez subterránea, delirante.

Golpean mi pecho tus fantasmas,
despiertas a mi tacto,
hielas mi frente,
abres mis ojos.

Percibo el mundo y te toco,
substancia intocable,
unidad de mi alma y de mi cuerpo,
y contemplo el combate que combato
y mis bodas de tierra.

Nublan mis ojos imágenes opuestas,
y a las mismas imágenes
otras, más profundas, las niegan,
ardiente balbuceo,
aguas que anega un agua más oculta y densa.
En su húmeda tiniebla vida y muerte,
quietud y movimiento, son lo mismo.

Insiste, vencedora,
porque tan sólo existo porque existes,
y mi boca y mi lengua se formaron
para decir tan sólo tu existencia
y tus secretas sílabas, palabra
impalpable y despótica,
substancia de mi alma.

Eres tan sólo un sueño,
pero en ti sueña el mundo
y su mudez habla con tus palabras.
Rozo al tocar tu pecho
la eléctrica frontera de la vida,
la tiniebla de sangre
donde pacta la boca cruel y enamorada,
ávida aún de destruir lo que ama
y revivir lo que destruye,
con el mundo, impasible
y siempre idéntico a sí mismo,
porque no se detiene en ninguna forma
ni se demora sobre lo que engendra.

Llévame, solitaria,
llévame entre los sueños,
llévame, madre mía,
despiértame del todo,
hazme soñar tu sueño,
unta mis ojos con aceite,
para que al conocerte me conozca.

REPETICIONES

El corazón y su redoble iracundo
el obscuro caballo de la sangre
caballo ciego caballo desbocado
el carrousel nocturno la noria del terror
el grito contra el muro y la centella rota
Camino andado
camino desandado
El cuerpo a cuerpo con un pensamiento afilado
la pena que interrogo cada día y no responde
la pena que no se aparta y cada noche me despierta
la pena sin tamaño y sin nombre
el alfiler y el párpado traspasado
el párpado del día mal vivido
la hora manchada la ternura escupida
la risa loca y la puta mentira
la soledad y el mundo
Camino andado
El coso de la sangre y la pica y la rechifla
el sol sobre la herida
sobre las aguas muertas el astro hirsuto
la rabia y su acidez recomida
el pensamiento que se oxida
y la escritura gangrenada
el alba desvivida y el día amordazado
la noche cavilada y su hueso roído
el horror siempre nuevo y siempre repetido
Camino andado
camino desandado
El vaso de agua la pastilla la lengua de estaño
el hormiguero en pleno sueño
cascada negra de la sangre
cascada pétrea de la noche
el peso bruto de la nada
zumbido de motores en la ciudad inmensa
lejos cerca lejos en el suburbio de mi oreja
aparición del ojo y el muro que gesticula
aparición del metro cojo
el puente roto y el ahogado
Camino andado
camino desandado
El pensamiento circular y el circulo de familia
¿qué hice qué hiciste qué hemos hecho?
el laberinto de la culpa sin culpa
el espejo que acusa y el silencio que se gangrena
el día estéril la noche estéril el dolor estéril
la soledad promiscua el mundo despoblado
la sala de espera en donde ya no hay nadie
Camino andado y desandado
la vida se ha ido sin volver el rostro.

ENTRE IRSE Y QUEDARSE

Entre irse y quedarse duda el día,
enamorado de su transparencia.

La tarde circular es ya bahía:
en su quieto vaivén se mece el mundo.

Todo es visible y todo es elusivo,
todo está cerca y todo es intocable.

Los papeles, el libro, el vaso, el lápiz
reposan a la sombra de sus nombres.

Latir del tiempo que en mi sien repite
la misma terca sílaba de sangre.

La luz hace del muro indiferente
un espectral teatro de reflejos.

En el centro de un ojo me descubro;
no me mira, me miro en su mirada.

Se disipa el instante. Sin moverme,
yo me quedo y me voy: soy una pausa.

Inmóvil en la luz, pero danzante,
tu movimiento a la quietud que cría
en la cima del vértigo se alía
deteniendo, no al vuelo, sí al instante.
Luz que no se derrama, ya diamante,
fija en la rotación del mediodía,
sol que no se consume ni se enfría
de cenizas y llama equidistante.
Tu salto es un segundo congelado
que ni apresura el tiempo ni lo mata:
preso en su movimiento ensimismado
tu cuerpo de sí mismo se desata
y cae y se dispersa tu blancura
y vuelves a ser agua y tierra obscura.

EL SEDIENTO

Por buscarme, Poesía, en ti me busqué:
deshecha estrella de agua,
se anegó en mi ser.
Por buscarte, Poesía,
en mí naufragué.

Después sólo te buscaba
por huir de mí:
¡espesura de reflejos
en que me perdí!

Mas luego de tanta vuelta
otra vez me vi:
el mismo rostro anegado
en la misma desnudez;
las mismas aguas de espejo
en las que no he de beber;
y en el borde del espejo,
el mismo muerto de sed.

LA POESÍA 2

Inmóvil en la luz, pero danzante,
tu movimiento a la quietud que cría
en la cima del vértigo se alía
deteniendo, no al vuelo, sí al instante.

Luz que no se derrama, ya diamante,
fija en la rotación del mediodía,
sol que no se consume ni se enfría
de cenizas y llama equidistante.

Tu salto es un segundo congelado
que ni apresura el tiempo ni lo mata:
preso en su movimiento ensimismado

tu cuerpo de sí mismo se desata
y cae y se dispersa tu blancura
y vuelves a ser agua y tierra obscura.

Del verdecido júbilo del cielo
luces recobras que la luna pierde
porque la luz de sí misma recuerde
relámpagos y otoños en tu pelo.

El viento bebe viento en su revuelo,
mueve las hojas y su lluvia verde
moja tus hombros, tus espaldas muerde
y te denuda y quema y vuelve yelo.

Dos barcos de velamen desplegado
tus dos pechos. Tu espalda es un torrente.
Tu vientre es un jardín petrificado.

Es otoño en tu nuca: sol y bruma.
Bajo del verde cielo adolescente
tu cuerpo da su enamorada suma.

LA POESÍA 3

¿Por qué tocas mi pecho nuevamente?
Llegas, silenciosa, secreta, armada,
tal los guerreros a una ciudad dormida
quemas mi lengua con tus labios, pulpo,
y despiertas los furores, los goces,
y esta angustia sin fin
que enciende lo que toca
y engendra en cada cosa
una aridez sombría.

El mundo cede y se desploma
como metal al fuego.
Entre mis ruinas me levanto
y quedo frente a ti,
solo, desnudo, despojado,
sobre la roca inmensa del silencio,
como un solitario combatiente
contra invisibles huestes.

Verdad abrasadora,
¿a qué me empujas?
No quiero tu verdad,
tu insensata pregunta.
¿A qué esta lucha estéril?
No es el hombre criatura capaz de contenerte,
avidez que sólo en la sed se sacia,
llama que todos los labios consume,
espíritu que no vive en ninguna forma,
mas hace arder
todas las formas
con un secreto fuego indestructible.

Pero insistes, lágrima escarnecida,
y alzas en mí tu imperio desolado.

Subes desde lo más hondo de mí,
desde el centro innombrable de mi ser,
ejército, marea.
Creces, tu sed me ahoga,
expulsando, tiránica,
aquello que no cede
a tu espada frenética.
Ya sólo tú me habitas,
tú, sin nombre, furiosa substancia,
avidez subterránea, delirante.

Golpean mi pecho tus fantasmas,
despiertas a mi tacto,
hielas mi frente
y haces proféticos mis ojos.
Percibo el mundo y te toco,
substancia intocable,
unidad de mi alma y de mi cuerpo,
y contemplo el combate que combato
y mis bodas de tierra.

Nublan mis ojos imágenes opuestas,
y a las mismas imágenes
otras, más profundas, las niegan,
tal un ardiente balbuceo,
aguas que anega un agua más oculta y densa.

La oscura ola
que nos arranca de la primer ceguera,
nace del mismo mar oscuro
en que nace, sombría,
la ola que nos lleva a la tierra:
sus aguas se confunden
y en su tiniebla
quietud y movimiento son lo mismo.

Insiste, vencedora,
porque tan sólo existo porque existes,
y mi boca y mi lengua se formaron
para decir tan sólo tu existencia
y tus secretas sílabas, palabra
impalpable y despótica,
substancia de mi alma.

Eres tan sólo un sueño,
pero en ti sueña el mundo
y su mudez habla con tus palabras.
Rozo al tocar tu pecho,
la eléctrica frontera de la vida,
la tiniebla de sangre
donde pacta la boca cruel y enamorada,
ávida aún de destruir lo que ama
y revivir lo que destruye,
con el mundo, impasible
y siempre idéntico a sí mismo,
porque no se detiene en ninguna forma,
ni se demora sobre lo que engendra.

Llévame, solitaria,
llévame entre los sueños,
llévame, madre mía,
despiértame del todo,
hazme soñar tu sueño,
unta mis ojos con tu aceite,
para que al conocerte, me conozca.

DESTINO DE POETA

¿Palabras? Sí, de aire,
y en el aire perdidas.

Déjame que me pierda entre palabras,
déjame ser el aire en unos labios,
un soplo vagabundo sin contornos
que el aire desvanece.

También la luz en sí misma se pierde.

SONETOS

1

Inmóvil en la luz, pero danzante,
tu movimiento a la quietud que cría
en la cima del vértigo se alía
deteniendo, no al vuelo, sí al instante.

Luz que no se derrama, ya diamante,
fija en la rotación del mediodía,
sol que no se consume ni se enfría
de cenizas y llama equidistante.

Tu salto es un segundo congelado
que ni apresura el tiempo ni lo mata:
preso en su movimiento ensimismado

tu cuerpo de sí mismo se desata
y cae y se dispersa tu blancura
y vuelves a ser agua y tierra obscura.

2

El mar, el mar y tú, plural espejo,
el mar de torso perezoso y lento
nadando por el mar, del mar sediento:
el mar que muere y nace en un reflejo.

El mar y tú, su mar, el mar espejo:
roca que escala el mar con paso lento,
pilar de sal que abate el mar sediento,
sed y vaivén y apenas un reflejo.

De la suma de instantes en que creces,
del círculo de imágenes del año,
retengo un mes de espumas y de peces,

y bajo cielos líquidos de estaño
tu cuerpo que en la luz abre bahías
al oscuro oleaje de los días.

3

Del verdecido júbilo del cielo
luces recobras que la luna pierde
porque la luz de sí misma recuerde
relámpagos y otoños en tu pelo.

El viento bebe viento en su revuelo,
mueve las hojas y su lluvia verde
moja tus hombros, tus espaldas muerde
y te desnuda y quema y vuelve hielo.

Dos barcos de velamen desplegado
tus dos pechos. Tu espalda es un torrente.
Tu vientre es un jardín petrificado.

Es otoño en tu nuca: sol y bruma.
Bajo del verde cielo adolescente.
tu cuerpo da su enamorada suma.

BAJO TU CLARA SOMBRA

Un cuerpo, un cuerpo solo, un sólo cuerpo
un cuerpo como día derramado
y noche devorada;
la luz de unos cabellos
que no apaciguan nunca
la sombra de mi tacto;
una garganta, un vientre que amanece
como el mar que se enciende
cuando toca la frente de la aurora;
unos tobillos, puentes del verano;
unos muslos nocturnos que se hunden
en la música verde de la tarde;
un pecho que se alza
y arrasa las espumas;
un cuello, sólo un cuello,
unas manos tan sólo,
unas palabras lentas que descienden
como arena caída en otra arena....

Esto que se me escapa,
agua y delicia obscura,
mar naciendo o muriendo;
estos labios y dientes,
estos ojos hambrientos,
me desnudan de mí
y su furiosa gracia me levanta
hasta los quietos cielos
donde vibra el instante;
la cima de los besos,
la plenitud del mundo y de sus formas.

Yves Bonnefoy - Poemas

L'adieu


Nous sommes revenus à notre origine.
Ce fut le lieu de l'évidence, mais déchirée.
Les fenêtres mêlaient trop de lumières,
Les escaliers gravissaient trop d'étoiles
Qui sont des arches qui s'effondrent, des gravats,
Le feu semblait brûler dans un autre monde.

Et maintenant des oiseaux volent de chambre en chambre,
Les volets sont tombés, le lit est couvert de pierres,
L'âtre plein de débris du ciel qui vont s'éteindre.
Là nous parlions, le soir, presque à voix basse
A cause des rumeurs des voûtes, là pourtant
Nous formions nos projets : mais une barque,
Chargée de pierres rouges, s'éloignait
Irrésistiblement d'une rive, et l'oubli
Posait déjà sa cendre sur les rêves
Que nous recommencions sans fin, peuplant d'images
Le feu qui a brûlé jusqu'au dernier jour.

Est-il vrai, mon amie,
Qu'il n'y a qu'un seul mot pour désigner
Dans la langue qu'on nomme la poésie
Le soleil du matin et celui du soir,
Un seul le cri de joie et le cri d'angoisse,
Un seul l'amont désert et les coups de haches,
Un seul le lit défait et le ciel d'orage,
Un seul l'enfant qui naît et le dieu mort ?

Oui, je le crois, je veux le croire, mais quelles sont
Ces ombres qui emportent le miroir ?
Et vois, la ronce prend parmi les pierres
Sur la voie d'herbe encore mal frayée
Où se portaient nos pas vers les jeunes arbres.
Il me semble aujourd'hui, ici, que la parole
Est cette auge à demi brisée, dont se répand
A chaque aube de pluie l'eau inutile.

L'herbe et dans l'herbe l'eau qui brille, comme un fleuve.
Tout est toujours à remailler du monde.
Le paradis est épars, je le sais,
C'est la tâche terrestre d'en reconnaître
Les fleurs disséminées dans l'herbe pauvre,
Mais l'ange a disparu, une lumière
Qui ne fut plus soudain que soleil couchant.

Et comme Adam et Ève nous marcherons
Une dernière fois dans le jardin.
Comme Adam le premier regret, comme Ève le premier
Courage nous voudrons et ne voudrons pas
Franchir la porte basse qui s'entrouvre
Là-bas, à l'autre bout des longes, colorée
Comme auguralement d'un dernier rayon.
L'avenir se prend-il dans l'origine
Comme le ciel consent à un miroir courbe,
Pourrons-nous recueillir de cette lumière
Qui a été le miracle d'ici
La semence dans nos mains sombres, pour d'autres flaques
Au secret d'autres champs « barrées de pierres » ?

Certes, le lieu pour vaincre, pour nous vaincre, c'est ici
Dont nous partons, ce soir. Ici sans fin
Comme cette eau qui s'échappe de l'auge.



(Ce qui fut sans lumière - Mercure de France, 1987)



El adiós


Hemos vuelto a nuestro origen.
Fue el lugar de la evidencia, aunque desgarrada.
Las ventanas mezclaban demasiadas luces,
Las escaleras trepaban demasiadas estrellas
Que son arcos que se hunden, escombros,
El fuego parecía arder en otro mundo.

Y ahora hay pájaros que vuelan de una habitación a la otra,
Los postigos se cayeron, la cama está cubierta de piedras,
La chimenea llena de restos del cielo que van a apagarse.
Allí, por las tardes, hablábamos casi en voz baja
Debido a los rumores de las bóvedas, allí, sin embargo,
Formábamos nuestros proyectos: pero una barca,
Cargada con piedras rojas, se alejaba
Irresistiblemente de una orilla, y el olvido
Depositaba ya su ceniza en los sueños
Que sin fin recomenzábamos, poblando con imágenes
El fuego que ardió hasta el último día.

¿Es cierto, amiga mía,
Que no hay más que una palabra para nombrar
En la lengua que llamamos poesía
El sol de la mañana y el de la tarde,
Una para el grito de alegría y el de angustia,
Una para el desierto río arriba y los golpes de hacha,
Una para la cama deshecha y el cielo tormentoso,
Una para el niño que nace y el dios muerto?

Sí, lo creo, quiero creerlo, pero ¿qué sombras
Son ésas que se llevan el espejo?
Y, mira, la zarza crece entre las piedras
En el camino de hierba aún apenas abierto
Por el que nuestros pasos iban hacia los jóvenes árboles.
Hoy me parece, aquí, que la palabra
Es el pesebre medio roto del que se escapa
En cada amanecer de lluvia el agua inútil.

La hierba y en la hierba el agua que brilla, como un río.
Todo está siempre a la espera de que una vez más se lo ate al mundo.
Sé que el paraíso está diseminado,
Es tarea terrestre el reconocer
Sus flores dispersas en la hierba pobre,
Pero el ángel ha desaparecido, una luz
Que no fue, de golpe, sino un sol poniente.

Y como Adán y Eva caminaremos
Por última vez en el jardín.
Como Adán el primer pesar, como Eva la primera
Osadía, querremos y no querremos
Pasar por la puerta baja que se entreabre
Allá a lo lejos, en la otra punta del ronzal, coloreada
Como auguralmente por un último rayo.
¿Se toma el porvenir en el origen
Como cabe el cielo en un cóncavo espejo?
¿Podremos recoger, de esa luz
Que fue de aquí el milagro,
En nuestras sombrías manos la simiente, para otros charcos
En el secreto de otros campos "cercados de piedras"?

Por cierto, está aquí el lugar para vencer, para vencernos,
El lugar de donde salimos esta tarde. Aquí sin fin
Como esa agua que se escapa del pesebre.




© Yves Bonnefoy
Traducción de Carlos Cámara y Miguel Ángel Frontán








17
diciembre 2002

Yves
Bonnefoy



La rapidité des nuages


Le lit, la vitre auprès, la vallée, le ciel,
La magnifique rapidité de ces nuages.
La griffe de la pluie sur la vitre, soudain,
Comme si le néant paraphait le monde.

Dans mon rêve d'hier
Le grain d'autres années brûlait par flammes courtes
Sur le sol carrelé, mais sans chaleur.
Nos pieds nus l'écartaient comme une eau limpide.

O mon amie,
Comme était faible la distance entre nos corps !
La lame de l'épée du temps qui rôde
Y eût cherché en vain le lieu pour vaincre.



(Ce qui fut sans lumière - Mercure de France, 1987)



La rapidez de las nubes


La cama, la ventana cercana, el valle, el cielo,
La rapidez espléndida de esas nubes,
La súbita garra de la lluvia en los cristales
Como si la nada rubricase el mundo.

En mi sueño de ayer
El grano de otros años ardía a fuego lento,
Sin calor, en el suelo embaldosado.
Descalzos, lo apartaban nuestros pies como un agua límpida.

¡Oh amiga mía,
Qué distancia tan débil separaba nuestros cuerpos!
La hoja de la espada del tiempo que merodea
Hubiese allí buscado en vano lugar para vencer!


© Yves Bonnefoy
Traducción de Carlos Cámara y Miguel Ángel Frontán








17
diciembre 2002

Yves
Bonnefoy

eom



Noli me tangere


Hésite le flocon dans le ciel bleu
A nouveau, le dernier flocon de la grande neige.

Et c'est comme entrerait au jardin celle qui
Avait bien dû rêver ce qui pourrait être,
Ce regard, ce dieu simple, sans souvenir
Du tombeau, sans pensée que le bonheur,
Sans avenir
Que sa dissipation dans le bleu du monde.

« Non, ne me touche pas », lui dirait-il,
Mais même dire non serait de la lumière.



(Début et fin de la neige - Mercure de France, 1987)



Noli me tangere


De nuevo en el cielo azul vacila el copo
De nieve, el último copo de la gran nevada.

Y es como si en el jardín entrase aquella que
Bien había debido soñar lo que podría ser,
Esa mirada, ese dios simple, sin memoria
Del sepulcro, sin otro pensamiento que la dicha,
Sin otro porvenir
Que su disolución en el azul del mundo.

"No me toques, no", le diría él,
pero hasta el decir no sería luminoso.




© Yves Bonnefoy
Traducción de Carlos Cámara y Miguel Ángel Frontán








17
diciembre 2002

Yves
Bonnefoy





La seule rose


I

Il neige, c'est revenir dans une ville
Où, et je le découvre en avançant
Au hasard dans des rues qui toutes sont vides,
J'aurais vécu heureux une autre enfance.
Sous les flocons j'aperçois des façades
Qui ont beauté plus que rien de ce monde.
Seuls parmi nous Alberti puis San Gallo
A San Biagio, dans la salle la plus intense
Qu'ait bâtie le désir, ont approché
De cette perfection, de cette absence.

Et je regarde donc, avidement,
Ces masses que la neige me dérobe.
Je recherche surtout, dans la blancheur
Errante, ces frontons que je vois qui montent
A un plus haut niveau de l'apparence.
Ils déchirent la brume, c'est comme si
D'une main délivrée de la pesanteur
L'architecte d'ici avait fait vivre
D'un seul grand trait floral
La forme que voulait de siècle en siècle
La douleur d'être né dans la matière.

II

Et là-haut je ne sais si c'est la vie
Encore, ou la joie seule, qui se détache
Sur ce ciel qui n'est plus de notre monde.
Ô bâtisseurs
Non tant d'un lieu que d'un regain de l'espérance,
Qu'y a-t-il au secret de ces parois
Qui devant moi s'écartent ? Ce que je vois
Le long des murs, ce sont des niches vides,
Des pleins et des délies, d'où s'évapore
Par la grâce des nombres
Le poids de la naissance dans l'exil,
Mais de la neige s'y est mise et s'y entasse,
Je m'approche de l'une d'elles, la plus basse,
Je fais tomber un peu de sa lumière,
Et soudain c'est le pré de mes dix ans,
Les abeilles bourdonnent,
Ce que j'ai dans mes mains, ces fleurs, ces ombres,
Est-ce presque du miel, est-ce de la neige ?

III

J'avance alors, jusque sous l'arche d'une porte.
Les flocons tourbillonnent, effaçant
La limite entre le dehors et cette salle
Où des lampes sont allumées : mais elles-mêmes
Une sorte de neige, qui hésite
Entre le haut, le bas, dans cette nuit.
C'est comme si j'étais sur un second seuil.

Et au-delà ce même bruit d'abeilles
Dans le bruit de la neige. Ce que disaient
Les abeilles sans nombre de l'été,
Semble le refléter l'infini des lampes.

Et je voudrais
Courir, comme du temps de l'abeille, cherchant
Du pied la balle souple, car peut-être
Je dors, et rêve, et vais par les chemins d'enfance.

IV

Mais ce que je regarde, c'est de la neige
Durcie, qui s'est glissée sur le dallage
Et s'accumule aux bases des colonnes
A gauche, à droite, et loin devant dans la pénombre.
Absurdement je n'ai d'yeux que pour l'arc
Que cette boue dessine sur la pierre.
J'attache ma pensée à ce qui n'a
Pas de nom, pas de sens. Ô mes amis,
Alberti, Brunelleschi, San Gallo,
Palladio qui fais signe de l'autre rive,
Je ne vous trahis pas, cependant, j'avance,
La forme la plus pure reste celle
Qu'a pénétrée la brume qui s'efface,
La neige piétinée est la seule rose.



(Début et fin de la neige - Mercure de France, 1987)



La única rosa


I

Cae la nieve, es volver a una ciudad
Donde, y lo descubro al avanzar
Al azar por las calles vacías,
Habría yo vivido, feliz, otra niñez.
Bajo los copos percibo las fachadas
Que más que nada en el mundo bellas son.
Alberti sólo entre nosotros, y San Gallo
En San Biagio, en el salón más intenso
Que construyó el deseo, se acercaron
A esta perfección, a esta ausencia.

Por eso miro yo, ávidamente,
Esas masas que me oculta la nieve.
En la blancura errante, sobre todo,
Esos frontones busco que se alzan
A un más alto nivel de la apariencia,
Desgarrando la bruma como si
Con ingrávida mano, el arquitecto
De aquí, vivir hubiese hecho
De un solo, gran trazo floral,
La forma que quería, siglo a siglo,
El dolor de nacer en la materia.

II

Y allá arriba, yo no sé si es la vida
Aún, o sólo la alegría que resalta
En ese cielo que no es ya de nuestro mundo.
Oh constructores
No tanto de un lugar como de un renacer de la esperanza,
¿Qué hay en el secreto de esos muros
Que frente a mí se apartan? Sobre ellos
Nichos vacíos es lo único que veo,
Caligrafías de las que, por la gracia
De los números, se esfuma
El peso del nacer en el exilio,
Pero la nieve en ellos se acumula,
A uno de ellos me acerco, el más bajo,
Hago caer un poco de su luz,
Y el prado, de pronto, está aquí de mis diez años,
Donde zumban abejas,
Lo que tengo en mis manos, esas flores y sombras,
¿Es casi miel, acaso? ¿Es un poco de nieve?

III

Avanzo entonces hasta el arco de una puerta.
Los copos danzan en el aire, borroneando
el límite entre el exterior y este salón
de lámparas encendidas: pero ellas mismas
una especie de nieve que vacila
entre lo alto, lo bajo, en esta noche.
Es como si estuviese ante un segundo umbral.

Y más allá un idéntico ruido de abejas
en el ruido de la noche. Lo que decían
Las abejas innúmeras del verano,
Parece reflejarlo el infinito de las lámparas.

Y yo querría
correr, como en los tiempos de la abeja, buscando
con el pie el balón blando, ya que acaso
duermo, y sueño, y voy por los caminos de la infancia.

IV

Pero lo que miro es un poco de nieve
endurecida, que se ha deslizado sobre las baldosas
y se acumula al pie de las columnas
a la izquierda, a la derecha, y que se adentra en la penumbra.
Absurdamente sólo tengo ojos para el arco
que este lodo dibuja en la piedra.
Uno mi pensamiento a lo que no
tiene nombre, ni sentido. Oh amigos míos,
Alberti, San Gallo, Brunelleschi,
Palladio que haces señas desde la otra orilla,
No os traiciono, sin embargo, avanzo,
La forma más pura es aún aquella
Que penetró la bruma que se esfuma,
La nieve pisoteada es la única rosa.

Ezra Pound - Cantos y Poemas

CANTO XLVII

¡El que aun después de muerto conserva todas sus facultades!

Estas palabras surgieron de las tinieblas.

Primero tendréis que ir por el camino del infierno.

Y hasta la glorieta de Proserpina, hija de Ceres,

En medio de la oscuridad sobrecogedora, hasta donde Tiresias.

Sin ojos él, sombra en el infierno.

Tan pleno de saber que los de carnes firmes saben menos que él,

Antes de que lleguéis al cabo del camino.

Conocimiento sombra de una sombra,

Y, no obstante, navegaréis en su busca

Sabiendo aun menos que las bestias narcotizadas.

La lamparillas a la deriva en la bahía

Y la garra del mar las recoge.

Neptunus bebe después de la marea muertas.

¡Tamuz! ¡Tamuz!!

La llama roja metiéndose en el mar.

Por esta puerta se os mide.

Se encienden luces sobre el agua desde los botes largos

La garra del mar los echa hacia afuera.

Los canes de Escila gruñen a los pies del desfiladero

Los dientes blancos roen la base del acantilado.

Mas en la pálida noche de lamparillas derivan hacia el mar

La luces parpadean rojas en pequeños frascos.

Brotes de trigo crecen nuevos cerca del altar, floreciendo de la semilla rápida.

Dos jemes, dos jemes hasta una mujer.

No cree en nada más remoto. Nada tiene importancia alguna.

Hacia eso tiende, es su intención.

Hacia eso sois llamada, intención siempre recurrente

Ya sea por la noche el canto del búho o por la sabia en el brote,

Nunca ociosa, intermitente en los medios, las artimañas, nunca

La polilla recibe el llamado desde el otro lado del monte

Y el toro se lanza ciego sobre el estoque, naturans

Sois llamado a la caverna, Odiseo,

Por Molu tenéis descanso breve

Por Molu os libráis de un lecho, para poder tornar al otro

Las estrellas nada le importan,

Considéralas agujeros errantes.

Empezad a elavar el arado

Cuando las Pléyades van a su descanso

Empezad a elavar el arado

40 días pasan litoral adentro,

Hacedlo así en los campos próximos al litoral

Y en los valles serpentinos hacia el mar.

Cuando la grulla vuele alto pensad en el arado.

Por esta puerta se os mide

Vuestro día pasa entre puerta y puerta

Dos bueyes están uncidos al arado

O seis en el campo del alcor

Bulto blanco bajo los olivos, una veintena para arrastrar piedras al llano

Aquí las mulas están techadas con pizarra por el camino del cerro.

Así sucedió en el tiempo.

Y las estrellitas caen ahora de las ramas de los olivos,

Y la sombra bifurcada cae sobre la terraza

Más negra que la del vencejo flotante

que no se cura de vuestra presencia,

Su huella alada es negra en el tejado

Y se desvancee con su grito.

Tan ligero tu peso sobre Tellus

Sin querer más honda tu muesca

Tu peso más alado que la sombra

No obstante habéis roído a través de la montaña,

Los dientes de Escila menos cortantes.

¿Habéis encontrado nido más suave que cunnus

O mejor descanso?

¿Tenéis siembra más honda o vuestro año de muerte

Brota más prontos renuevos?

¿Habéis penetrado más hondo en la montaña?

La luz ha entrado en la caverna. ¡Io! ¡Io!

La luz ha bajado a la caverna,

¡Esplendor sobre esplendor!

A plea he penetrado estos cerros:

Que la hierba crezca de mi cuerpo,

Que yo olga que las raíces conversan en corro,

El aire es nuevo en mis hojas,

Las ramas bifurcadas tiemblan con el viento.

¿Es Céfiro más ligero en la rama, Apeliota

más luz en la rama de almendro?

Por esta puerta entré en el cerro.

Cae,

Adonis Cae.

El fruto viene después. Las lucecillas se deslizan hacia

afuera con la marea,

la garra del mar las echa hacia afuera,

Cuatro pendones para cada flor

La garra del mar echa las lamparillas hacia afuera.

Medita así sobre tu cultivo

Cuando las siete estrellas bajan a su descanso

Cuarenta días para su descanso, en el litoral

Y en valles serpentinos hacia el mar

KAI MOIRAI ADONIN

Cuando la rama del almendro proyecta su llama,

cuando los nuevos brotes son llevados al altar

TU DIONA, KAI MOIRAI

KAI MOIRAI ADONIN

que posee el don de curar,

que tiene dominio sobre las fieras.

(Traduccion de José Vásquez Amaral)

HUGH SELWYN MAUBERLEY

(Un fragmento)

V

Allí murieron a puñados;
Y los mejores, Por una vieja puta ya exprimida,
Por una civilización con parches,

Encanto que sonríe en fresca boca,
Vivaces ojos apagados bajo el párpado de tierra,

Por dos gruesas de estatuas en pedazos,
Por unos pocos miles de maltratados libros.

(Traducción de José Luis Rivas)

FRANCESCA

Saliste de la noche

Con flores en las manos.

Vas a salir ahora del barullo del mundo,

De la babel de lenguas que te nombra.

Yo que te vi rodeada de hechos primordiales,

Monté en cólera cuando te mencionaron

En burdos callejones.

¡Cómo me gustaría que una ola fresca cubriera mi mente

Que el mundo en hoja seca se trocara,

O en un vilano al viento,

Para que yo pudiera encontrarte de nuevo,

Sola!

(Traducción de José Luis Rivas)

SESTINA:ALTAFORTE

"Loquitur (l): En (2) Bertrán de Born. Dante Alighieri colocó a este hombre en el Infierno porque era un provocador. ¡Eccovi! (3) ¡Juzgadlo! ¿Lo he expulsado de su tumba? La escena transcurre en su castillo de Altaforte. "Papiol" es su juglar. "El Leopardo" es el estandarte de Ricardo Corazón de León."

I

¡Maldita sea! Todo nuestro sur hiede a paz.

Tú, Papiol, hijo de puta, acércate! ¡Quiero música!

No hay vida para mí si las espadas no chocan.

Pero ¡ah!, cuando veo los estandartes de oro, vero y púrpura combatiendo,

y los vastos campos bajo ellos tornarse carmesí,

entonces aúllo, con mi corazón enloquecido de júbilo.

II

En el tórrido verano voy ardiendo de júbilo

cuando las tormentas devastan la tierra y su estúpida paz;

y cuando los relámpagos, en el cielo sombrío, fulguran carmesí

mientras los truenos con furia me rugen su música

y los vientos ululan a través de las nubes, combatiendo,

y a través de todas las hendiduras del cielo resuenan las espadas de Dios cuando chocan.

III

¡Quiera el infierno que escuchemos otra vez las espadas cuando chocan!

¡Y los estridentes relinchos de los corceles en la batalla, su júbilo,

pecho contra pecho, combatiendo!

¡Es mejor una hora de lucha que todo un año de paz

con opulentos festines, alcahuetas, vino y delicada música!

¡Bah! No hay mejor vino que la sangre carmesí.

IV

Amo el ascenso del sol, bañado en sangre carmesí

Contemplar cada uno de sus rayos, cual lanzas que atravesando la oscuridad chocan.

¡Oh! Mi corazón se llena de júbilo

y mi boca se colma de veloz música

cuando lo veo desafiar y despreciar la paz

y salir al paso de las sombras, con su sola fuerza, combatiendo.

V

E1 hombre que teme luehar y se agazapa, no combatiendo

al oír mi llamado a la guerra, no tiene sangre carmesí;

Sólo sabe pudrirse en su lánguida paz,

lejos de donde impera el valor y las espadas chocan

¡Oh! La muerte de esos perros es mi júbilo,

sí, yo que lleno todo el aire con mi música.

VI

¡Papiol, Papiol! ¡A la música!

No hay sonido comparable al de las espadas combatiendo;

Ni aullido semejante al fragor de la batalla, mi gran júbilo,

cuando nuestros codos y espadas chorrean carmesí

y cuando nuestras huestes, enfrentando la embestida de "El Leopardo", chocan.

¡Que Dios maldiga para siempre a todo aquel que grite paz!

VII

¡Y que la música de las espadas los vuelva carmesí!

¡Quiera el infierno que escuchemos otra vez el clamor de las espadas cuando chocan!

¡Que el infierno oscurezca para siempre la idea de la paz!

(Traducción: Armando Roa Vial. Notas: 1)Del latín: "Habla". 2)Del Provenzal: "Señor". 3)Del italiano: "¡Aqui teneis!")

LA ZAMBULLIDA

Querría bañarme en extrañeza:
estas comodidades amontonadas encima de mí,
me asfixian!
¡Me quemo, ardo en deseos de algo nuevo,
amigos nuevos, caras nuevas
y lugares!
Oh, estar lejos de todo esto,
esto que es todo loque quise
...salvo lo nuevo.

¡Y tú,
amor, la que mucho, la que más he deseado!
¿Acaso no me repugnan todas las paredes,
las calles, las piedras,
todo el barro, la bruma, toda la niebla,
todas las clases de tráfico?
A ti, yo te querría
fluyendo encima de mí como el agua,
¡oh, pero fuera de aquí!
Hierba y praderas y colinas
y sol
¡oh, suficiente sol!
¡Lejos y a solas, en medio de
gente extraña!

traduccion Javier Calvo

EL DESVÁN

Ven, apiadémonos de los que tienen más fortuna que nosotros.
Ven, amiga, y recuerda
que los ricos tienen mayordomos en vez de amigos,
y nosotros tenemos amigos en vez de mayordomos.
Ven, apiadémonos de los casados y de los solteros.

La aurora entra con sus pies diminutos
como una dorada Pavlova,
y yo estoy cerca de mi deseo.
Nada hay en la vida que sea mejor
que esta hora de limpia frescura,
la hora de despertarnos juntos.

traduccion Javier Calvo

ZAPATILLAS NEGRAS: BELLOTTI

En la mesa de más allá,
tras haberse quitado las zapatillas de ante,
con los pies enfundados en medias blancas
y cuidadosamente posados sobre una servilleta,
ella conversa:

«Connaissez-vous Ostende?».

La gorjeante dama italiana en la otra punta del restaurante
replica con cierta altivez,
pero yo espero pacientemente
a ver cómo Celestine vuelve a ponerse las zapatillas.
Se las pone con un gemido.

traduccion Javier Calvo

LA MUJER DEL MERCADER DEL RÍO: UNA CARTA

Cuando yo todavía llevaba el pelo cortado sobre la frente
jugaba en el portal delantero, recogiendo flores.
Tú viniste con zancos de madera jugando a los caballos,
caminaste junto a mi asiento, jugando con ciruelas azules
y seguimos viviendo en el pueblo de Chokan:
dos niños, sin aversión ni sospecha.

Con catorce años me casé con vos, mi señor.
Nunca me reía porque era tímida.
Bajaba la cabeza y miraba a la pared.
Aunque me llamaran mil veces, nunca volvía la cabeza.

Con quince años dejé de fruncir el ceño,
deseaba que mi polvo se mezclara con el tuyo
para siempre y para siempre y para siempre.
¿Para qué seguir vigilando?

Te fuiste cuando yo tenía dieciseis años,
te fuiste a la lejana Ku-to-yen, junto al río de los remolinos,
y has estado fuera cinco meses.
Los monos hacen un ruido muy triste por ahí arriba.
Cuando te fuiste arrastrabas los pies.
En el portal ahora ha crecido el musgo, musgos
distintos,
¡demasiado profundos para limpiarlos!
Los hojas caen pronto este otoño, por culpa del viento.
Las mariposas emparejadas ya amarillean en el agosto
sobre la hierba del jardín del oeste;
me duelen. Me hago vieja.
Si has de venir por los vados del río Kiang,
por favor, házmelo saber de antemano
y yo saldré a recibirte,
iré hasta Cho-fu-sa.

Por Rihaku

traduccion Javier Calvo

EL ENCUENTRO

Mientras ellos hablaban todo el tiempo de la nueva moral
ella me exploraba con sus ojos.
y cuando me levanté para marcharme
sus dedos fueron como el tejido
de una servilleta japonesa de papel.

traduccion Javier Calvo



LA BUHARDILLA

Ven, apiadémonos de aquellos que tienen más que nosotros.
Ven, amiga mía, y recuerda
que los ricos tienen mayordomos y carecen de amigos,
y que nosotros tenemos amigos y no mayordomos.
Ven, apiadémonos de los casados y los solteros.
La aurora entra con sus piececitos
como una Pavlova dorada
y yo estoy cerca de mi deseo.
No hay en la vida cosa mejor
que esta hora de clara frescura,
la hora de despertarnos juntos.

Traducción: E. L. Revol

ENCARGO

Id, cantos míos, al solitario y al insatisfecho,
id también al que tiene los nervios deshechos, al esclavo de las convenciones,
mostradles el desprecio que siento por sus opresores.
id como una gran ola de agua fría,
mostradles mi desprecio por los opresores.

Hablad contra la opresión inconsciente,
hablad contra la tiranía de la falta de imaginación,
hablad contra las trabas.

Id a la burguesa que se está muriendo de tedio,
id a las mujeres de los suburbios.
id a los espantosamente casados,
id a aquellos cuyo fracaso está oculto,
Id a la desgraciadamente casada,
Id a la esposa comprada,
id a la mujer impuesta.

Id a aquellos de lujuria exquisita,
id a aquellos cuyos delicados deseos son frustrados,
id como plaga contra la estupidez del mundo;
id con vuestro filo contra esto,
reforzad las cuerdas sutiles,
llevad confianza a las algas y los tentáculos del alma.

Id amigablemente,
id con palabras sinceras.
Estad ávidos por hallar nuevos males y un nuevo bien,
estad contra todas las formas de opresión.
Id a aquellos que están embotados por la madurez,
hacia aquellos que han perdido su interés.

Id al adolescente que es sofocado en familia...
¡Oh! ¡Cuán asqueroso resulta
ver tres generaciones en una misma casa reunidas!
Es como un árbol viejo con renuevos
y con algunas ramas podridas que ya se caen.

Salid a desafiar la opinión popular,
id contra esta servidumbre vegetativa de la sangre.
Estad contra cualquier clase de opresión.

Traducción: E. L. Revol



EPILOGUE (*)

O CHANSONS foregoing
You were a seven days' wonder.
When you came out in the magazines
You created considerable stir in Chicago,
And now you are stale and worn out,
You're a very depleted fashion,
A hoop-skirt, a calash,
An homely, transient antiquity.
Only emotion remains.
Your emotions?
Are those of a maître-de-cafe

EPÍLOGO

AY, CHANSONS anteriores,
fuisteis una maravilla de siete días.
Cuando salisteis en las revistas
creasteis considerable conmoción en Chicago,
y ahora estáis trilladas y gastadas,
sois una moda agotada,
un miriñaque, una capota vieja,
una efímera antigualla casera.
Sólo queda la emoción.
¿Vuestras emociones?
Son las de un maître de café

Traducción de Rolando Costa Picazo

Francesca
By Ezra Pound

You came in out of the night
And there were flowers in your hands,
Now you will come out of a confusion of people,
Out of a turmoil of speech about you.

I who have seen you amid the primal things
Was angry when they spoke your name
IN ordinary places.
I would that the cool waves might flow over my mind,
And that the world should dry as a dead leaf,
Or as a dandelion seed-pod and be swept away,
So that I might find you again,
Alone.

FRANCESCA
Saliste de la noche
Y había flores en tus manos,
Ahora saldrás de una muchedumbre,
De una confusión de habladurías sobre ti.

Yo que he sabido verte entre las cosas esenciales
Me enojé cuando pronunciaron tu nombre
en lugares comunes.
Quisiera que las frías olas fluyeran sobre mi mente,
Y que el mundo se secara como una hoja muerta,
O como una semilla de diente de león que fuera arrasada,
Así tal vez pueda hallarte de nuevo,
Sola

Traduccion Agustina Jojärt

Dylan Thomas - Poemas Completos

Gentileza: l. a. ponis

Traducción, prólogo y notas de ELIZABETH AZCONA CRANWELL

LA POESÍA DE DYLAN THOMAS

Hablar de un poeta es tan sólo poner de manifiesto lo que tal poeta dice de sí mismo. Es tratar de expresar cómo la vida se nombra en él. La dificultad consiste en descubrir tras los gestos de lo cotidiano, las máscaras de sus ceremonias ignoradas; tras los miedos, el goce, la mirada, el fracaso o el exceso, reconocer su rasgo esencial, su palabra primaria, la caligrafía íntima de su propia contemplación.
Las circunstancias espectaculares y la leyenda tejida en torno a Dylan Thomas, esa figura excéntrica que paseaba su angustia y sus borracheras por los bares del Greenwich Village y por otra parte, el luminoso opuesto del adolescente perseguidor de pájaros que se extasiaba en la contemplación del mar y las colinas de Swansea, han mediado, especialmente en el público de América, en la valoración de su obra. Con Dylan Thomas ocurre un fenómeno curioso: todo el mundo habla de él. muchos han leído sus páginas en prosa Retrato del artista cachorro y Con distinta piel, también se ha visto representada su pieza teatral Bajo el bosque de leche, obra valiosa por su sentido del humor altamente poético, pero muy pocos conocen a fondo su poesía, lugar donde el lenguaje de Dylan Thomas alcanza su revelación más poderosa.
El nacimiento, la infancia, la adolescencia, la sexualidad, la religión, la muerte, el idioma del paisaje, la leyenda, en la visión acelerada de un múltiple universo de símbolos conforman la esencia de esta poesía. Rebelión de las fuerzas vitales ante las formas que avanzan hacia su caducidad, música y memoria de un paraíso perdido en la niñez, gozo profundo ante los milagros y una constante búsqueda de la verdad inmutable del hombre, oculta en los mitos, los colores, los sonidos, las repeticiones eternas. Y que sólo se manifiesta a la luz de las palabras. Dylan Thomas trata de aprehender los limites de lo creado, la belleza y el terror de vivir, por medio de una participación activa en ambos extremos. Se trata del "éxtasis de la vida y el horror de la vida" de que hablara Baudelaire. Y en esa travesía de opuestos, se cumplirá finalmente un acto de apertura y celebración.

Situación histórica.
Que en Inglaterra surgiera un poeta como Dylan Thomas dentro de la década del 30 (Eighteen Poems, London, Fortune Press, 1934) aunque resulte extraño en un primer análisis no es más que la consecuencia lógica de un proceso inevitable. Inglaterra, a causa de su conservadorismo e insularidad, asumió más lentamente que otros países los cambios en la cultura y en las escuelas literarias. La literatura inglesa en general y la poesía en particular han tenido siempre un tiempo interno propio, un modo peculiar de aproximarse a los objetos y a los temas que trataba. Pero la aceleración de las metamorfosis ocurridas en el siglo XX no pudo serle ajena. En la década del 30 ya habían decantado los fenómenos de principios de siglo: la crisis de la agricultura, la primera guerra mundial, las transformaciones sociales. Entre las dos instancias claves que predominaban en la literatura británica: the isolalion y the relationship, se hacía necesaria una opción y ella no podía ser otra que el abandono de los problemas individuales y el intento de una comunicación que fuera compromiso con el hombre genérico, como miembro de una sociedad conflictuada en la que había que participar activamente. Esto es notorio en los poetas llamados de los thirties o la war generation cuyas preocupaciones básicas eran las cuestiones sociales —las teorías de Marx especialmente— y la indagación psicológica, sobre todo los descubrimientos freudianos. Pero lo psicológico era mirado desde fuera, como intento de dilucidar la génesis de las enfermedades de la civilización. De ahí que todos sus integrantes hicieran causa común con la guerra civil española y algunos de ellos hasta se enrolaran en las filas republicanas. Desde luego, su obra fue el resultado de esta actitud. La poesía de Auden, por ejemplo, llena de tesis, antítesis y demostraciones por el contrario, lleva a la conclusión de que las especulaciones sobre lo que para el hombre representa cada cosa en relación con el tiempo, Dios o el conocimiento deben ser trasladadas a la circunstancia inmediata. Day Lewis toma sobre sí el problema que preocupó a toda su generación: la elección entre la salvación del individuo y la salvación de la masa. Los primeros poemas de Spender, reclaman justicia y defienden a los trabajadores explotados. Junto con estos poetas hay que considerar a Mac Niece, con su exceso de sentido común, a Grigson, que odiaba toda subjetividad y a algunos otros que integraron esta generación del 30. A pesar de que muchos de ellos lograron valiosos poemas y una obra de importancia, todos tropezaron con la misma imposibilidad: la de conformar una imagen metafísica del hombre.
Es evidente que cada vez que la circunstancia social ha obligado al artista y al poeta a respuestas inmediatas, surge a continuación el fenómeno contrario. Encerrado en esquemas masivos la eterna aspiración a "otra cosa" que hay en el hombre, va elaborando su apertura hacia ella, hacia esa zona que reconoce su infinito más allá de la cuantificación, hacia esa sustancia que no puede reducirse a lo genérico de la especie humana, sino que es el hombre en y por sí mismo. Si bien en esas circunstancias no parecía posible conformar una imagen metafísica del hombre, sí lo era volverse hacia los símbolos, al inconsciente, a la religión para elaborar una imagen mítica, en cuanto el mito puede proporcionar una respuesta a las constantes del ser, respuesta que conformase a la conciencia profunda y devolviera al hombre su individualidad perdida. Así surgió la generación que se llamaría de los forties integrada por poetas como George Barker, Sydney Keyes, David Gascoyne —único surrealista inglés— el grupo neorromántico del Apocalipsis y muchos otros entre los cuales Dylan Thomas no sólo fue el pionero sino el más importante de todos ellos.

Los símbolos constantes:
En ese momento histórico en que los símbolos se convertían en meros signos de la experiencia, en una época que reclamaba del poeta cierto compromiso social, Dylan Thomas trascendió el límite de lo inmediato, se apartó de lo social para reconocer el poder de las fuerzas movilizadoras de la vida, habló de la sucesión de ritmos que en el mundo se oponen y se corresponden y convirtió lo que descubría en una llave luminosa de conocimiento poético. Es notable que en más de una oportunidad haya sido un escritor de origen céltico quien quebrara esa línea de racionalidad en Gran Bretaña, que acudiese al inconsciente, a lo oculto, a lo universal para exponer su propia cosmovisión, como en el caso de Joyce, que partiendo de la relación del entorno con el mito se elevó sobre lo contingente para crear una conciencia de la raza.
Se afirma que la poesía de Dylan Thomas está cargada de metáforas. Insisto en hablar de símbolos, puesto que en muchos de sus versos no hay una mera comparación —antinómica o no— de dos términos como ocurre en la metáfora, sino que se dan series de relaciones mucho más complejas, que vuelven tangible y vívido lo que de otro modo resultaría esfumado o remoto.
Elder Olson , crítico y exégeta de la obra de Thomas, reconoce en ella tres tipos de símbolos: 1) los naturales, 2) los convencionales, 3) los privados. Los símbolos naturales son aquellos que pertenecen a la "realidad" y no a la "figura". Pueden ser usados por cualquier poeta, pero corresponde a cada uno el último afinamiento de significación. La luz —por ejemplo— tomada como símbolo de vida, la oscuridad como el mal, el ascenso como resurrección, el descenso como regresión o muerte. Mientras que las interpretaciones que Dylan hace de los hallazgos de Freud, de algunas claves del Ulises, de ciertos pasajes de la Biblia, constituirían los símbolos convencionales puesto que se apoyan en una aceptación común, así como sucede con sus frecuentes referencias a la astrología, las imágenes litúrgicas, la magia, la alquimia, la cartografía y las sagas regionales. Y los privados serían aquellos encontrados, descubiertos o inventados por el poeta y que forman coordenadas claves en toda su obra. De este modo, al asociar en virtud de una operación analógica unas cosas con otras, unos sucesos con otros, traslada los objetos comunes y las sustancias corrientes al lenguaje de las correspondencias: la cera es símbolo de muerte, representa la carne mortal; el aceite lo es de vida; la sal resulta significadora del nacimiento dentro del mar; las cuevas y cavidades —y aquí se aparta de Freud— no tienen connotación sexual sino que simbolizan las partes más recónditas del espíritu; las iglesias y las capillas se relacionan con la primitiva fe perdida; los cuchillos y las tijeras representan al mismo tiempo el nacimiento y la muerte, puesto que existe el corte del cordón umbilical y el corte definitivo de la existencia. La momia egipcia se asocia con las digresiones sobre la inmortalidad del alma. Los sastres simbolizan aquello que ata a los hombres entre sí y al mismo tiempo el sudario que será su última vestidura. Y por fin todo el camino de la vida es un túnel, semejante a la prisión prenatal. es una lucha desde las tinieblas por alcanzar la luz. Así lo expresa en Poem on his birthday (Poema en su cumpleaños): "La oscuridad es un camino y la luz un lugar / el cielo que no existió ni existirá jamás es siempre cierto / y en ese vacío tupido de malezas / como los bosques de zarzamoras / crecen los muertos para su alegría". Con la imaginación vislumbra esa zona donde cada cosa ganará un lugar dentro de la luz. La existencia es una cárcel simbólica en la que podemos recrearnos con las pasiones transitorias que hallamos en el camino, pero que son sólo reflejos de la totalidad.
En estos símbolos privados hay sin duda campo fértil, tanto para la investigación psicológica como para la exploración estilística. Pero cuando en 1934 apareció su primer libro Eighteen Poems la crítica no investigó demasiado, sino que halló a su poesía difícil, irracional e indisciplinada. Mac Niece la juzgó salvaje, como el discurso rítmico de un ebrio. Porteous la llamó "una peregrinación sin guía hacia el hospicio". Spender afirmó categóricamente que se trataba de material poético en bruto, sin control inteligente o inteligible. Resultaba difícil para ellos entender que Dylan, a pesar de haber conocido, asumido y padecido los descubrimientos de Freud y el marxismo, no teorizase sobre ellos como lo hiciera la generación anterior, que se apartara de Marx y que utilizara poéticamente algunos elementos del psicoanálisis. Que se nutriera en otras fuentes no exploradas por los poetas de los thirties y que buscase antes de poetizar sobre la circunstancia inmediata, un equilibrio entre la actitud existencial y las fuerzas de mutación que actúan en el cosmos.

Tres períodos
Aunque la división parezca académica, deben reconocerse tres períodos en la poesía thomasiana, clasificación que el mismo Dylan admitía de buen grado. En los poemas del primer período (hasta Twenty Five Poems) la dificultad esencial con que tropieza el lector es la de entender quién es el que habla, qué cosa desea expresar por sobre todas las demás que afluyen como ríos constantes. Esto y su costumbre de cambiar el hablante varias veces dentro de un mismo poema —a la manera de algunas viejas baladas inglesas como Turpin Hero, que empieza en primera persona y termina en tercera— unido a su lenguaje complejo y difícil es lo que determina la oscuridad de esta poesía. Por momentos, las imágenes parecen producto de la asociación libre, pero un análisis más profundo demuestra que la superposición ha sido deliberadamente planeada. Su diferencia con los surrealistas —y él mismo lo dice en su Manifiesto Poético— es que suele utilizar el material que proviene del inconsciente y del mundo onírico, pero lo somete a una suerte de revisión, a una suerte de ordenamiento inteligente, tal como a su modo lo hicieran Manley Hopkins en poesía y Joyce en prosa. Con el descubrimiento del inconsciente se abren para el poeta caminos insospechados de asociación que le sirven para crear su universo de analogías personales.
Estos primeros poemas, podrían representarse en última síntesis por un dualismo fundamental: dos palabras claves que en inglés tienen semejanza silábica: womb y tomb (útero y tumba), dos límites dentro de los que se cumple, con sus alturas y sus caídas, la totalidad de la existencia. Aplicando a su modo el principio dialéctico llega a comunicar su participación en los fenómenos de la vida y la muerte. Retorna al útero y trasmite las sensaciones que adivina en el feto; es semilla, espíritu, se desprende de la materia, trepa hasta el sueño para descubrir la luz en un plano extrahumano, se convierte en planta, mineral, animal, se vuelve parte de los abismos del mar, desciende a la tumba y padece la existencia secreta de los muertos, vive la desintegración de los átomos y su incorporación a nuevas formas de vida para tratar de asir, desde todo ello, el secreto último de la creación: "Antes que llamara y la carne me abriese / que mis liquidas manos golpearan en el vientre / yo que era entonces informe como el agua / que formaba el Jordán junto a mi casa / era hermano de la hija de Mnetha / y hermana del gusano que me daba la vida" (Before I knocked = Antes que llamara). Y también "Soñé mí génesis en sudores de muerte / caído por dos veces en el nutricio mar / vástago rancio de la sal de Adán, visión / de nueva fuerza humana. Busco al sol'. (I dreamed My genesis — Soñé mi génesis).
Uno de los temas principales de este período es el sexo, entendido como potencia creadora. La fuerza originaria de la vida forma los polos de la sexualidad universal, cuyo principio es el desdoblamiento del uno y el dos. "Oh, ved en los muchachos los polos de la promesa" (I see the boys of Summer = Veo los muchachos del verano). Pero al mismo tiempo existe la fuerza tanática que va cercenando a la energía erótica desde dentro. El sexo atrae compulsivamente pero el poeta llega a la conclusión de que sólo sirve a la especie. Y para el individuo no es más que una droga que hace olvidar el paso del tiempo, la deterioración implícita en la carne, la impotencia de la vejez. El húmedo músculo del amor se aja y muere / aquí estalla un beso en una cantera sin amor (Veo a los muchachos del verano). Y también: "La mitad de este mundo es del demonio, la otra mitad es mía / bobo por esa droga fumada en una niña / y encerrado en el brote que bifurca su ojo" para añadir más adelante: "Yo me siento y contemplo bajo mi uña al gusano / que corroe lo vivo" ( If I were tickled by the rub of love — Si me hiciera cosquillas el roce del amor). Ante esta disyunción entre eros y thanatos que no puede resolverse acude a un intento de modificación de la apariencia, decide separarse de su propia humanidad para reflejarla alterada en un espejo que no le devuelve otra cosa que una imagen de sí mismo: "hombre sé mi metáfora" ruega en un clamor por la salvación. Porque a veces es una metáfora, no una cualquiera, sino la metáfora clave donde se explica toda su obra, el medio por el cual el poeta descubre la ley secreta de lo viviente, el diálogo de toda criatura con su alrededor y su existencia, lugares de los que debe rescatar su ser y donde tiene que desentrañar su destino. La parábola sigue su curso y en el segundo período de la poesía de Dylan Thomas se comprueba una mayor aceptación de lo exterior. Sus poemas son ahora, además de puros actos de creación, modos de revelación de la experiencia. Tomemos al azar Ceremony after a fire raid, que por su contenido se tradujo como "Ceremonia después de un bombardeo". Nada puede ser más desolador que una ciudad devastada. Pero el poema, que comienza con una descripción del ámbito, acaba con una celebración ritual donde se invierte el proceso seguido en los poemas anteriores: en lugar de aludir a la muerte como una forma que acecha dentro de la vida, esta vez es la vida que renace desde la muerte. La aniquilación y el renacimiento intercambian sus alucinantes figuras, una fantasmagoría prodigiosa se apropia de la dura realidad y mezcla uno y mil cuadros que desembocan en la esperanza: "Dentro del pan en un sembrado de llamas / dentro del vino abrasador como aguardiente / las misas del mar / las misas del mar bajo / las misas del mar que engendra niños / irrumpen como fuentes y entran a colmar para siempre / gloria, gloria, gloria / el reino final y destructor del trueno de la génesis.
En esta etapa, Dylan se aparta de la interpretación freudiana en favor de una mayor universalidad. Existen los ciclos, el eterno retorno y las cosas que en el mundo aparecen son señales de las razones para que así ocurra. El lenguaje se clarifica, se vuelve dinámico, incisivo, frecuentado por inesperadas rupturas. Hay cierto parentesco con los símbolos arquetípicos de Jung y aunque el hecho no sea deliberado estamos frente a la aplicación poética de la teoría de las imágenes primordiales en el inconsciente colectivo, lo que llevaría a la conclusión de que la poesía es más efectiva cuanto más universal. Esta es la clave para interpretar el segundo período en la obra poética de Thomas.
Cuando luego de un proceso semejante se vuelve al hombre como sujeto final de la poesía, la mirada abarca una dimensión más amplia. De vuelta de ese diálogo entre la conciencia poética y la experiencia real, el poeta entra en una relación diferente con el ser. Estamos en el tercer período de su poesía que algunos críticos han llamado la "etapa humana". Y esta denominación tiene su razón de ser. Dylan se instala en sus propios límites de hombre, hace una profesión de fe casi panteísta, intenta adueñarse de la raíz sensual y la savia de la vida. Aquella dinámica que operaba desde lo sexual, desde los polos útero-tumba, se ha metamorfoseado, pues el poeta se reconcilia aquí con los hechos incuestionables de la mutabilidad y la muerte.
Preocupado por el fenómeno de la vida, Dylan Thomas no obstante, no se había preguntado por su sentido. De la rebeldía llega a la fe sin pasar por el purgatorio de la duda o el infierno de la desesperación. Bardo en el viejo sentido de la palabra, a la manera de François Villon o de su compatriota medieval Dafyd Ap Gwilin, se vuelve a la leyenda que conserva la fuerza de lo primitivo y permanece como patrimonio del hombre. Partiendo de lo épico construye una epifanía dentro de la que cumple su gran acto de pacificación con el universo y consigo mismo. Experimenta el ascenso hasta hacerse uno con la materia poética que esta vez es el paisaje mágico, la saga, el descubrimiento de las leyes secretas que subyacen en todo mito arraigado a través de los siglos (Ballad of the long legged bait = "Balada del señuelo de piernas largas", "In country Sleep" = "En el sueño campesino", Over St John Hill = Sobre el cerro de Saint John, Winter's tale = "Cuento de invierno", On white Giant tigh = "En el muslo del gigante blanco", entre otros. En esta etapa alcanza su soberanía en la transparencia, deja de tender a la oscuridad, de enumerar sus hambres emboscadas para escrutar los signos de la infancia, las alegorías de los cuentos de hadas que explican la creación en un idioma afín con la poesía: "Es un cuento de invierno / que el anochecer ciego de nieve trasporta sobre los lagos / y los campos flotantes de la granja en lo copa de los valles / sobre el pálido aliento del rebaño en la vela furtiva que resbala calmo entre los copos plegados a mano / y sobre las estrellas que se entregan al frío / y en el olor del heno entre la nieve y el remoto búho / que da consejos entre los rebaños y en la zarpa de hielo / en los valles cruzados por los ríos donde se dijo el cuento". (Cuento de invierno).
Como réplica a los que afirman que la genialidad de esta poesía reside en la música del lenguaje, podría decirse que en este período la unidad del idioma no es la palabra misma, ni tampoco la música ni la respiración, ambas muy importantes pero no decisivas. La fuerza consiste en que, en virtud de una extraña alquimia verbal, cada verso es una réplica del anterior, de modo que cada línea sugiere la próxima y cada imagen vale tanto en sí misma como articulada con las otras. Al decir de Grigson se trata de solecismos masivos cargados de profundidad y de extraño poder mágico. La escanción y el ritmo han cambiado con respecto de las etapas anteriores. Los versos son largos, con ictus que marcan una cadencia salmódica, de acuerdo con una operación del espíritu que por fin acepta la renovación terrestre, la precesión y transformación de las estaciones, el equilibrio del ritmo cósmico, el diálogo entre la permanencia del ser y la movilidad del mundo: "Y tú despertarás del sueño campestre en este amanecer / y cada amanecer primero / tu fe tan inmortal como el clamor del obediente sol (En el sueño campestre).

Dos poemas religiosos
Dylan Thomas nunca ha buscado respuestas filosóficas a los interrogantes metafísicos. Es un poeta que cree en Dios, en la naturaleza y en la caída. Sobre todo, cree en la gracia. En los poemas últimos hay una aceptación rotunda de su fe. Su religión es natural, los símbolos y las alusiones a la Biblia constituyen un conocimiento directo. La religión no es mediación, es una parte de la vida, como lo son la tierra y el mar. Con un lenguaje que se aproxima al de Manley Hopkins, comunica plenamente esta aquiescencia en dos series de poemas: "En dirección al altar bajo la luz del búho" y "Visión y Plegaria" . La primera serie consta de diez sonetos y cierra el segundo volumen de poemas Twenty Five Poems. En estos sonetos el poema se apropia del cielo entero, de las divinidades paganas, de los mitos de varias religiones. Pero aunque juega con las diversas deidades interpreta a su modo un juego de firmamentos opuestos. Desde un principio se muestra comprometido con la visión cristiana y la serie entera resulta ser una interpretación poética del Apocalipsis.
El primer soneto comienza con la peregrinación de Hércules, en una narración pagana por excelencia:

En dirección al altar bajo la luz del búho
a mitad del camino de la casa
el caballero con sus furias declina hacia la tumba
Abadon en el pellejo arrancado a la uña de Adán,
devorador de mundos, con la quijada al acecho de nuevas
un perro entre las ferias con su horquilla
arrancó a dentelladas la mandrágora gritando hacia el mañana
entonces, con monedas por ojos, este señor de las heridas,
viejo gallo de ningún sitio y del huevo celeste
con huesos desprendidos en los vientos a mitad de su curso
sobre una pierna en medio del ventoso naufragio
en errante palabra vino a arañar mi cuna
esa noche del tiempo al abrigo de Cristo:
él dijo: soy el héroe que viaja alrededor del mundo
y comparto mi lecho con Capricornio y Cáncer.
Son frecuentes las alusiones a la astronomía, la astrología, el Antiguo y el Nuevo Testamento, las figuras de los naipes y la mitología egipcia. Pero a partir del soneto VIII el poeta se refiere directamente a la crucifixión de Cristo:

Fue la crucifixión en la montaña
los nervios del tiempo en vinagre, la tumba como horca
tan untada de sangre como las fúlgidas espinas de mis lágrimas
es el mundo mi herida, la María de Dios en su dolor
como tres árboles doblada y con pechos de pájaro debajo de la túnica
es la mujer de interminable herida, con alfileres en lugar de lágrimas.
Era el cielo, Juan Cristo, y cada esquina trovadora
ganó la marcha de los clavos llevados hacia el cielo
hasta que el arco-iris tricolor de mis pechos
se arrastró entre los polos alrededor del mundo en su despertar de caracol
Yo junto al árbol donde colgaban los ladrones, mediquillo de toda gloria
castré al esqueleto en este minuto montañoso
y junto al reloj de viento que del sol es testigo
padezco a los infantes celestiales en los latidos de mi corazón.

Y la serie termina con una clara formulación de la certeza del retorno al Edén, pues lo que el tiempo destruye, puede a pesar de todo ser restaurado: "Verde como el comienzo deja al jardín que se hunde / que trepe con sus torres de cáscara hasta el día / en que el gusano construirá con las pajas doradas del veneno / mi nido de clemencia en el tosco árbol rojo".
En la otra serie "Visión y plegaria" describe el estado de inocencia anterior a la caída. La primera parte "Visión" está compuesta de seis poemas escritos caligramaticamente, con sílabas combinadas en su extensión y tipografía de modo que formen la imagen del útero —se ha respetado esto en la traducción—. Se describe el asombro de nacer, de ser testigo de otro nacimiento :

Quien
eres tú
tú que naces
en el cuarto vecino
tan patente en mi cuarto
que alcanzo a oír el vientre
cuando se abre y la sombra que avanza
sobre el fantasma y el hijo que desciende
tras la pared delgada como un hueso de jilguero
en el cuarto sangrante del nacimiento oculto
para el incendio y el girar del tiempo
la huella del corazón humano
no venera el bautismo
sino la sola sombra
cuando bendice
a la salvaje
criatura

En cuanto a la segunda parte "Plegaria" es la manifestación de la comunión total con la naturaleza, del llamado de Dios, de la purificación solar. Estos poemas describen el sitio donde no hay pecado ni condena, sino conocimiento gozoso de cuáles elementos del hombre pertenecen a la tierra, cuáles a la temporalidad y cuáles a lo eterno. Formalmente la serie está compuesta de seis poemas que a primera vista semejan una clepsidra pero en realidad muestran la figura del santo Graal tal como aparece en algunos grabados antiguos. Reproduzco el último de esta serie considerada como una de las mejores composiciones devocionales de Dylan Thomas:

Vuelvo la esquina de la plegaria y ardo
en una bendición del repentino sol
en nombre de los condenados
me volvería o correría
a la escondida tierra
pero el sonoro sol
purifica
el cielo
Alguien
me encuentra
Oh dejadlo
que me abrase y me ahogue
dentro de su herida terrena
Su relámpago contesta mi llanto
mi voz arde en su mano
ahora estoy perdido en Aquel que enceguece
y al fin de la plegaria se oye el clamor del sol

Para Dylan Thomas la poesía fue destino en el sentido que Hegel dio a esa palabra. Destino trágico, polémico, iluminado. Entendemos que el no reconocer este destino conduce a los reinos sin compromiso —o falsamente comprometidos— donde la poesía en función de otra cosa extravía su esencia. ¿Consiste la crisis actual de la poesía en el olvido o menosprecio de este destino?
Dylan Thomas da el ejemplo, no sólo de la distancia que el verdadero poeta establece con las modas, la política, los movimientos de superficie, sino que además demuestra que la poesía, aún la religiosa, no debe necesariamente situarse en un mundo de abstracciones, sino que puede nacer en la zona en que el hombre es uno con la tierra y el cuerpo. Y elevarse luego desde su condición carnal a su lugar de purificación y trascendencia.
Sin embargo, estos cantos de alabanza no le impidieron al poeta sumirse en un destino de autodestrucción, el destino de un alcohólico empedernido que parece huir constantemente hacia la meta final de su aniquilamiento. Juzgar este hecho sería adentrarse en una contradicción que pertenece al terreno de lo psicológico. Sólo me atrevería a sugerir, que tal vez la cárcel de su ego, las limitaciones del medio, las pautas de una sociedad frívola hayan esposado su sed de libertad y que su yo auténtico no haya tenido la fuerza suficiente como para echar abajo esas barreras. Quizá su iluminación no bastó para alumbrar los intersticios de ese engranaje social, descorazonador y apabullante para el poeta. Pero es posible que en esta oposición entre ascenso y descenso, gozo y desesperación resida el daimon oculto y deslumbrador de esta poesía, prodigio que escapa a las disgresiones y la especulación, poesía que ha descripto en tres tiempos, articulados en virtud de una armonía que trasciende la lógica, los dualismos de la insurrección y la reverencia expresados en el lenguaje de la creación más pura.

LA TRADUCCION

a ALDO PELLEGRINI
(in memoriam)

Cuando hace tres años, Aldo Pellegrini me llamó para encomendarme la traducción de los Collected Poems de Dylan Tho-mas, confieso que mi alegría ante la perspectiva de tan hermosa tarea se mezcló con un justificado temor. La elección que Pe-llegrini —poeta, crítico lúcido, investigador infatigable— hacía recaer en mí, se debía a mi larga devoción por el poeta galense, parte de cuya obra yo había traducido exclusivamente por placer. Pero si bien mi conocimiento de Dylan Thomas facilitaba la tarea, también proporcionaba la medida exacta de su dificultad. Tenia ya traducidos unos pocos poemas, los que mejor se avenían con nuestro idioma, los mas "castellanizables". ¿Pero que hacer con aquellos otros en los que jugaban modos especiales de rima, de aliteración, de respiración, de equilibrio estudiado entre vocales y consonantes? Ante esta problemática opte por un criterio doble. Cuando el lenguaje y el contenido podían unirse en español y transmitir un equivalente del inglés en cuanto al ritmo —aunque las palabras fueran más largas y hubiese que emplear mas artículos, podía mantenerse el equilibrio de longitudes silábicas— la traducción fue estricta. En otros casos me atuve principalmente al sentido, rastreado en numerosos libros acerca de la obra de Thomas y de acuerdo con esto fueron recreados algunos versos, pues una traducción literal forzaría el espíritu de nuestra legua. Pero en todos los casos creo haber trabajado con el máximo de rigor. Y aunque la rima que ocasionalmente utiliza no se haya podido dar en español, algunas veces se han trasmitido las aliteraciones y siempre se ha conservado la estructura de cada metáfora, la cadencia, los ictus, y el balanceo de las frases.
De este equilibrio entre dos opciones, espero haya surgido un resultado que permita al público de habla española adentrarse en el universo oscuro, profético, complejo y escandalosamente bello de esta poesía.

E.A.C.

N 0 T A
El prólogo en verso, escrito para esta edición de poemas completos, fue pensado como una guía para mis lectores, esos extraños.
Este libro contiene la mayoría de los poemas que he escrito y todos los que hasta el presente año deseo conservar. He corregido un poco algunos de ellos pero si hubiese continuado revisando todo lo que ahora no me gusta de este libro, hubiera estado tan ocupado que no me habría quedado tiempo para intentar escribir nuevos poemas.
Leí una vez algo sobre un pastor que cuando le preguntaron por que cumplía ciertos ritos, en un circulo de hongos, relacionados con la luna, para proteger sus rebaños, él contestó: "Sería un condenado tonto si no lo hiciera". Estos poemas con todas sus crudezas, sus dudas y confusiones están escritos por amor al Hombre y en alabanza de Dios, y yo sería un condenado tonto si ello no fuera así.

D. T.
Noviembre, 1952.

PROLOGO DEL AUTOR

Este día que hoy devana ante Dios
el fin del verano apresurado
en el torrente del sol color salmón,
en mi casa que los mares sacuden
sobre un despeñadero
enredada entre fruta y gorjeos,
espuma, flauta, aleta y pluma,
ante la pezuña danzarina de un bosque
junto a las arenas espumosas con estrellas marinas
cruzadas por vendedoras de pescado
por flautistas y velas, coquillas y gaviotas,
y afuera el cuervo negro,
hombres con avíos de nubes
que se hincan ante los nidos del crepúsculo,
muchachos que tajean a los gansos
cercanos en el cielo,
y garzas, caracolas
que hablan los siete mares,
aguas eternas, lejos de las ciudades
con noches de nueve días
cuyas torres se enredaran
en el viento piadoso
como estacas de paja alta y seca,
ante la pobre paz yo canto
para vosotros, extranjeros,
(aunque la canción sea un acto
encrespado y ardiente,
con el fuego de los pájaros
en el bosque giratorio del mundo
por mis sonidos salpicados y dispersos
fuera de estas hojas con pulgares de mar
que han de echarse a volar para caer
como las hojas de los árboles, tan pronto
como se desmoronen sin morirse,
al entrar en la noche sofocante.
Guardián del mar, el salmón sorbe los deslices del sol
y los cisnes mudos amoratan
mi penumbra que roció la bahía mientras yo acuchillo
a este alboroto de las formas,
para que sepas tú como yo, un hombre giratorio
reverencio también a la estrella y al pájaro estruendoso,
al mar nacido y al hombre desgarrado y a la sangre bendita.
Oye: en este sitio soplo la trompeta
desde el pez hasta el cerro saltarín.
Mira: construyo mi barca que desciende
hasta lo mas alto de mi amor
cuando el diluvio empieza
fuera del manantial del miedo, de la candente ira del hombre que está vivo,
fluido y montañoso brota
sobre las granjas vacías blanco-oveja
que duermen heridas por el sueño
hacia Gales en mis brazos.
¡Oh, guárdate en un castillo
tu, rey de las tonadas de los búhos,
que iluminas de luna las carreras aladas
y zambulles al ciervo muerto
envuelto en pieles de cañada!
¡Hola, en armaduras plúmbeas
oh mi anillada paloma torcaz
en la ululante oscuridad cercana
con la corneja reverente de Gales,
arrulla la alabanza de los bosques
la que aluna sus notas azules desde el nido
hasta la grey de pájaros acuáticos!
¡Alto, cofradía festiva,
ágape, con el pesar en vuestros picos
sobre los cabos parloteantes!
¡Ay a caballo del cerro
la veloz liebre macho!
que oye en esta luz de zorro
el estruendo del diluvio en mi barca
mientras rompo y destruyo
(un choque de yunques
para mi alboroto y mi violín
esta tonada sobre un hongo esponjoso)
todo menos los animales gruesos como ladrones
sobre las rudas y confusas tierras del Señor
(¡Salud a la raza de Sus bestias!)
¡las bestias que duermen flacas y bondadosas,
chito, en los bosques que abultan como cerdos!
¡Cloquean las huecas granjas de las parvas
y se aferran al tropel de las aguas!
Oh, el reino de vecinos aleteante
caído y desplumado, destella en mi barca remendada
y la luz de la luna se bebió a Noé en la bahía
con pellejo y escamas y vellones;
solo las ahogadas campanas profundas
de ovejas y de iglesias
resuenan por la pobre paz cuando el sol cae
y las tinieblas cubren todos los campos benditos.
¡Cabalgaremos solitarios y entonces
bajo las estrellas de Gales
han de llorar multitudes de barcas!
A través de las tierras con párpados acuáticos,
guarecidas con sus amores
ellas irán de una colina a otra
como boscosas islas.
¡Hola, mi paloma de proa con su flauta!
¡Salve, viejo zorro con tus patas de mar,
picaflor y jilguero!
Mi barca canta al sol
al final del verano por Dios apresurado
y el diluvio comienza a florecer.

VEO A LOS MUCHACHOS DEL VERANO

I

Veo a los muchachos del verano en su ruina
convertir en eriales los dorados rastrojos,
desdeñar las cosechas y congelar los suelos;
y allí, en su ardor, el invernal diluvio
de amores escarchados, persiguen a las niñas,
y echan en sus mareas los sacos de manzanas.

Los muchachos de luz en su locura, coagulan lo que tocan,
agrian la miel hirviente;
hurguetean los muñecos de escarcha en las colmenas;
allí en el sol, frígidas hebras
de oscuridad y duda, ellos nutren sus nervios
y el signo de la luna, nada es en sus vacíos.

Veo a los muchachos del verano en el vientre materno
rasgar hacia la luz la atmósfera del útero,
dividir noche y día con pulgares de duende;
allí, desde lo hondo, con sombras seccionadas
de sol y luna ellos pintan sus dársenas
mientras les pinta el sol los cascos de la frente.

Sé que de estos muchachos han de surgir hombres de nada
hechos por la transformación de las semillas,
o han de lisiar el aire saltando de sus llamas,
desde sus corazones, cuando el pulso candente
del amor y la luz estalle en sus gargantas.
Oh, ved el pulso del verano en el hielo.

II

Pero las estaciones deben ser desafiadas o se tambalearán
en algún cuarto de hora repicante
donde, como una puntual muerte hacemos tintinear las estrellas;
esa noche en que el invierno soñoliento
les tira de la negra lengua a las campanas
y no se atreven a chistar siquiera
los vientos de la luna y de la medianoche.

Somos los oscuros negadores, exorcicemos a la muerte
en la mujer colmada de verano,
arrojemos la vida musculosa de los amantes que se crispan,
y de los muertos limpios que hace fluir el mar
echemos al gusano de ojos brillantes en la linterna de Davy,
y del vientre preñado quitemos el muñeco de paja.

Nosotros, muchachos del verano en esta red de cuatro vientos,
verdes por el hierro de las algas,
levantemos al bullicioso mar y arrojemos sus pájaros,
alcemos la bola del mundo llena de olas y espuma
para ahogar los desiertos con sus mareas
y trenzar los jardines del condado.

En primavera ornamentamos nuestra frente.
Vivan las bayas y la sangre,
y crucificamos a los alegres señores en los árboles;
Aquí el húmedo músculo del amor se aja y muere,
aquí estalla un beso en una cantera sin amor,
Oh ved en los muchachos los polos de la promesa.

III

Yo os veo, muchachos del verano, en vuestra ruina.
El hombre en el desierto de su larva.
Y los muchachos son plenos y ajenos en la bolsa.
Soy el hombre que vuestro padre fue.
Somos hijos del pedernal y de la brea.
Oh, ved cómo se besan los polos que se cruzan.

CUANDO DE PRONTO LOS CERROJOS DEL CREPÚSCULO

Cuando de pronto los cerrojos del crepúsculo
ya no encerraron el largo gusano de mi dedo
ni maldijeron al mar enroscado en mi puño,
la boca del tiempo sorbió como una esponja
el ácido lechoso en cada gozne
y se tragó los líquidos del pecho hasta secarlo.

Cuando el mar de galaxia fue sorbido
y liberado todo el lecho seco del mar,
envié a mi criatura para explorar el globo,
el mismo globo de pelos y osamenta
que cosido a mí mismo por mi mente y mis nervios,
mi frasco de materia ligara a su costilla.

Mis fusibles calcularon el tiempo para impulsar su corazón,
él estalló, hecho polvo, hacia la luz
y celebró con el sol un pequeño sabático,
pero cuando los astros asumiendo su forma
dibujaron las briznas del sueño en sus ojos,
ahogó dentro de un sueño las magias de su padre.

Todo surgió armado de la tumba
el cáncer pelirrojo, vivo aún,
los ojos velados de cataratas con sus turbios tejidos;
algunos muertos deshicieron sus quijadas tupidas,
y hubo bolsas de sangre que soltaron sus moscas;
él supo de memoria el sendero de cruces funerarias.

El sueño navega las mareas del tiempo;
el áspero sargazo de la tumba
entrega a sus muertos en este mar tan laborioso;
y el sueño mudo rueda por los lechos
donde las sombras comen el alimento de los peces
y a través de las flores, emergen hacia el cielo.

Cuando de pronto giraron las tuercas del crepúsculo,
y la leche materna fue dura como arena,
envié a mi propio embajador hacia la luz;
por truco o por azar él se durmió
y por arte de magia se armó de una osamenta
para robarme los fluidos en su corazón.

Despierta, mi durmiente, hacia el sol,
trabajador en la mañana pueblerina
y deja a este soñoliento en el sitio en que yace;
han caído los cercos de la luz,
sólo quedan en pie los jinetes más diestros,
y hay mundos que cuelgan de los árboles.
UN CAMBIO EN LOS CLIMAS DEL CORAZÓN

Un cambio en los climas del corazón
vuelve seco lo húmedo, la bala de oro estalla
sobre la tumba helada.
Un clima en la comarca de las venas
cambia la noche en día; la sangre entre sus soles
ilumina al viviente gusano.

Un cambio en el ojo advierte a tiempo
la ceguera hasta el hueso; y el útero incorpora
una muerte mientras surge la vida.

Una sombra en el clima del ojo
es a medias su luz; el mar sondeado irrumpe
sobre una tierra sin arpones.
La semilla que del lomo hace una selva
divide en dos su fruto; y la mitad se escurre
lenta en un viento dormido.

Un clima en la carne y el hueso
es seca y húmeda; el viviente y el muerto
se mueven como espectros ante el ojo.

Un cambio en el clima del mundo
vuelve espectro al espectro; y cada niño dentro su madre
se repliega en su doble de sombra.
Un cambio echa la luna dentro del sol,
tira de las ajadas cortinas de la piel;
y el corazón entrega a sus muertos.
ANTES QUE LLAMARA

Antes que llamara y la carne me abriese,
que mis líquidas manos golpearan en el vientre,
yo, que era entonces informe como el agua
que formaba el Jordán junto a mi casa
era hermano de la hija de Mnetha
y hermana del gusano que gestaba la vida.

Yo que era sordo ante la primavera y el verano,
que no sabía los nombres de la luna y el sol,
ya sentía el latido bajo la armadura de mi carne,
aunque existía sólo en forma de infusorio,
veía las plomizas estrellas, el martillo lluvioso
que mi padre balanceaba en su cúpula.

Conocía el mensaje del invierno,
los dardos del granizo y la nieve pueril
y el viento era mi hermana pretendiente;
en mí saltaba el viento, el rocío infernal;
y mis venas fluían con los climas de oriente;
antes que me engendraran supe el día y la noche.

Antes que me engendraran ya por cierto sufría;
el potro de tortura de los sueños
enroscaba mi osamenta de lirio
en una cifra viva,
la carne era cortada para cruzar los bordes
de las horcas en cruces sobre el hígado
y las zarzas de los cerebros estrujados.

Mi garganta conocía la sed antes de la estructura
de vena y piel alrededor del pozo
donde palabras y agua se entremezclan
sin pausa alguna, hasta pudrir la sangre,
mi corazón conocía el amor, mi vientre el hambre;
al gusano yo olía entre mis propias heces.

Después el tiempo envió a mi mortal criatura
a derivar o ahogarse en los océanos
habituados a la aventura de la sal
en las mareas que jamás tocan las orillas.
Yo que era rico, me hice más rico aún
sorbiendo poco a poco el vino de los días.

Nacido del espectro y la carne, no era espectro
ni hombre, sino espectro mortal.
Y luego me abatió la pluma de la muerte.
Fui mortal hasta el último suspiro prolongado
que llevó hacia mi padre
el mensaje de su agónico cristo.

Tú que te inclinas en la cruz y el altar
acuérdate de mí y apiádate de Aquel
que mi carne y mi sangre tomó por armadura
y llegó a traicionar el vientre de mi madre.
LA FUERZA QUE POR EL VERDE TALLO IMPULSA A LA FLOR

La fuerza que por el verde tallo impulsa a la flor
impulsa mis verdes años; la que marchita la raíz del árbol
es la que me destruye.
Y yo estoy mudo para decirle a la encorvada rosa
que la misma fiebre invernal dobla mi juventud.

La fuerza que impulsa el agua entre las rocas
impulsa mi roja sangre; la que seca los arroyos parlantes
vuelve cera los míos.
Y yo estoy mudo para contarle a mis venas
cómo la misma boca bebe del manantial de la montaña.

La mano que arremolina el agua del estanque
remueve las arenas; la que amarra las ráfagas del viento
iza mi vela de sudario.
Y yo estoy mudo para decirle al ahorcado
que el barro del verdugo está hecho de mi arcilla.

Los labios del tiempo sorben del manantial;
el amor gotea y se acumula, mas la sangre vertida
calmará sus pesares.
Y yo estoy mudo para decirle al viento en la intemperie
cómo ha trazado el tiempo un cielo entre los astros.

Y yo estoy mudo para decirle a la tumba de la amada
que en mi sábana avanza encorvado el mismo gusano.
MI HÉROE DESNUDA SUS NERVIOS

Mi héroe desnuda sus nervios a lo largo de mi cintura
que rige de la cintura hasta los hombros,
desenvuelve la cabeza que, como un fantasma soñoliento,
se apoya en mi mortal regidor,
el espinazo altivo que desprecia los giros y torsiones.

Y estos pobres nervios tan atados al cráneo
duelen sobre el papel abandonado por su amante
yo me abrazo al amor con mi garabateo revoltoso
que gime todo el hambre de amor
y le cuenta a la página su vacío infortunio.

Mi héroe desnuda mi costado y ve a su corazón
que marcha como Venus desnuda
por la playa de carne y enrosca su ensangrentado pliegue;
al despojar mis lomos de promesas
promete cierto calor secreto.

Él sostiene los cables de esta caja de nervios
alabando el error mortal
del nacimiento y de la muerte, esas dos tristes sotas de ladrones.
y el hambre es emperador;
tira él de la cadena, la cisterna se agita.
DONDE UNA VEZ LAS AGUAS DE TU ROSTRO

Donde una vez las aguas de tu rostro
giraron impulsadas por mis hélices, sopla tu áspero fantasma,
los muertos alzan la mirada;
donde un día asomaron el pelo los tritones
a través de tu hielo, el viento áspero navega
por la sal, la raíz, las huevas de los peces.

Donde una vez tus verdes nudos hundieron su atadura
en el cordón de la marea, allí camina ahora
el vegetal destejedor,
con tijeras filosas, empuñando el cuchillo
para cortar los canales en su origen
y derribar los frutos empapados.

Invisibles, tus mareas medidoras del tiempo
irrumpen en las camas galantes de las algas;
el alga del amor se vuelve mustia;
allí en torno a tus piedras
sombras de niños van, que desde su vacío
lloran ante el mar colmado de delfines.

Secos como la tumba, tus coloreados párpados
no serán aherrojados mientras la magia se deslice
sabia sobre el cielo y la tierra;
habrá corales en tus lechos,
habrá serpientes en tus mareas,
hasta que mueran todos nuestros juramentos del mar.
SI ME HICIERA COSQUILLAS EL ROCE DEL AMOR

Si me hiciera cosquillas el roce del amor
si una niña tramposa me robara a su lado
y horadase sus pajas rompiendo mi vendado corazón,
si ese rojo escozor pudiera dar a luz
la risa en mis pulmones como pare el ganado,
no temería yo a la manzana ni al diluvio
ni a la sangre maligna de la primavera.

¿Qué será, macho o hembra? se preguntan las células
y como un fuego arrojan desde la carne la ciruela.
Si me hiciera cosquillas la cabellera incubadora,
el hueso alado que crece en los talones,
la comezón del hombre sobre el muslo del niño,
no temería al hacha ni a las horcas
ni a la varas cruzadas de la guerra.

¿Qué será, macho o hembra? se preguntan los dedos
que llenan las paredes de niñas inmaduras
con sus hombres dibujados a tiza.
Si me hiciera cosquillas la avidez del granuja
que insufla su calor al nervio en carne viva
no temería al diablo sobre el lomo
ni a la tumba veraz.

Si me hiciera cosquillas el roce de los amantes
que no borra ni las patas de gallo ni la risa sin dientes
sobre magras quijadas en la vejez enferma,
el tiempo y las ladillas y el burdel de amoríos
me dejaría frío como manteca para moscas,
las espumas del mar bien podrían ahogarme
cuando rompen y mueren al pie de los amantes.

La mitad de este mundo es del demonio, la otra mitad es mía,
bobo por esa droga fumada en una niña
y enredado en el brote que bifurca su ojo.
La tibia del anciano y mi hueso tienen la misma médula
y todos los arenques huelen dentro del mar,
yo me siento y contemplo bajo mi uña al gusano
que corroe lo vivo.

Y éste es el roce, único roce que hormiguea.
El mono contrahecho que se hamaca a lo largo de su sexo
desde las húmedas tinieblas del amor y el tirón de la nodriza
no puede hacer surgir la medianoche de una risa entredientes,
ni del momento en que encuentra una belleza entre los pechos
de la amante, la madre, los amantes o toda su estatura
en la punzante oscuridad.

¿Y qué es el roce? ¿La pluma de la muerte sobre el nervio?
¿es tu boca, amor mío? ¿El abrojo en el beso?
¿Mi payaso de Cristo nacido sobre el árbol entre espinas?
Las palabras de la muerte son más secas aún que su mismo cadáver
y mis heridas llenas de palabras tienen las huellas de tu pelo.
Me haría cosquillas el roce del amor, pues bien:
hombre, sé mi metáfora.
NUESTROS SUEÑOS DE EUNUCO

I

Nuestros sueños de eunuco, sin semillas en la luz,
de luz y amor, los vaivenes del corazón,
castigan los miembros de sus hijos,
y amortajados su manto y su sábana,
acicalan a las novias oscuras, las viudas de la noche
presas entre sus brazos.

Las sombras de las niñas, con sudarios fragantes,
cuando se esconde el sol se apartan del gusano,
de los huesos del hombre, quebrados en sus lechos,
por nocturnas roldanas que vacían la tumba.

II

En ésta, nuestra época, el bandido y su hembra
fantasmas de una sola dimensión se aman sobre un carrete,
ajeno a la verdad de nuestros ojos,
y dicen engreídos sus naderías de media noche entre poses banales;
cuando paran las cámaras corren a su agujero
bajo el jardín del día.

Bailan entre nuestra calavera y sus linternas
imponen sus imágenes y echan fuera las noches;
miramos esa función de sombras que se besan o matan,
con fragancia de celuloide la mentira es amor.

III

¿Cuál es el mundo? ¿Cuál de nuestros dos modos de dormir
despertará cuando el bálsamo y su sarna
levanten esta tierra de ojos rojos?
Desatará las formas del día y sus aprestos,
los señores soleados, los ricachos galenses,
o impulsará a quienes se atavían en la noche.

La fotografía hizo sus bodas con el ojo,
y clavó en su pareja cáscaras fragmentarias de verdad;
el sueño ha sorbido desde su fe al durmiente
pues los amortajados se tornan médula en su vuelo.

IV

Este es el mundo: la engañosa semejanza
de nuestras trizas de materia que caen como harapos
desde los ademanes del amor y el rechazo;
el sueño que echa a los enterrados de su bolsa
venera a estos despojos tanto como a los vivos.
Este es el mundo. Tened fe.

Porque seremos como el gallo que grita
dispersando a los muertos; golpearán nuestras balas
la imagen de las planchas;
y dignos compañeros seremos de por vida,
y aquél que permanezca florecerá mientras ellos se aman,
gloria a nuestros errantes corazones.
SOBRE TODO CUANDO EL VIENTO DE OCTUBRE

Sobre todo cuando el viento de octubre
el pelo me castiga con sus dedos de escarcha,
preso en el sol exasperante, marcho ardiendo
y tiro hacia la tierra un cangrejo de sombra,
a la orilla del mar, cuando oigo el alboroto de los pájaros
y oigo la tos del cuervo en los bastones del invierno,
mi atareado corazón que mientras habla tiembla
vierte el silabeo de su sangre y agota sus palabras.

Encerrado también en una torre de palabras
trazo en el horizonte que anda como los árboles
las siluetas verbales de mujeres, y las filas de niños
con sus gestos de estrella sobre el parque.
Algunas me permiten crearte de las hayas colmadas de vocales,
otras de las voces del roble, o desde las raíces
de múltiples comarcas espinosas te cuentan sus memorias,
otras me permiten crearte con los sermones de las aguas.

Tras un tiesto de helechos, el reloj oscilante
pronuncia la palabra de la hora, el sentido del nervio,
vuela sobre el disco imantado, declama la mañana
y cuenta al huracán en la veleta.
Algunas me permiten crearte con los signos del prado;
la hierba señalera que me relata todo lo que sé
traspasa el ojo con el invierno lleno de gusanos.
Algunas me permiten contarte los pecados del cuervo.

Sobre todo cuando el viento de octubre
(algunas me permiten crearte de hechizos otoñales
la de lenguas de araña y la colina resonante de Gales)
castiga a la tierra con puños como nabos
algunas me permiten hacerte de las palabras sin corazón.
El corazón quedó agotado, balbuceando en los remolinos
de la química sangre, advertido de la furia que avanza.
A la orilla del mar oye a los pájaros sombreados de vocales.
CUANDO, COMO UNA TUMBA VELOZ

Cuando el tiempo te alcance, como una tumba veloz,
cuando tu calma y tu ternura sean una guadaña de cabellos
cuando el amor en su atavío se demore por la casa,
al subir por desnudas escaleras, paloma en coche fúnebre,
remolcada hacia el techo.

Cuando llegue el momento, como un sastre de acechantes tijeras,
entregadme que, tímido en mi tribu,
me hallo más desnudo de amor que la trampa del Cadáver
despojado de la lengua del zorro, su metro calibrado
a medida del hueso,

entregadme, maestros míos, cerebro y corazón,
el corazón de la vela del Cadáver se funde
cuando la sangre con manos como pala y el tiempo de la lógica
hacen surgir los niños a golpes de pulgar
de la doncella y el cerebro.

Porque con rostro endomingado y plumeros en el guante,
casto y cazador, hombre con vista de fusil,
yo, a quien la capa del tiempo o el abrigo del hielo
tal vez no logren apresar con un círculo virgen
en la tumba precisa,

ando con fuerza propia por la comarca del Cadáver
mis maestros machacadores del cerebro teclean en la piedra
la desesperación de la sangre, la fe en el barro de la doncella,
la alarma entre castrados y la mancha de ácido
en la horquilla y el rostro.

El tiempo es una tonta fantasía, tiempo y tonto.
No, no, tú calavera amante, el martillo descendente
desciende, oh mis maestros, sobre la honra traspasada.
Tú, calavera héroe, el Cadáver guardado
ordena que el bastón se quiebre.

El gozo no es una nación que llama, señor y señora,
ni la fusión del cáncer, ni la pluma del verano
encendida en el árbol abrazado, ni la cruz de la fiebre,
ni el alquitrán de la ciudad, ni el túnel horadado para nutrir al hombre
a través del asfalto.

Apago las velas en tu torre del techo
el goce es el llamado del polvo, la bala del Cadáver
del retoño de Adán tras su envoltura,
el amor es una patria con luces de crepúsculo y el cráneo del estado
señor, es tu propia condena.

Todo termina, se termina la torre
(abandona la casa de los vientos) y la oscilante escena,
la pelota de pie que depende del sol
(tu verano se esfuma) con la piel de cemento
y el final de la acción.

Todos, hombres, mis hombres dementes, el viento insalubre
contagia la tos del silbador, el tiempo en acecho
prepara una muerte de ceniza; el amor con sus tretas,
es el hambre gozoso del Cadáver, mientras vosotros alcanzáis
el mundo a prueba de besos.
DESDE LA PRIMERA FIEBRE DEL AMOR A SU INFORTUNIO

De la primera fiebre del amor a su infortunio, desde el tierno segundo
hasta el hueco minuto del vientre,
desde el primer atisbo hasta el tijeretazo umbilical
la edad del pecho y la época feliz del delantal cuando ninguna boca
se agitaba en torno al hambre suspendido,
y el mundo entero era uno solo, una nada ventosa,
bautizaron mi mundo en un fluir de leche.
Y la tierra y el cielo fueron un solo cerro al aire,
el sol y la luna derramaban una misma luz blanca.

Desde la primera huella del pie descalzo, desde la mano que se eleva
y la irrupción del pelo,
desde el primer secreto del corazón, el fantasma que advierte,
y hasta el primer asombro mudo ante la carne,
el sol fue rojo y la luna fue gris,
y la tierra y el cielo fueron cual dos montañas que se encuentran,

El cuerpo prosperó, los dientes en las encías meduladas,
los huesos que crecían, el murmullo del semen
dentro de la glándula santificada, la sangre bendijo al corazón,
y los cuatro vientos, que tanto tiempo soplaron al unísono
abrillantaron mis orejas con la luz del sonido,
llamaron en mis ojos con el sonido de la luz.
Y fue amarilla la multiplicación de las arenas,
cada grano dorado salpicaba la vida en su vecino,
verde era la casa cantarina.

La ciruela que mi madre arrancara maduró dulcemente,
el niño que dejara caer desde la oscuridad de su costado
hacia el regazo cavado de la luz, creció fuerte,
musculoso, enmarañado, atento a los gemidos del muslo
y a la voz que, como una voz de hambre,
arañaba en el sonido del viento y del sol.

Y desde el primer deterioro de la carne
yo aprendí el lenguaje del hombre para enroscar las formas del pensar
en el idioma pétreo del cerebro,
para llenar de sombras y tejer nuevamente la trama de palabras
dejada por los muertos que, en su césped sin luna,
no necesitan del calor de la palabra.
La raíz de las lenguas se termina en un cáncer exangüe,
no es más que un nombre que los gusanos hacen cruz.

Aprendí los verbos de la voluntad y supe mi secreto;
las claves de la noche golpearon en mi lengua;
donde antes había sólo una, hubo de pronto muchas mentes sonoras.

Un solo vientre, un solo espíritu vomitó la materia.
Un pecho amamantó al fruto de la fiebre,
aprendí la otra cara del cielo que divorcia,
el globo dos veces enmarcado que giraba;
un millón de cerebros alimentaron al retoño
que divide mis ojos;
la juventud, de veras se abrevió; las lágrimas de la primavera
se diluyeron en el verano y en las cien estaciones;
un sólo sol, un único maná, fue calor y alimento.
AL PRINCIPIO

Al principio era la estrella de tres puntas,
única sonrisa de luz a través de la cara vacía;
única rama de hueso a través del aire enraizado
la sustancia partida que fue la médula del sol primero;
y ardientes cifras en el curvo espacio
iban mezclando el cielo y el infierno en su ronda.

Al principio era la firma pálida,
trisílaba y estrellada como la sonrisa;
y vinieron después las huellas sobre el agua,
el sello de la cara acuñada en la luna;
la sangre que tocaba el árbol de la cruz y el cáliz
tocó la primera nube y en ella dejó un signo.

Al principio era el fuego ascendente
que encendía con una chispa las atmósferas,
chispa de ojos rojizos, chispa de triplicados ojos,
brusca como una flor;
se irguió la vida a chorros de los mares rodantes,
estalló en las raíces, arrancó de la tierra y la roca
los aceites secretos que impulsan la hierba.

Al principio era la palabra, la palabra
que de las sólidas bases de la luz
le sustrajo todas las letras al vacío;
y de las bases nubladas del aliento
la palabra fluyó, y al corazón tradujo
los primeros indicios de nacimiento y muerte.

Al principio era la mente secreta,
la mente estaba encarcelada y soldada al pensamiento
antes que la pendiente se bifurcara rumbo a un sol;
antes que las venas se sacudieran en sus cedazos
se disparó la sangre y esparció hacia los vientos de la luz
la costilla original del amor.
LA LUZ IRRUMPE DONDE NINGÚN SOL BRILLA

La luz irrumpe donde ningún sol brilla,
donde no se alza mar alguno, las aguas del corazón
impulsan sus mareas;
Y, como rotos fantasmas con tocas de luciérnagas
las cosas de la luz
desfilan por la carne, donde no hay carne alguna que atavíe los huesos.

Una vela en los muslos
calienta la juventud y el semen y quema la simiente de la edad;
donde ningún semen se agita,
el fruto del hombre se despliega en las estrellas,
lustroso como un higo;
donde no hay cera alguna, muestra su pábilo la vela.

El alba irrumpe atrás de los ojos;
desde ambos polos, cráneo y piel, la sangre tempestuosa
como un mar se desliza;
sin cercas ni vallados brotan los surtidores
del cielo hacia la vara
prediciendo en la sonrisa el óleo de las lágrimas.

La noche ronda en las órbitas,
como una luna de alquitrán, límite de los globos;
el día ilumina el hueso;
donde no hay frío alguno, el ciclón deshollador desata
las ropas del invierno;
la película de la primavera se cuelga de los párpados.

La luz irrumpe en solares ocultos,
En las crestas del pensamiento donde los pensamientos huelen en la lluvia,
cuando muere la lógica,
el secreto del suelo crece a través del ojo,
y la sangre al sol brinca
en terrenos baldíos donde el alba hace un alto.

ME HICE CAMARADA DEL SUEÑO

Me hice cantarada del sueño que besaba mi mente,
dejé caer la lágrima del tiempo; el ojo del durmiente
que se abría a la luz, giró hacia mí como una luna.
Así, con talones alados, volé a lo largo de mi cuerpo
y caí sobre el sueño y sobre el cielo en alto.

Escapé de la tierra y me trepé desnudo por la atmósfera,
llegué a un segundo suelo lejos de las estrellas;
y allí los dos lloramos, yo y otro ser fantasmal,
con ojos maternales sobre la cima de los árboles:
escapé de ese suelo, ágil como una pluma.

"El globo de mis padres llama en su eje y canta"
"Este lugar que andamos era también la tierra de tus padres"
"Pero esto que pisamos soporta las cuadrillas angélicas,
dulces son sus paternos rostros en las alas"
"Son sólo hombres que sueñan. Si tú soplas se esfuman".

Se esfumó así mi espectro compañero de maternales ojos,
mientras, flotando entre los ángeles yo me hallaba perdido
en la costa de nubes, entre las sombras parlantes de las tumbas;
impulsé hacia sus lechos a los hermanos soñadores
donde ellos aún duermen sin conocer a su fantasma.

Entonces, la materia de ese aire viviente
una voz dejó oír, y, trepando a las palabras,
deletreé mi visión con mano y pelo,
qué ligero el dormir sobre los suelos de esta estrella
qué profundo el velar en estas nubes como mundos.

Allí crece hacia el sol la escala de las horas
cada peldaño es pérdida, o amor hasta el final,
la sangre humana hostiga estos lerdos avances.
Un hombre, viejo y loco se trepa todavía a su fantasma
y es el fantasma de mis padres que trepa por la lluvia.

SOÑÉ MI GÉNESIS

Soñé mi Génesis en sudores de sueño, irrumpía
a través de la valva giratoria, fuerte
como un músculo motor en el taladro surgía
de la visión y de los nervios espesos como vigas.

Desde los miembros a la medida del gusano, se soltaba
de la carne estriada. Desfilaba
por todas las cadenas de la hierba, metal
de soles en la noche que derrite al hombre.

Heredero de las venas quemantes, guardianes de la gota de amor,
preciosa criatura en mis huesos
yo rondé velozmente el globo que heredara, travesía
por hombre ataviado de noche.

Soñé mi Génesis y morí otra vez, granada
prisionera del corazón en marcha, agujero
en la herida hilvanada y en el viento grumoso, muerte
embozada en los labios que comían el gas.

Puntual en mi muerte segunda señalé las colinas, las cosechas
de cicuta y las matas, mi sangre
enmohecida sobre los calmos muertos, forzaba
mi segunda batalla desde el pasto.

Y el poder contagió mi nacimiento, el segundo
elevarse del esqueleto
y el volver a vestir el fantasma desnudo. La humanidad
escupida desde una pena vuelta a padecer.

Soñé mi Génesis en sudores de muerte
caída por dos veces en el nutricio mar,
vástago rancio de las saladas lágrimas de Adán. Visión
de nueva fuerza humana. Busco al sol.

MI MUNDO ES PIRÁMIDE

Mitad del padre camarada
cuando imita al Adán que el mar sorbiera
en su casco vacío,
Mitad de la madre camarada
cuando salpica con su leche lasciva
la zambullida del mañana,
las sombras bifurcadas por el hueso del trueno
saltan hacia la sal que no ha nacido.

La mitad camarada era de hielo
cuando una primavera corrosiva
brotaba en la cosecha del glaciar.
la sombra y la simiente camarada
murmuraban el vaivén de la leche
encrespado en el pecho,
pues la mitad del amor era sembrada en el fantasma
estéril y perdido.

Las mitades dispersas se han vuelto camaradas
en un ente lisiado
la muleta que la médula golpea sobre el sueño
renguea en la calle del mar, entre la turba
de cabezas con lengua de marea y vejigas al fondo
y empala a los durmientes en la tumba salvaje
donde ríe el vampiro.

Las mitades zurcidas se partían huyendo
por el bosque de los cerdos salvajes y la baba en los árboles,
sorbiendo las tinieblas sobre el cianuro se abrazaban
y desataban víboras prendidas en su pelo;
las mitades que giran perforan como cuernos
al ángel arterial.

¿De qué color es la gloria? ¿La pluma de la muerte?
tiemblan esas mitades que taladran el ojo de la aguja en el aire
y a través del dedal horadan el espacio, manchado de pulgares.
El fantasma es un mudo que farfullaba entre la paja,
el fantasma que tramaba el saqueo en su vuelo
enceguece sus ojos rastreadores de nubes.

II

Mi mundo es pirámide. La sigilosa máscara
llora sobre el ocre desierto y el verano
agresivo de sal.
Con mi armadura egipcia fundiéndose en su sábana
araño la resina hasta un hueso estrellado
y un falso sol de sangre.

Mi mundo es un ciprés y un valle de Inglaterra
yo remiendo mi carne que retumbó en los patios
roja por la salva de Austria.
Oigo a través del tambor de los muertos, que mutilados jóvenes
mientras siembran sus vísceras desde un cerro de huesos
gritan Eloi a los cañones.

El cruce del Jordán arrasa mi sepulcro.
El casquete del Ártico y la hoya del sur
invaden mi jardín de casa muerta.
El que me busca lejos señalando en mi boca
las pajas de Asia me pierde cuando doblo
por el maíz atlántico.

Las mitades amigas, partidas mientras giran
en redes de mareas, se enredan a las valvas
y hacen crecer la barba del diablo no nacido,
sangran desde mi horquilla ardiente y huelen mis talones
las lenguas celestiales murmuran mientras yo me deslizo
atando la capucha de mi ángel.

¿Quién sopla la pluma de la muerte? ¿De qué gloria es el color?
en la vena yo soplo esta pluma lanuda
es el lomo la gloria en una laboriosa palidez.
Mi arcilla ignora el pecho y mi sal no ha nacido,
niño secreto, yo vago por el mar
en seco, sobre el muslo a medias derrotado.
TODO, TODO Y TODO, LOS MUNDOS ÁRIDOS LEVANTAN

I

Todo, todo y todo los mundos áridos levantan,
la época del hielo, el océano sólido,
surgen desde el petróleo y las masas de lava.
Ciudad de primavera, la gobernada flor,
gira sobre la tierra que hace girar los pueblos de ceniza
en torno a una rueda de fuego.

Y ahora también mi carne, compañera desnuda,
ubre del mar, el mañana y su glándula,
gusano sobre el cuero cabelludo, cercado y macilento.
Todo, todo y todo, la médula espumosa,
la amante del cadáver, flaca como el pecado,
todo desde la carne, los mundos áridos levantan.

II

Tú mi mortal, no temas al mundo laborioso,
no temas a la sangre sintética e insípida,
ni al corazón en el metal estriado.
No temas a las huellas, ni a la molienda de semillas,
ni a la guadaña, ni al gatillo, ni a la espada nupcial,
ni al pedernal en la contienda del amante.

Hombre hecho de mi carne, mandíbula partida
conoce ahora la prisión y el vicio de la carne,
y la jaula del cuervo con ojos de guadaña.
Sabe, tú, hueso mío, el alzarse nudoso
no temas a las hélices que hacen girar la voz,
y el rostro hacia el amante desdeñado.

III

Todo, todo y todo los mundos áridos acoplan
espectro con espectro y el hombre se contagia
del vientre de su pueblo sin forma.
Todo lo que se forma de la succión del pecho y la placenta
golpeó su carne mecánica en la mía
y cuadró en estos mundos su círculo mortal.

Florece, florece la fusión de los seres.
Oh luz en el cénit, el acoplado brote
y la llama en la visión de la carne.
Fuera del mar, el oleaje de aceite,
la órbita y la tumba, y la sangre de bronce
florece, florece, todo, todo y todo.
YO, EN MI IMAGEN INTRINCADA

I

Yo, en mi imagen intrincada, a caballo en dos planos,
forjado del mineral humano, bardo de bronce
que modela su espectro en el metal,
ando por las escarnas de este mundo gemelo
mi fantasmal mitad en su armadura
se aferra a mi marcha de esposado
por los corredores de la muerte.

Partiendo de la maldición en el bulbo la primavera desenreda
la cólica estación, brillante como sus ruedas hilanderas,
labrada sobre un mundo de pétalos;
ella trama la savia y las agujas, la burbuja y la sangre
se arroja a las raíces de los pinos y como una montaña surge el hombre
de la entraña desnuda.

Partiendo desde la maldición en el fantasma y las nacientes maravillas
imagen entre imágenes, mi espectro de metal
se abre camino a través de la campánula,
mi hombre de hojas y la raíz de bronce, mortal, inmortal,
yo, en mi fusión de movimientos viriles y rosados
creo este milagro gemelo.

Este es el destino del hombre; el natural peligro,
una alta torre con figura humana, sin maestro, con un cerco de huesos,
ninguna muerte más natural;
así el hombre sin sombra, o el buey, y el demonio pintado
en la captura del silencio cometen el mortal sinsentido:
el paralelo natural.

Mis imágenes acechan los árboles y el túnel inclinado de la savia,
no hay marcha más riesgosa, las huellas verdes y la flecha
se trepan sobre el ruido de los pasos.
Yo con el insecto de madera en el árbol de ortigas,
en la cama de vidrio de las uvas con la flor y el caracol
oigo el caer de la intemperie.

Intrincada humanidad para el fin, los rivales inválidos
viajando en el sentido del tiempo fuera del refugio hecho símbolo
hallan las aguas últimas,
recibiendo su doble despedida en la terraza de los tísicos,
navegan por la superficie, la aventura de partir,
hasta el arribo a toda vela.

II

Trepan a la cima del campo,
doce vientos se encuentran junto a la blanca multitud que pace,
encierran las erguidas praderas en el corral de la colina;
ven tropezar a la ardilla,
el caracol, como una liebre marcha aturdido en torno de la flor,
un alboroto de árboles y climas en la espiral de viento.

Cuando se sumergen, el polvo se aposenta,
las piedras cadavéricas caen densas y fuertes,
la ruta de las aguas donde el oso polar y la caballa
convierten al mar largo en una arteria,
muestran al enemigo un rostro de petróleo ciego,
los muertos sin jinete junto al muro del dique.

(Instrumentos de muerte
que hieren el ojo largo abierto y el barreno,
vuestro tirabuzón va al centro del pezón y el ombligo,
hacia el cuello de las narices,
bajo la máscara y el éter, se vuelven sangrientos, los bisturíes,
los funerales antisépticos.

Haced salir a la patrulla negra
a los monstruosos oficiales, y a vuestro ejército decrépito,
el centinela sepulturero guarnecido bajo los cardos,
gallo de estercolero
anuncia a Lázaro que la mañana es vanidad.
Que el polvo sea vuestro salvador bajo el suelo conjurado).

Mientras ellos se ahogan, se echan a vuelo las campanas,
dulcemente, la campana del buzo en la torre del rocío marino
tañe la escala del Mar Muerto;
y presos en el agua hasta que el tritón se agite,
ensartado por el hilo de una maleza de ballenas, desde la balsa del verdugo,
oyen a los que rompen los cristales de sal y las lenguas del entierro.

(Posa el brazo de mar
sobre el disco grabado de la tierra que gira,
para que la púa de relámpago deslumbre esta cara de voces
sobre el plato inundado de luna,
deja al disco de cera balbucear
vergüenzas y deshonras húmedas, tal es arañar de la reliquia.
Estos son los registros de tus años. El mundo circular se inmoviliza).

III

Ellos sufren las aguas que no han muerto donde tasca la tortuga,
llegan hasta las torres clavadas en el mar, trepándose a la fibra
la pendiente del cráneo
y el dedal tapizado de células,
sufrid, mis humillados, que un ángel doble
surge de las cárceles pétreas como árbol sobre Aran.

Sé traspasado por tu propio espectro, sus ganchos puntiagudos
por el bronce y la imagen sin cuerpo en una vara de locura
enganchado a las estrellas en el ángulo de Jacob
colina de humo y valle de drogados,
y el Hamlet de los fondos sobre el coral paterno
que empuja la visión enana de la pila de hierro.

Sufrid el tajo de la visión junto al rastrojo verde como aleta;
sed partidos por los barcos marinos anclados en el cordón del hombre
por el viaje hacia el fondo de los huesos triturados
en el naufragio de los músculos;
cesad, amantes, de enlazaros, y la lucha por el mar de cera,
el amor es como bruma o fuego entre el lecho de las anguilas.

Y en las tenazas del hirviente círculo
la mar y el instrumento mellado en los candados de los tiempos
el hierro solitario de mi sangre preciosa
en la ciudad que se derrama,
yo en un viento de fuego desde la verde cuna de Adán,
ningún hombre tan mágico, ahuyenté al cocodrilo con sus guerras.

El hombre era la escama, los esmaltados pájaros mortíferos,
cola, Nilo y hocico, domador de los juncos,
el tiempo en las casas sin horas
sacudía el cráneo incubado por el mar,
Y vacío lloraba por sus blancos vendajes
por los óleos y ungüentos en el cáliz fugitivo.

El hombre era la máscara del Cadáver, el manto que vestía,
la corrompida profundidad fue la maestra jactanciosa del hombre,
mi fantasma en su neptuno de metal
forjado del mineral humano.
Este fue el dios del comienzo en los remolinos intrincados del mar
y mis imágenes se elevaron y rugieron sobre la colina del cielo.
ESTE PAN QUE YO PARTO

Este pan que yo parto fue alguna vez avena,
este vino en un árbol extranjero
se zambulló en su fruta;
durante el día el hombre y por la noche el viento
segaron las cosechas, rompieron el gozo de la uva.

Alguna vez, en este vino, la sangre del verano
golpeteaba en la carne que vestía la viña,
un día en este pan
la avena al viento era alegría,
el hombre rompió el sol, abatió el viento.

Esta carne que partes, esta sangre a la que dejas
sembrar desolación entre las venas
fueron avena y uva
nacieron de la raíz sensual y de la savia;
mi vino que te bebes, el pan que me arrebatas.

EL DEMONIO ENCARNADO

El demonio encarnado en una serpiente parlante,
con los planos centrales del Asia en su jardín,
despertó y azuzó al mundo que nacía,
dividió la barbada manzana en formas del pecado,
y Dios andaba allí, violinista de guardia
y al tocar su instrumento derramaba el perdón desde el cerro del cielo.

Cuando los mares explorados eran desconocidos
—una luna hecha a mano, a medias santa en una nube—
cuentan los sabios que las deidades del jardín
enroscaron el mal y el bien sobre un árbol de oriente;
y cuando la luna se alzó llena de viento fue
negra como la bestia y más pálida que la cruz.

En nuestro Edén supimos del secreto guardián
en las aguas sagradas que ninguna escarcha podía endurecer,
y en las pujantes mañanas de la tierra;
el infierno en un cuerno de azufre y el mito tronchado,
todo el cielo en un eclipse del sol,
una serpiente tocaba su violín cuando el mundo nacía.
HOY ESTE INSECTO

Hoy, este insecto, y el mundo que respiro.
ahora que mis símbolos se abrieron paso al espacio,
el tiempo contempla la ciudad y yo tomo del tiempo
descuidado y precioso una mitad para empujar con ella la oración,
separé los sentidos de la verdad y la fábula
tumbé la guillotina, la cabeza y la cola
mellizos rojo-sangre fueron las dos testigos de este
asesinato del Edén y la Génesis verde.

El insecto cierto es la plaga de las fábulas.

El monstruo de este cuento tiene una cofia de serpientes;
ciego en la espiral corre en torno de los bordes llameantes,
mide su longitud sobre el muro del jardín
y destroza su valva en el último comienzo agitado;
un cocodrilo ante la crisálida
ante el amor perdido, el hueso volador del corazón,
alado como un asno de sabático, este cuento de niños
no creído sopla a Jericó sobre el Edén.

El insecto de la fábula es la cierta promesa.

Muerte, muerte de Hamlet y locos de pesadilla,
un molino de viento arrastrado sobre un caballo de madera
la bestia de Juan, la paciencia de Job y los embustes de la visión
sobre el mar irlandés, habla la voz intemporal de Grecia
"Yo amo a Adán, mi amor por los locos es un amor sin fin,
ningún amante de las fábulas tiene un final tan verdadero,
todos los enamorados son leyenda sobre un árbol de historias.
mi cruz de cuentos tras la cortina fabulosa".
LA SEMILLA-LATENTE

La semilla-latente no abordará
a este pueblo de espectros, el vientre pisoteado
que se amuralla contra sus asaltos,
ningún dios-en-héroe se desplomará
como una torre sobre la ciudad
tropezando de una manera excelsa y muda
sobre la línea donde el hombre se declara.

La semilla-latente no abordará
este pueblo de espectros, el vientre donde el hombre se declara
amurallado contra sus asaltos,
ningún dios en héroe se desplomará
como una torre sobre la ciudad
saltando de una manera excelsa y muda
sobre la línea donde la guerra se gesta.

A través de las murallas del cielo
será acribillada la simiente flanqueada por estrellas
maná para la tierra retumbante
y alerta para el mar descifrado;
atrincherada en un reducto virgen
ha de pelear con el guardián
y con el custodio de la llave.

A través de las murallas del cielo
será acribillada la semilla flanqueada por estrellas
maná para la tierra protegida
y alerta para la mar virgen;
invadiendo un reducto privado
ha de pelear con el guardián
y con el que pierde la llave.

¿Puede un humilde pueblo trabajar
y rehusar un continente?
Un hemisferio puede reprenderla
y una pulgada verde sostenerla;
que la simiente-héroe encuentre su refugio
puertos de mar junto a una orilla ebria
con marinos sedientos que la escondan.

¿Puede un planeta humilde trabajar
y rehusar un continente?,
puede una aldea verde reprenderla
y una alta esfera sostenerla;
que la simiente héroe encuentre su refugio
puertos de mar en la orilla sedienta
con marineros ebrios que la escondan.

Hombre-en-semilla, en semilla-latente
desde los extranjeros campos del espacio
no ha de tronar en la ciudad
con una guarnición flanqueada por estrellas,
ni el héroe del mañana apuntará
con los cañones de su reino
hacia el lugar en que se araña el cielo.

Hombre-en semilla, en semilla-latente
desde los campos flanqueados por las estrellas del espacio
truena sobre el pueblo extranjero
con una guarnición embolsada en arena
y el héroe del mañana
no elevará los cañones de su reino
desde el recinto donde bulle la tumba ciega.

SE DIRÁ QUE LOS DIOSES CASCAN LAS NUBES

¿Se dirá que los dioses cascan las nubes
cuando las nubes son malditas por el trueno,
se dirá que lloran cuando aúlla la atmósfera?
¿Serán los arcoiris el color de sus túnicas?

Cuando llueve ¿dónde están los dioses?
¿se dirá que hacen brotar el agua de los cántaros,
que sueltan los torrentes?

¿O que al modo de Venus
alguien punza y estruja las ubres de un dios viejo,
o que la húmeda noche como nodriza me reprende?

Se dirá que los dioses son piedra.
¿Retumbará en la tierra una piedra caída,
repicará la grava derribada?
Deja que hablen las piedras
con lenguas que hablan todas las lenguas.
AQUÍ EN ESTA PRIMAVERA

Aquí en esta primavera, flotan estrellas en el vacío;
aquí en este invierno ornamental
se abaten las atmósferas desnudas;
este verano entierra a un pájaro de primavera.

Los símbolos se eligen desde la lenta ronda de los años
por las costas de cuatro estaciones,
los fuegos de tres estaciones y los cantos de cuatro pájaros
son los maestros del otoño.

Del verano, tendría yo que relatar los árboles, la oruga
apenas relatar las tormentas del invierno
o el funeral del sol;
aprendería del cucú la primavera
y la babosa me enseñaría la destrucción.

Una oruga contaría el verano mejor que los relojes,
la babosa es un calendario vivo de los días;
¿qué me contaría si un insecto sin tiempo
dijera que el mundo se consume?
¿NO HACES LAS VECES DE MI PADRE?

¿No haces las veces de mi padre o acaso el brazo erguido
por bien de mi alta torre, no se modela con su piedra?
¿No haces las veces de mi madre, o acaso no has sufrido como yo
mi vergüenza en la casa de los amantes?
¿No haces las veces de mi hermana o es que el crimen erguido
por mis altas torres no arrastras como un pecado tuyo?
¿No haces las veces de mi hermano o acaso mientras trepas
no adoras mis ventanas por sus escenas estivales?

¿No soy, también yo, el padre y el muchacho que asciende
hijo de la mujer, contemplador lascivo
que señala la carne y el verano en la bahía?
¿No soy también la hermana salvadora?
¿No soy todos vosotros junto al mar dirigido
adonde el ave y la caracola murmuran en mi torre?
¿Acaso como tú, por enfrentar la pulcra orilla
no soy tejar de arena o alto tejador?

Tú eres todos ellos, dijo la que tan largamente me diera de mamar,
todos ellos, dijo aquel que saqueara la ciudad de los niños.
El hombre-Abraham, surgió, loco para mi bien,
aquellos que devastaron y perdonaron dijeron que eran míos.
Yo, dijo la torre, soy derribada por un golpe sin tiempo.
el que arrasó mi locura de madera quedó despavorido
pues los hacedores del hombre en el anillado espectro del mar
seco-como-pasta surgen siniestros del naufragio.

¿No haces las veces de mi padre, tú, sobre la arena destructora?
Tú eres el señor de tus hermanas, dicen con voz de alga,
la sal que la yegua lamió, y los predilectos de la tierra
los que juegan a verdaderos señores y señoras.
¿Seré yo aún la casa del amor sobre el contrasentido de la tierra,
desgracia para los albañiles del viento en mi refugio?
La casa del amor, responden ellos; y la torre de muerte
nada conoce de la tumba devoradora del pecado.
DE LOS SUSPIROS

De los suspiros algo nace
que no es la pena, porque la he abatido
antes de la agonía; el espíritu crece
olvida y llora:
algo nace, se prueba y sabe bueno,
todo no podía ser desilusión:
tiene que haber, Dios sea loado, una certeza,
si no de bien amar, al menos de no amar,
y esto es verdadero luego de la derrota permanente.

Después de esa lucha que los más débiles conocen.
hay algo más que muerte;
olvida los grandes sufrimientos o seca las heridas,
él sufrirá por mucho tiempo
porque no se arrepiente de abandonar una mujer que espera
por su soldado sucio con saliva de palabras
que derraman una sangre tan ácida.

Si eso bastase, bastaría para calmar el sufrimiento,
arrepentirse cuando se ha consumido
el gozo que en el sol me hizo feliz,
qué feliz fui mientras duró el gozar,
si bastara la vaguedad y las mentiras dulces fueran suficiente,
las frases huecas podrían soportar todo el sufrimiento
y curarme de males.

Si eso bastase: hueso, sangre y nervio,
la mente retorcida, el lomo claramente formado,
que busca a tientas la sustancia bajo el plato del perro,
el hombre debería curarse de su mal.
Pues todo lo que existe para dar yo lo ofrezco:
unas migas, un granero y un cabestro.
AFERRA ESTOS ANTIGUOS MINUTOS EN EL MES DEL CUCU

Aterra estos antiguos minutos en el mes del cucú,
al pie del cuarto magro obstáculo en la colina de Glamorgan
mientras los verdes capullos suben hacia el cielo a la deriva del tiempo;
el tiempo, como un hidalgo, caballero de obstáculos
corre sobre las vallas con su sabueso a los talones
y desde el sur exangüe caza a mis hombres y a mis hijos.

Campo, tu pasatiempo es el verano, y las chacras de diciembre
descansan de las grullas y la acuática torre de los árboles fértiles,
nada resbala en este quinto mes y han huido los pájaros;
aferraos mis niños campesinos, al mundo de los cuentos,
al follaje que muere como se abate el ciervo entre sus huellas,
a la estación primera ya franqueada, hasta los juegos del verano.

Y ahora los cuernos de Inglaterra en el sonido de los formas,
convocan a vuestros jinetes de nieve, y la colina de cuatro cuerdas
que resuena en las tripas del mar, pone vida en la roca;
zarzas y armas y valles mientras las piedras se levantan,
crujen como un resorte defectuoso, como un abril rompehuesos,
confunden al cazador del obstáculo magro y la esperanza poderosa.

Cuatro estaciones sigilosas caen sobre las tierras escarlatas,
acecha el rostro de mis hijos con una cola ensangrentada,
el tiempo con salto de jinete desde el valle adornado,
sosteneos, mis amados campesinos, pues un halcón desciende,
el Glamorgan dorado se arquea ante la caída de los pájaros.
Tu pasatiempo es el verano mientras la primavera corre enfurecida.
UN TIEMPO HUBO

¿Hubo un tiempo
en que los danzarines con sus violines
en los circos de niños olvidaban sus penas?
Un tiempo hubo en que podían llorar sobre los libros
pero el tiempo asentó su gusano en las huellas.
Ellos no están a salvo bajo el arco del cielo.
Lo más seguro en esta vida es lo que nunca se conoce;
bajo los signos del espacio ellos, los que no tienen brazos
tienen manos limpísimas y así como el fantasma sin corazón
es el único ileso, así el ciego es quien ve mejor.
AHORA

Ahora
di que no
hombre, áspero hombre
áspero amante mío
cimienta la honda roca y arroja el ancla florecida.
por temor de que él salte hacia el centro en el polvo
y traicione, el muy tonto, la dureza de su ira.

Ahora
di que no
señor, que sea un no el que digas,
la muerte al sí,
el sí a la muerte, al hombresí y su respuesta,
que aquel que separó a sus hijos con cuidado
con un golpe de sierra no deje sin hermano a la hermana.

Ahora
di que no
que digas no, señor
sí los muertos se agitan,
y esto y no aquello, es la sombra, el cuervo posado.
el que yace en lo bajo con la ruina en su oreja,
la marea del gallo lanzada desde el fuego.

Ahora
di que no
para que el astro caiga
para que el globo falle
para que el sol místico se suelte, esposo de la luz,
el sol que salta en vano arriba de los pétalos
el caballero fracasado que cabalga en la flor.

Ahora
di que no
y al demonio
ese sello del fuego
la muerte de talones hirsutos y el fantasma horadado en madera,
nosotros me han convertido en místico como el brazo del aire
la vena que va y vuelve, el prepucio y la nube.
POR QUÉ EL VIENTO DEL ESTE

Por qué el viento del este es frío y es fresco el viento sur
no se sabrá hasta que la fuente de los vientos se seque
y nunca más el oeste se ahogue
en los vientos que transportan la fruta y la corteza
de centenas de otoños;
por qué la seda es suave y la piedra es hiriente
el niño preguntará todos los días,
por qué su sed se apaga con la lluvia nocturna
y también con la sangre de los pechos.
No tendrá más que una respuesta negra.

¿Cuándo vendrá Jack Frost? preguntan los chiquillos.
¿Podrán aprisionar una coleta entre los puños?
Hasta que su polvo, desde arriba y abajo
salpique un largo sueño último en los ojos de los niños
y la penumbra se llene de espectros infantiles,
no habrá de resonar desde los techos una respuesta blanca.

Todas las cosas se conocen, la asamblea de estrellas
convoca a cierta dicha a viajar con los vientos,
aunque lo que preguntan las estrellas
cuando echan a rodar las torres del espacio
una estación tras otra
se entiende apenas hasta que ellas se esconden.

Oigo la dicha y "sé dichoso"
algo como un cencerro resuena en los pasillos,
y "no hay respuesta alguna" y yo no tengo
respuesta para el llanto de los niños
no me llega del eco ni del hombre de escarcha
ni de cometas espectrales sobre puños en alto.

HACE UNA PENA

Hace una pena,
ella a quien yo abrazaba en los pastos y la flor,
golpeada por el agua desde la espina en forma de guadaña.
mar y viento de infierno,
un tallo abigarrado que asaltaba la torre,
doncella rosa y macho,
o, venus en el mástil, que a través de la cuenca del remero
navegaba hacia el sol;

ella, la que es mi pena,
una crisálida abriéndose en el hierro.
arrebatada por mi dedo macho, el plomizo capullo
disparado a través de la hoja,
era quien se doblaba sobre la vara florida
Aarón rosa arrojada al infortunio,
el cuerno y la bola del agua sobre la rana
que moraba en la costa.

Y ella la que reposa,
como el éxodo, un capítulo más allá del jardín.
fulgurante en su anillo la cólera del lirio,
arrastraba en los días
las jarcias de su herencia, las guerras del perdón,
sobre el campo y la arena
los doce triángulos del viento querubín
cincelaban sus pasos.

Entonces, ¿quién es ella,
ella la que me abraza? El mar de gente la transita
expulsa al padre del asolado campamento;
las cavernas de la forma
forman todos sus vástagos con la voz larga del agua.
porque ella a quien poseo,
tumba de manos rústicas encajonada en el amor,
se alza ante las tinieblas.

Y la noche está cerca,
es una macilenta forma que salta sobre ella, tiempo y ácido
yo le digo: antes que el gallo sol
eche al fuego sus huesos
que respire a sus muertos, por la semilla y la materia
que se arrastra en sus mares,
así cruza la mano con sus severos y gitanos ojos
y se cierra su puño.
QUÉ PRONTO EL SOL SIRVIENTE

Qué pronto el sol sirviente
(el señor mañana vigila)
puede desentrañar el tiempo y el armario de piedra,
(la niebla tiene un hueso
que a golpes de trompeta se investirá de carne)
vaciarse para vestir a todos mis cartílagos
y que el huevo desnudo quede erguido,

el señor mañana en su esponja,
(la herida registra)
y la nodriza de los gigantes junto a la cuenca hendida del mar,
(la niebla con su chorro
les habla a usted y a ustedes, mis maestros,
mientras su extraño hombre-mañana sopla a través del alimento.

Todos los nervios para servir al sol,
el rito de la luz,
interrogo a una garra desde la osamenta del ratón,
y con hilos y sábanas
le echo una trampa a la piedra de larga cola,
dejad aullar al suelo que soy el hombre mordedor
y que se asome el afelpado muerto.

Cuándo podré, señor
(el señor-mañana estampa dos pisadas de agua
en el suelo sembrado)
elevar una lámpara,
o animar una nube,
o llenar un sudario con una forma viva,
invisible en el tronco.

Una pierna larga como los árboles
este señor de adentro,
niño y hombre, oscuridad para sus ojos,
aquél, dotado de ojos como úteros, llora
y todo el dulce infierno sordo como la oreja de una hora,
agosta maldiciendo la voz de la trompeta.
HAY OREJAS QUE OYEN EN LAS TORRES

Hay orejas que oyen en las torres
hay manos que rezongan en la puerta,
hay ojos que en los aleros ven
los dedos en los cerrojos.
¿Debo abrir o quedarme
solo hasta el día en que muera
sin ser visto por extraños ojos
en esta casa blanca?
Manos, ¿qué guardáis, el veneno o las uvas?

Más allá de esta isla ceñida
por un delgado mar de carne
y una costa de hueso,
la tierra yace fuera del sonido
y las colinas fuera de la mente.
Ni pájaros ni peces voladores
turban el reposo de esta isla.

Hay orejas que en esta isla oyen
pasar al viento como un fuego,
hay ojos que en esta isla ven
zarpar los barcos en la bahía.
¿He de correr hacia los barcos
con el viento en el pelo
o he de quedarme hasta el día en que muera
sin dar la bienvenida a marinero alguno?
Barcos, ¿qué guardáis?, ¿el veneno o las uvas?

Hay manos que rezongan en la puerta,
barcos que zarpan de la bahía,
la lluvia golpea la arena y el tejado.
¿He de recibir al extranjero
y al marinero dar la bienvenida,
o he de quedarme hasta el día en que muera?

Manos del extranjero y amarras de los barcos
¿qué guardáis, el veneno o las uvas?
ALIMENTA LA LUZ

Alimenta la luz y no cubras el rostro humano de la luna,
ni manejes los vientos que no arrasan los huesos,
pero arranca a su círculo la médula de doce vientos;
domina la noche y no seas el sirviente del muñeco de nieve
que cincela cada tupido elemento del aire
en estrella polar clavada en un carámbano.

Alimenta el murmullo de la primavera, no rompas los huevos del gallo joven,
ni empujes otra vez la estación a los higos,
injerta en cambio en tu país esas cabalgatas de cuatro frutos;
cultiva los lugares ardientes en tiempo de la escarcha,
siembra granos de nieve por los huertos de ojos encarnados,
y en tus jóvenes años el siglo vegetal.

Y siémbralo todo, no olvides el terreno del señor de las moscas,
ni, como un trasgo hagas brotar la simiente del búho,
cerca con tus costillas de hechicero este planeta en forma de corazón;
de las voces mortales a los coros de ingenuos,
señor hacendado de lo alto, haz que surjan los cantos de la nube,
y arráncale una música de mandrágora a las raíces de la médula.

Rueda inhumanamente sobre esta cresta giratoria,
oh anillo de los mares no sufras cuando parta
lejos de todos mis amantes mortales con sonrisa a estribor;
ni cuando mi amor yazga en el flujo de cruzados huesos
desnudo entre los pájaros que registran el viento traspasados de flechas
habrás tú de girar como veleta sobre un eje encrespado.

Quien al darles la forma dio color a los mares
modeló a mi prójimo de arcilla y en tiempos del diluvio
llenó el arca del cielo con sus parejas coloreadas;
oh, tú el que eres gloria en los mapas informes
traza ahora desde mi ser al mundo, tal como yo he creado
de tu círculo en marcha una gozosa imagen de los hombres.
LA MANO QUE FIRMÓ EL PAPEL DERRIBÓ UNA CIUDAD

La mano que firmó el papel derribó una ciudad;
cinco dedos soberanos tasaron el aliento,
duplicaron el globo de los muertos y dividieron un país;
estos cinco reyes dieron la muerte a un rey.

La mano poderosa lleva a un hombro inclinado,
los nudillos se crispan en la tiza;
una pluma de ganso puso final al crimen
que había puesto fin a la palabra.

La mano que firmó ese pacto engendró fiebre,
y creció el hambre y vino la langosta;
grande es la mano que domina al hombre
tan sólo con un nombre borroneado.

Los cinco reyes cuentan los muertos pero no mitigan
la herida en su costra ni acarician la frente;
una mano rige la piedad como otra rige el cielo;
las manos no tienen lágrimas que derramar.

SI LOS FAROLES BRILLARAN

Si los faroles brillaran, el rostro santo se marchitaría
preso en un octógono de insólita luz,
y todos los muchachos del amor
se cuidarían de perder la gracia.
Los rasgos de sus íntimas tinieblas
están hechos de carne, pero que venga el falso día
y que los labios de ella pierdan sus ajados colores,
que el traje de la momia muestre un antiguo pecho.

Me han dicho que piense con el corazón
pero el corazón, como el cerebro, conduce al desamparo;
me han dicho que piense con el latido,
que cambie el ritmo de la acción cuando el latido se acelere
hasta que en un plano se confundan el campo y los tejados
tan rápido me muevo por desafiar al tiempo, el caballero quieto
cuya barba se agita en el viento de Egipto.

He oído el contar de muchos años
y muchos años tendrían que atestiguar un cambio.

La pelota que arrojé cuando jugaba en el parque
aún no ha tocado el suelo.
HE ANSIADO ALEJARME

He ansiado alejarme
del siseo de la mentira desgastada
del incesante grito de los viejos terrores
que crecen más terribles cuando el día
traspasa la colina y entra en el mar profundo;
he ansiado alejarme
de la repetición de los saludos,
porque hay fantasmas en el aire
y en la página sonidos fantasmales
y un tronar de llamados y de notas.

He ansiado alejarme, pero temo,
alguna vida, aun intacta podría estallar
de la vieja mentira que arde sobre el suelo
y crepitando en el aire dejarme a medias ciego.
Ni por el miedo antiguo de la noche,
el sombrero que se quita del pelo,
o los labios fruncidos en el teléfono,
me harán caer ante la pluma de la muerte.
No quisiera morir de todo esto,
la mitad es convención, la otra mitad mentira.

HALLA LA CARNE SOBRE LOS HUESOS

Halla la carne sobre los huesos que pronto estarán desnudos,
y bebe en los dos riscos de leche,
la más alegre médula y las heces
antes que los pechos de las damas sean harapos
y sus piernas jirones.
No turbes, hijo mío, las mortajas
pero cuando las damas se vuelvan frías como piedras
cuelga de sus andrajos una rosa con cuernos.

Sublévate contra las ataduras de la luna
y el parlamento de los cielos,
los oficios de rey del mar maléfico,
la autocracia de la noche y el día,
la autarquía del sol.
Sublévate contra el hueso y la carne,
la orden de la sangre, la maliciosa piel,
y el gusano que no puede asesinar ningún hombre.

'"La sed se me ha extinguido, se me ha apagado el hambre,
resquebrajado está mi corazón;
mi cara en el espejo es macilenta
mis labios se han marchitado a besos,
mis pachos están flacos.
Una alegre muchacha me tomó por un hombre,
hice que se tendiera para contarle su pecado
y puse a su costado una rosa con cuernos".

El gusano al que ningún hombre puede matar
y el hombre al que no puede colgar ninguna soga
se sublevan contra el sueño de mi padre
que grita a la sucia arpía en la enramada de los cerdos rojizos
que se tienda a sus pies.
No puedo asesinar como un tonto
la luz del sol y la estación, la gracia, y la muchacha,
ni hacer más suave el dulce despertar.

La negra noche aún asiste a la luna
y sigue el cielo aplicando sus leyes,
el mar me habla con voz de rey,
la oscuridad y la luz no son enemigas
sino una sola compañera.
"¡Guerra a la araña y al reyezuelo!
¡Guerra al destino del hombre!
¡Muera el sol!".
Antes que la muerte te prenda, oh, toma de vuelta todo esto.
EL DOLOR, LADRÓN DEL TIEMPO

El dolor ladrón del tiempo hacia afuera se arrastra
del sepulcro nimbado por la luna con los años navegantes,
la sota de la pena se marcha sigilosa
desde la fe, hendida por el mar, que puso de rodillas al tiempo,
los viejos olvidan los llantos,
reclinan el tiempo en la marea y a veces el viento se detuvo de golpe.

Reclaman a los náufragos
que cabalgan a la luz del mar en un sendero sumergido,
los viejos olvidan el dolor,
y las toses crispadas y el albatros suspenso,
arrojan hacia atrás el hueso de la juventud
y el ojo de sal tropieza en el lecho
donde yace la que tiró de la alta mar en un tiempo de cuentos
y eternamente yace abrazada al ladrón.

Ahora, sota, padres míos, dejad al tramposo con cara de tiempo,
desde su manga centellea la muerte,
con su botín de burbujas en un saco fecundo
que se deslice a la tumba del padrillo,
proscripto con mirada de fiera a través de una grieta castrada
y libere los féretros gemelos del dolor,
no hay silbato de plata que pueda perseguirlo
entre las semanas montañosas de días
hasta el día de la muerte,
las burbujas robadas llevan consigo mordeduras de serpientes
y dientes como ojos aún vivos.
No hay tercer ojo que explore un sexo de arco iris
que haya tendido un puente entre las mitades del hombre.
Todo se quedará y ha de moldearse con los ladrones de mis padres
en ese golfo, abierto sobre la tumba.
Y LA MUERTE NO TENDRÁ DOMINIO

Y la muerte no tendrá dominio.
Los hombres desnudos han de ser un solo
con el hombre en el viento y la luna poniente;
cuando sus huesos queden limpios y los limpios huesos se dispersen,
ellos tendrán estrellas en el codo y el pie;
aunque se vuelvan locos serán cuerdos,
aunque se hundan en el mar de nuevo surgirán,
aunque se pierdan los amantes, no se perderá el amor;
y la muerte no tendrá dominio.

Y la muerte no tendrá dominio.
Los que hace tiempo yacen
bajo los dédalos del mar no han de morir entre los vientos,
retorcidos de angustia cuando los nervios cedan,
atados a una rueda no serán destrozados;
la fe, en sus manos, ha de partirse en dos,
y habrán de traspasarles los males unicornes;
rotos todos los cabos, ellos no estallarán.
Y la muerte no tendrá dominio.

Y la muerte no tendrá dominio.
Ya las gaviotas no gritarán en los oídos
ni romperán las olas sonoras en las playas;
donde alentó una flor, otra flor tal vez nunca
levante su cabeza a los embates de la lluvia;
y aunque ellos estén locos y totalmente muertos
su cabezas martillearán en las margaritas;
irrumpirán al sol hasta que el sol sucumba,
y la muerte no tendrá dominio.

ENTONCES MI NEÓFITO ESTABA

Entonces mi neófito estaba
—niño de blanca sangre arrodillado
bajo la campana de las rocas—
sumergido en los doce mares apóstoles,
el que devana los relojes de agua
anuncia un día y una noche verde.
Mi mar hermafrodita,
el caracol del hombre en su nave de fuegos
que incendia las cubiertas roídas
sabía todos sus horribles deseos
el trepador del sexo de agua
anuncia la roca verde de la luz.

En estos laberintos
hebras de la marea y calleja de escamas
abrazados a una valva inflada por la luna
¿quién huye hacia las velas mustias de las ciudades
plegadas en la casa y en el infierno de los peces
y no sucumbe ante sus verdes mitos?
Despliega las fotografías de sal,
el paisaje del dolor, el amor en sus óleos
espejos desde el hombre a la ballena
para que el niño verde vea como un cáliz
a través de la vela y la aleta, del fuego y el cordel
al tiempo en su sendero de velámenes.

El filma mi vanidad.
Arrojados al viento por los fuegos rodantes.
sobre las aguas llegan
desde sus casas y jardines de infantes
niños que hablan con las manos,
junto con el enmascarado muchacho sin cabeza.
El que devana la escena que marcha con el tiempo
ovilló su carrete y su misterio
como una esfera hecha de lagos
luego arrojó en la pantalla alzada de mareas
la imagen del amor hasta que un mar dramático
rompió los huesos de mi corazón.

¿Quién asesina mi historia?
El pedernal, la navaja del agua y la brusca guadaña
han baldado la hilera de los años.
¿Quién, con proféticos ojos,
podría arrancar esa huella sin forma
de los pasos futuros de tu sombra?
El tiempo me mata sin piedad.
"El tiempo no te matará", dijo él,
"ni el verde embrión habrá de ser herido;
"¿Quién podría arrancarte el corazón aún intacto
a ti, oh inmaduro que nos has nacido y que no has muerto'.'"
Vi al tiempo asesinarme.
EN DIRECCIÓN AL ALTAR BAJO LA LUZ DEL BUHO

I

En dirección al altar, bajo la luz del búho, a mitad del camino de la casa
el caballero con sus furias, declina hacia la tumba;
Abadon en pellejo arrancado a la uña de Adán,
devorador de mundos, con la quijada al acecho de nuevas,
un perro entre las ferias y con su horquilla,
arrancó a dentelladas la mandrágora gritando hacia el mañana.
Entonces, con monedas por ojos, este señor de las heridas,
viejo gallo de ningún sitio y del huevo celeste,
con huesos desprendidos en los vientos a mitad de su curso,
sobre una pierna en medio del ventoso naufragio,
en errante palabra vino a arañar mi cuna
esa noche del tiempo al abrigo de Cristo:
él dijo: soy el héroe que viaja alrededor del mundo
y comparto mi lecho con Capricornio y Cáncer.

II

La muerte es toda metáforas, forma una sola historia;
el niño que mamó tanto tiempo se lanza hacia lo alto,
el pelícano de los círculos guiado hacia el planeta
sobre una arteria, desteta la vida que se gesta;
el niño de la breve chispa en un país informe
pronto desde la cuna enciende una vara alargada;
los huesos de Abadon en cruz horizontal
—tú, junto a la caverna sobre las negras escaleras—
hiciste repicar como hueso y espada,
al chocar con las vértebras de Adán
y nutrido por la media noche, Jacob a las estrellas.
Tus cabellos, dijo entonces el sujeto vacío,
no son más que raíces de ortigas y de plumas
que traspasan el suelo desde los cimientos
y con cabezas de cicuta en los bosques de climas.

III

Al principio fue el cordero de rodillas temblorosas
y tres estaciones muertas sobre una tumba empinada
que el carnero de Adán, en la tropa de cuernos,
tronco del gusano de arbolada cola que montó sobre Eva
desbarató a cornadas con pie de calavera y esqueleto de uñas
sobre tonantes pavimentos a la hora del jardín;
desgarrón de las bóvedas, he tomado mi cucharón de médula
en el furgón del sepulturero envejecido,
y, Rip Van Winkle, de una cuna sin tiempo
me hundí hasta el pecho en el hueso caído;
y el negro carnero, un despojo del año, viejo invierno,
es lo único vivo entre su hueste de corderos,
—hicimos tintinear en la escala los cambios de estaciones—
dijeron las antípodas y la primavera repicó dos veces.

IV

¿Cuál es el metro del diccionario?
¿la medida del Génesis?, ¿el sexo de la breve chispa?,
¿una sombra sin forma?, ¿la forma del eco faraónico?
(la forma de mi edad que sermonea el herido murmullo)
¿cuál de los sextos vientos apagó la nobleza que ardía?
(las preguntas son entes gibosos frente a seres erguidos).
¿Qué decir de un hombre de bambú en vuestras tierras?
¿de un corset de osamenta para un riño encorvado?
En la giba de astillas abrochad el corpiño,
mis ojos de camello, pasarán como aguja a través del sudario.
Lo que el amor refleja en los rostros efímeros
calla quebrado por la noche en el campo con orillas de pan,
la sonrisa que una vez se cerrara en el muro de imágenes
como un arco de luces, rechazada, por encima del penoso diluvio.

V

Y con dos pistolas surgió Gabriel del Oeste ventoso,
desde la Vía Láctea irrumpió el rey de los lunares,
las sotas con sus galas, la reina de barajado corazón;
habló el caballero impostor en su traje de espadas
negra su lengua y ebrio por la botella de la salvación.
Mi Adán bizantino en la noche se alzó.
Débil por la sangre vertida caí sobre los llanos de Ismael,
mi hambre apacigüé bajo lechosos hongos,
la marea impetuosa del Asia me abatió
y la ballena de Jonás me alzó por los cabellos,
Adán de sal marcado por la cruz hacia el ángel helado
de piernas como agujas con la negra medusa sobre colinas aceradas
junto a mares baldíos donde el oso polar citó a Virgilio
y sirenas que cantan desde nuestra señora de las algas.

VI

Máscara de tajos sobre el cráter por la marea carcomido,
en un libro de agua lleno de ojos de sebo
a la luz de la lava, reveló las vocales de ostras
y quemó los silencios de mar en una tea de palabras.
Gallo, arranca mi ojo marino, dijo el evangelio de la medusa,
amor, cercena mi ahorquillada lengua, dijo la quemante ortiga.
Y el amor arrancó el punzante ojo de la sirena,
y viejo gallo de ninguna parte le cercenó la lengua trovadora
hasta que eché a los vientos el sebo de la torre de cera
grasas de la medianoche cuando la sal cantaba;
Adán, el burlador del tiempo sobre una bruja de cartón,
los siete mares descifró, un índice del mal,
y en los detritus, las damas de pechos como gaitas
derritieron la gasa ensangrentada a través de la herida en el hombre de cera.

VII

Grabad ahora el Padrenuestro sobre un grano de arroz
una Biblia con hojas de todas las maderas escritas
ceñidas a este árbol; un alfabeto que se mece,
Génesis en la raíz, la palabra espantapájaros,
y en el libro de árboles, el idioma de una sola luz.
Malditos sean los negadores cuyas palabras cambian con el viento
El tiempo es la tonada Oh Señoras con las tetas de música
peces espadas fijos en la desnuda esponja,
que a Adán, de voz sonora absorbe de la magia
tiempo, leche y magia, desde que el mundo comenzara.
El tiempo es la tonada con que las damas nos prestan su dolor,
desde raídos pabellones y la casa del pan
el tiempo sigue al ruido de la forma sobre el hombre y la nube
y deja su huella tintineante en la rosa y el hielo.

VIII

Fue la crucifixión en la montaña
los nervios del tiempo en vinagre, la tumba como horca
tan untada de sangre como las fúlgidas espinas de mis lágrimas,
es el mundo mi herida, la María de Dios en su dolor,
como tres árboles doblada y con pechos de pájaro debajo de la túnica
es la mujer de interminable herida, con alfileres en lugar de lágrimas.
Era el cielo, Juan Cristo, cada esquina trovadora
ganó la marcha de los clavos llevados hacia el cielo
hasta que el arcoiris tricolor el de mis pechos
se arrastró entre los polos alrededor del mundo y su despertar de caracol.
Yo junto al árbol de los ladrones, mediquillo de toda gloria,
castré al esqueleto en este minuto de montañoso,
y junto al reloj de viento, que del sol es testigo
padezco a los infantes celestiales en el latido de mi corazón.

IX

Desde los pergaminos y los archivos del oráculo,
los profetas y los reyes de fibra en ungüentos y tablas,
el laborioso escriba, la reina convertida en momia
visten sus pisadas de natrón con hilachas y hebillas
dibujan en el guante de huellas las tinturas extinguidas del Cairo
y derraman un halo sobre caduceos y serpientes.
Era la resurrección en el desierto,
la muerte tras las vendas burla las mascarillas de los doctos,
oro sobre esos rostros, y el espectro de lino
desposa a mi caballero de hace tanto con el polvo y las furias;
el faraón y el sacerdote se acuestan con mi noble herida,
mundo en la arena sobre el paisaje triangular,
con piedras de Odisea por guirnalda y ceniza
y ríos de difuntos en torno de mi cuello.

X

Deja que el marino del cuento en su peregrinar cristiano por la tierra
cruce a lo largo de la bahía imaginaria sobre el globo que yo mismo levanto.
donde el Evangelio del tiempo tan sólo es un despojo:
así los refugios alados a través de los ojos de las águilas
marcarán la palabra que vuela y sobre los mares imagino
la espina de diciembre clavada en un arco de arbustos.
Deja a Pedro, el primero, allí en su muelle de arco-iris
preguntar al pez grande, arrastrado de la Biblia oriental
¿qué hombre de ruibarbo, despellejado en su canal azul-espuma
ha sembrado un jardín volador en torno de ese espectro marino?
Verde como el comienzo, deja al jardín que se hunde
trepar con sus dos torres de cáscara hasta el Día
en que el gusano construya con las pajas doradas del veneno
mi nido de clemencia en el tosco árbol rojo.
ACASO PORQUE EL AVE DEL PLACER SILBE

¿Acaso porque el ave del placer silbe luego de las púas candentes en los ojos,
será más dulce el canto del caballo ciego?
Se refugian a tiempo el pájaro y la bestia
para sufrir la cena y los cuchillos de una emoción cualquiera.
En la nieve olfateada y vertida sobre la punta de la lengua del año
que remienda la saliva como burbujas con quebrados cuartos,
un hombre enamorado, solitario, junto a los tendones de sus ojos, dos fuegos,
acampado en el chaparrón color droga del alimento y de los nervios
saborea el lengüetazo de los años
a través de un débil bosque de cabello
en un viento que desplumaba gansos,
y nunca, cuando las lenguas salvajes quiebran sus tumbas
se vuelve a contemplar la agitada raíz roja.
Porque allí hay una historia fuera de la ciudad maldita,
la esposa helada cuyos jugos erraban como un mar estático
esculpido en secreto.
Herido por la calle veloz y ardiente
¿no debo acaso detener mi gira por quedarme mirando un año viejo
tropezando y quemándome en el fango de torres y galerías
como un ajado retrato de muchacho?
Yo atavié a la persona de sal y al lugar condenado
con carne de una fábula;
si los muertos sucumben, sus estómagos tumban
a un hombre vertical en las antípodas
como el mar con cimientos de espuma y pecho de roca;
sobre la mesa del pasado yo repito esta gracia presente.
HAGO ESTO EN UNA AUSENCIA TUMULTUOSA

Hago esto en una ausencia tumultuosa
cuando con su collar de piedra,
cada antiguo minuto en la estación del celo
abriga mi anclada lengua, resbala por el muelle,
cuando, bendita sea la alabanza, su orgullo navegó el mástil y la fuente
y quedó deslumbrado por el océano con figura de mano
en este orgulloso árbol navegante con ramas arrastradas
por la última bóveda y el dique vegetal,
y esta casa endeble hacia los cielos con pilares de médula,

es desdeñada, un harapo del aliento, una maleza enmarañada,
cabeza hueca de opio, paso de cuervo resollado, soplado, entrecortado,
o, como el nudo del pecho, por la marea atado, se recogió de nuevo
o rasgó ancestralmente el himen amarrado del mar,
y en su postrer orgullo es una criatura solitaria
arrastrada por imantados vientos hacia su madre ciega,
mansión de leche y pan en un pueblo sin dientes.

Ella para mí crea una inocencia de ortiga
y una culpa de palomo sedoso en su orgullosa ausencia,
en las rocas vejadas la caracola de las vírgenes,
la franca perla cerrada, la fisonomía de las niñas del mar
destellan en las cuevas rizadas con huellas de sirenas,
es la doncella en el roble ruboroso, el arbusto dorado de leones,
presagia danzas de toros y lechos de ballenas,
orgullosa como una piedra amamantada y vasta como granos de arena.

Estos son sus contrarios: la bestia que persigue
con grave pie de sacerdote y mano de cinco asesinos
su vuelo diluido hacia columnas como nidos de cenizas,
llama al rebaño diezmado por el fuego, se derrama en el hielo,
perdida en un silencio inocuo, lacio de árboles,
la que trepa una colina en el granizo con fríos pasos pétreos
cae sobre un anillo de veranos y clausurados mediodías.

Construyo un arma con los huesos de un asno
y ando por arenas tumultuosas junto a la ciudad muerta,
aporreo el aire pleno, destrozo el este y derribo el ocaso,
asalto su apresurado corazón, cuelgo su valva retorcida
con venas degolladas, dejo atados sus párpados.
Tras las mandíbulas que todo lo trituran
brilla la destrucción picada por los pájaros.

y por ese asesino, caigo hacia la ruina
negro por el contagio, como ola que se acerca.
La ruina, ese cuarto de errores, un crucifijo caído
en el mar hacinado y en la sombra con pilares de agua,
mi orgullosa pirámide pesada en rocoso sudario:
donde, como herida en el lienzo esmeralda y el agudo viento
la cabeza del héroe yace arrancada de todas las leyendas,
con mano enguantada de soles llega quien diseca el amor
el que roe el vivo corazón sobre un diamante.

"El vientre de su madre tuvo una lengua que lamía el barro"
gritaron los labios desdentados, con su mordaza de capucha y cuerda,
en esa tierra luminosa de anclas donde yacía amortajado,
"Un lagarto se vuelve con el dardo de su negro veneno
para hundirlo hacia atrás en el lecho del tétano
y el blanco aliento vela la boca de la simiente"
"Mirad", repetían las viejas máscaras "cómo suben los muertos:
en el espiral sin fin del dique, un hombre es atrapado".

Estos ojos que una vez fueron ciegos han respirado un viento de visiones,
la raíz del caldrón en esta mano, otrora sin anillos
se esfumó como un árbol y se agitó como pájaro en llamas;
con dientes rotos y sonoros y cola y tambor de telaraña
las jaurías ajadas se alejaron de este fantasma en flor
y, tibio como el perdón desde una nube de orgullo,
el mundo, terrible hermano mío, le desnuda la piel.

Ahora en el gran pecho de la nube yacen países quietos,
por mares rescatados marcha mi amor desde su sitio altivo
sin heridas ni rayos en su cara,
un viento calmo sopla, alza los árboles como cabelleras.
donde una vez la sangre de la blanda nieve se hizo hielo.
Y aunque un amor tire del aire pálido, lleno de pezones
y los orgullos del mañana le devoren los ojos,
aun así hago esto en una presencia misericordiosa.

CUANDO MIS CINCO SENTIDOS CAMPESINOS VEAN

Cuando mis cinco sentidos campesinos vean,
se olvidarán los dedos de sus pulgares verdes
y sabrán de qué modo el amor es raspado en la escarcha
y transido de invierno,
a través del zodíaco a puñados, la cáscara de las estrellas nuevas
y el ojo vegetal del semilunio,
las orejas murmurantes mirarán el amor expulsado a redobles
bajando por la valva y la brisa hacia una playa discordante,
y ligada a las sílabas, la lengua del lince llorará
pues sus fieles heridas se han remendado amargamente.
Mis narices verán arder como un arbusto su respiración.

Mi corazón único y noble tiene sus testigos
en todos los países del amor que a tientas despertarán;
y cuando el sueño ciego caiga sobre los sentidos en acecho
será sensual el corazón aunque haya cinco ojos que se quiebren.
TENDIDOS EN LA ARENA JUNTO AL MAR

Tendidos en la arena, alerta al amarillo
y al mar austero, remedamos al que se burla
del que sigue los ríos rojos,
hueca alcoba de palabras
desde la sombra con forma de cigarra,
porque en esta tumba amarilla de arena y mar
un llamado al color llama en el viento
que es austero y alegre como tumba y mar dormidos
el uno frente al otro.
Los silencios lunares, la marea callada
que lame los inmóviles canales, el seco domador de las mareas
cercado entre el desierto y la tormenta de agua,
debería curar nuestros males del agua,
con una calma de único color;
la música celestial sobre la arena
resuena con los granos en su prisa
y esconde las mansiones y montañas doradas
de la austera y alegre tierra junto al mar.
Limitados por una lonja soberana yacemos
alerta al amarillo, deseamos que el viento lleve lejos
estos estratos de la orilla y ahogue la roja roca;
pero los deseos no son alimento
ni podemos resistir la llegada de la roca,
sólo yacer alerta al amarillo hasta que la atmósfera dorada
se rompa, oh, sangre de mi corazón, como el corazón y la colina.
ES LA CAMPANA DE LENGUA POLVORIENTA DE LOS PECADORES

Es la campana de lengua polvorienta de los pecadores que a los templos me ciñe
cuando el tiempo, con su antorcha y su clepsidra, como un cura de azufre,
con su talón de bestia hundido en la sandalia
marca una nave negra que se enciende desde una tea de cenizas,
con desgreñadas manos el dolor rasga el espectro del altar
y un viento de fuego asesina la vela.

Sobre el minuto de los coros oigo el cántico de la hora:
el santo coral del tiempo y el salobre dolor se ahogan en un fétido sepulcro
y un remolino guía el tambor de oraciones;
la caída de la luna y el emperador navegante, pálidos como sus huellas en la
[marea,
por un acaso de la muerte oyen el reloj del campanario derribado
que bate la hora del mar a través del bronce.

Allí, directo bajo la llama muda, en la casa derribada
tempestad, nieve y fuente en la atmósfera de fuegos de artificio,
hay una catedral serena, oscura y resonante;
el dolor, con un libro empapado y una vela bautiza al tiempo querubín
desde la silenciosa campana de esmeralda;
y en la veleta movediza
la voz del pájaro sobre el coral reza.

Más allá de la pila y del hueso y las plantas que tocan a rebato en la piedra
hay para siempre un niño blanco en el verano de sombría piel
que escala el muro azul de los espíritus;
desde el invierno líquido y vacío, navega el niño de colores,
sacude, en la áspera mortaja, cuando el insecto del mago lo despierta
el ding dong de las torres mudas.

Al decir tiempo aludo al tramposo bribón de nuestra boda
nacido a la caída de la noche, en el lado gordo de una cama animal
en un cuarto bendito en una ola;
y todos los pecadores del amor se arrodillan sobre una tela suave
ante la imagen de un punto zodiacal,
nuez moscada, algalia y perejil ofrecen los afligidos novios
que han dado a luz al dolor granuja.
OH HAZME UNA MÁSCARA

Oh hazme una máscara y un muro que me oculte de tus espías
de esos agudos ojos esmaltados y de las garras ostentosas
de la rebeldía y la violación en los viveros de mi rostro,
una mordaza de árbol, en silencio golpeado para cubrirme de los desnudos [enemigos
hazme una lengua de bayoneta en esta oración indefensa,
vuelve mi boca flagrante y que sea una trompeta de mentiras soplada dulcemente,
dame las facciones de un tonto moldeado en vieja armadura y roble
para escudar el cerebro brillante y confundir a los indagadores,
y un dolor viudo manchado de lágrimas caído de las pestañas
para velar la belladona y hacer que adviertan los ojos secos
que otros traicionan las quejumbrosas mentiras de sus pérdidas
con los pliegues de la boca desnuda y la risa solapada.
LA CÚPULA SE ESTIRA

La cúpula se estira. Su imagen es una jaula de pájaros.
Desde el nido de piedra no deja que las aves cinceladas, plumosas
mitiguen sus vividas gargantas en la grava de sal,
o perforen el quebrado cielo zambullendo su ala en la maleza y su talón
un palmo entre la espuma. Los repiques defraudan la prisión de la cúpula
caen a tiempo como lluvias proscriptas, sobre aquel sacerdote, agua,
tiempo para las manos de los nadadores, música para la boca y el candado de [plata.
Nota y plumaje se zambullen desde el garfio de la cúpula
esos pájaros que estiran el cuello son para que tu escojas
las canciones que a saltos retroceden hacia la voz labrada,
o vuelan a las campanas en invierno,
pero no regresan con el viento mudo, como los pródigos.
DESPUÉS DEL FUNERAL
A la memoria de Ann Jones

Después del funeral, alabanzas de necios, rebuznos,
golpes de viento en las orejas como velas, el acolchado
golpeteo de una alegre clavija sobre el pie grueso de la tumba
que clausura los párpados, los dientes en negro,
los babosos ojos, las charcas de salitre en las mangas,
el matinal chasquido de la pala que despierta el sueño,
en las tinieblas del ataúd sacude a un niño desolado
que gotea hojas secas al cortar su garganta
y saca un hueso al sol en un golpe de juicio,
tras el festín de cardos y horas llenas de lágrimas
en un cuarto con un zorro disecado y un helecho marchito,
por esta ceremonia yo estoy solo
en las horas del llanto
con Ann, la muerta, la jibosa,
cuyo embozado corazón de fuente se derramara cierta vez en charcos
en torno de los mundos asolados en el país de Gales y ahogara cada sol
(aunque ella creería esta imagen una ciega y monstruosa
alabanza engrandecida —su muerte fue una gota callada—,
no hubiera dejado que me hundiese en el chorro sagrado
del prestigio de su corazón, yacería honda y muda
pues su cuerpo quebrado no necesita de un poeta).
Pero yo, bardo de Ann, desde un hogar en alto
llamo a todos los mares a oración,
para que la leñosa lengua de su virtud murmure
como una boya de campana sobre las cabezas de los que cantan himnos,
abata las paredes del bosque lleno de helechos y de zorros
y su amor cante mecido en la parda capilla,
y bendiga con cuatro aves de paso su alma reverente.
Mansa como la leche fue su carne, pero esta estatua camino al cielo
con su pecho salvaje y la bendita, gigante calavera
se halla esculpida a su imagen en un cuarto de ventanas mojadas
en una casa ferozmente enlutada por un año nefasto.
Yo sé que sus manos agrietadas, humildes, rancias manos
yacen crispadas en oración,
su raído murmullo en una frase húmeda, su ingenio, goteando en el vacío;
su rostro como un puño al morir se contrajo en un dolor redondo
y es Ann en su escultura, setenta años de tallada piedra.
Estas manos de mármol, empapadas de nubes,
esta disputa gigantesca de la voz desbastada, del ademán y el salmo,
me asaltarán por siempre sobre su tumba
hasta que el pulmón del zorro disecado se estremezca y grite "amor"
y el helecho hamacado por el viento deje en el umbral negro sus semillas.
UNA VEZ ERA EL COLOR DEL DECIR

Una vez era el color del decir
empapaba mi mesa el lado feo de la colina
con un campo volcado donde una escuela callada se asentaba
y un remiendo de niñas blanco y negro en sus juegos crecía;
Yo debo deshacer esas laderas suaves
para que todo lo que se ahogó grácilmente con el canto del gallo se alce para
[matar.
Cuando silbaba yo con los granujas a través de los depósitos
a los amantes fríos y chiflados en la mugre de sus frondosas camas
la sombra de sus árboles era una palabra de muchas formas
y una lámpara de relámpagos para el pobre en la oscuridad.
Ahora mi decir será mi deshacer
y cada piedra que devane como un carrete.
NUNCA DESDE ESTA IRA

Nunca desde esta ira, un anticlímax
luego que el rechazo la golpeó en el lomo
y la flor coja se arqueó como una bestia para lamer las extrañas corrientes
en una tierra atada por el hambre,
ella ha de recibir una panzada de algas
ni ha de aguantar las manos fibrosas que yo toco
a través de dos mares que agonizan.
Atrás de mi cabeza un cuadrado de cielo se desploma
en la sonrisa circular mecida desde un amante al otro
y la esfera dorada hace girar los cielos;
nunca desde esta ira
después que el rechazo la golpeó como una campana bajo el agua
su sonrisa ha de nutrir aquella boca, tras el espejo,
que arde a lo largo de mis ojos.
CÓMO EL ANIMAL QUE HAY EN Mí

¿Cómo el animal que hay en mi
cuya forma embrujada yo dibujo en el cráneo cavernoso
vehículo de pústulas y caracola de exultación,
soportará el entierro bajo el muro de hechizos,
el velo tantas veces invocado que amortaja la cima de la cara,
quién se enfurecería
ebrio como un gusano de las viñas, como un pulpo azotado,
rugiendo, arrastrándose, pendenciero
con los climas de fuera
el natural anillo de los cielos desnudos
descendido a sus ojos de fantasma?

¿Cómo habrá de hechizar,
una tierra brutal en el límite frío de los días campestres
hacia el macho clavado en una llama curva a medianoche,
que funde las leoninas garras y la herradura del corazón
para trotar con una hembra ruidosa por los lechos de heno de una milla,
amar y trabajar y asesinar
en una luz ligera, dulce y cruel hasta que brote la tierra aprisionada
y el negro mar estalle en regocijo,
los intestinos se revuelvan,
la zarpa de las hoscas venas estruje desde cada partícula rojiza
la voz quemada e iracunda?

Los pescadores de tritones
se arrastran y murmuran sobre la marea mientras hunden el
[hechizado anzuelo curvo
con mordisco nupcial de pan dorado, con un viviente ovillo,
lengua y oreja en el hilo,
pesco en las cuevacharcas animales de ensalmos y de hueso,
cercadas por los templos y presas en guedejas
y dibujo un tentáculo,
clavado con un ojo abierto en un cuenco de heridas y maleza
para abrochar mi furia contra el suelo
y abatir la grandeza de su sangre;
nunca la bestia ha de nacer para alzar estos mares escasos
o suspender el día sobre un cuerno.

Largo suspiro, frío barro, mentira rota,
alto arrojo, aturdido en las agallas de la piedra; solapadas tijeras bruñidas en la [escarcha
repiquetean a través del grosor de la fuerza, el amor labrado en los pilares cae
con el ave tallada, con el santo y el sol, la boca de la doncella naufragada entre [espigas
cuelga como un arbusto frutecido de llamas, el delirio de los ojos vehementes
cercena el gesto del aliento.
Muere entre plumas rojas cuando se corta el cielo
y rueda con la tierra golpeada:
seca mentira, descanso robado, bestia mía.
Te han echado a puntapiés de una caverna oscura,
has saltado al relincho de la luz
y te has cavado la tumba en mi pecho.
LA LOSA DECÍA LA FECHA DE SU MUERTE

La losa decía a fecha de su muerte.
Me detuve a la vista de sus dos apellidos.
Una virgen casada reposaba.
Se casó en este sitio invadido de lluvias
que descubrí un buen día por azar,
antes que en el regazo de mi madre oyera
o viera en la caracola del espejo
el hablar de la lluvia a través de su frío corazón
y al sol asesinado en su semblante.
No puede decir más la gruesa piedra.
Antes de que ella se tendiera en la cama de un extraño
con una mano hundida entre su pelo,
antes que una lengua lluviosa devolviera los golpes
a través de diabólicos años y muertes inocentes
hasta llegar al cuarto de algún hijo secreto,
oí decir más tarde entre los hombres
que lloró al ver desnudos
sus miembros ataviados de blanco
y contemplar sus colorados labios
ennegrecidos por los besos;
que lloró en su dolor con muecas en el rostro,
y que habló y lagrimeó
aunque sonriera su mirada.

Yo que vi en una rápida película
a esta loca heroína y a la muerte
encontrarse una vez, sobre un muro mortal
la oí hablar a través del astillado pico
del pájaro de piedra que la guarda:
"Morí antes que llegara
la hora de ir al lecho
pero rugió mi vientre mientras tanto
y sentí en la desnudez de mi caída
una cabeza roja y áspera que irrumpía llameante
y el amado diluvio de su pelo”.
SIN TRABAJAR CON LAS PALABRAS

Sin trabajar con las palabras durante tres meses estériles
en el vientre sangriento del año rico y la gran bolsa de mi cuerpo
censuro amargamente mi oficio y mi pobreza:

Tomar, dar, eso es todo, devolver lo que se da con hambre
soplar hacia los cielos a través del rocío las libras del Maná,
el bello don de la charla rebota contra una vara ciega.

Elevarse, alejarse de la riqueza humana es gustar a la muerte
que al fin arrasará con los dineros del aliento marcado
y contará los misterios robados, traicionados en una maligna oscuridad.

Rendirse ahora es pagarle dos veces a ese ogro insaciable.
Bosques antiguos de mi sangre, precipitaos a la cuenca de los mares
si me pongo a quemar o resarcir el mundo lo cual es la tarea de cada uno de los [hombres.

UN SANTO A PUNTO DE CAER

Un santo a punto de caer,
las planicies manchadas de los cielos golpearon y rozaron
los ruedos en forma de cometa de su besado manto,
en la última calle los gestos alabaron
el destejerse como canción junto a la roca,
de la pared labrada
de la casa paterna en las arenas,
y el esfumarse del musical trabajo de los puertos y el cloquear de las campanas,
la tos herida del reloj, medidor de la sangre
tras un rostro de agujas,
sobre el etna angelical de las últimas tierras de plumas aleteantes
con pie calzado en viento en el hueco de una bola de fuego
entonó himnos a sus rebaños que se marchitaban,
en el último extremo de la parva junto a pozos rebosantes de vino,
hambriento, cantó al cielo
y al veloz Pandecristo cortado que escupía vinagre
y todos los asombros de su lengua lisonjera y envidiosa
se incrustaban en fuego y caracolas.

La gloria estalló como una pulga
los sagrados bosques de velas con sus hojas de sol
echaron baba sobre un árbol chamuscado
encapotándolo de negros brotes,
las dulces barcas con aletas de peces que acarreaban sangre
se tambalearon en un mar a pique
con sus presas de algas y de pajas,
con su caída cayó el cielo y una exhausta campana golpeó en el
[aire abandonado.

Oh despierta en mí, en mi casa en el barro
del cruce de las riberas quejumbrosas,
echado a latigazos de la carbólica ciudad confunde en un lecho de penas
las bases huidizas del cielo familiar,
los tejados altivos de las nubes.
Desde un extraño cuarto en una casa dividida mira fijo,
con la leche en la boca, los agrios diluvios
que entierran la dulce calle lentamente,
mira como la calavera de la tierra se arma con una guerra de cabellos
y cerebros ardientes.

Golpea en la ciudad-bomba-de-tiempo,
levanta las vivientes vigas del tambor del oído,
tira tu miedo como un fardo de piedra,
a través del asilo sombrío,
envuelto entre gemidos de Herodes
mientras penetran sus espadas
pues los ojos ya han sido asesinados,
se fuerza el gastado corazón
y la agonía tiene otra boca que alimentar.
Oh despierta y mira, luego de una caída noble
de nuevo el viejo sumidero fangoso, el sórdido pesar
gotea desde las manos de estropajo y la estrujada esponja de la frente,
el aliento retrocede como un rayo a través del aceite blanquecino
y un extraño penetra como el hierro.
Grita de gozo que este segundo con cara de comadre y de bruja
te intimida hacia el brusco mar tan suavemente
y un látigo hecho del pulgar y del sol
convierte en una playa de toros estruendosa
tu isla silenciosa, cercada de muchachos.
"SI MI CABEZA CAUSARA EL MÁS MÍNIMO DOLOR"

"Si mi cabeza causara el más mínimo dolor
vuelve a encerrar el hueso descendido. Si el globo intacto de mi aliento
chocara en un conducto deja que salten las burbujas.
Es mejor ceñirme la garganta con el gusano de las sogas
que alardear un amor enfermizo en esa escena de pañales.

"Todos los estribillos caben en tu anillo de reñidero;
he de peinar los bosques enredados con un guante en la lámpara,
picotear, correr, bailar sobre las fuentes y zambullirme en el tiempo
antes de que reduzca a martillazos el fantasma, el aire,
aporree la luz y ensangriente un cuarto sonoro.
Si mi arribo encorvado y simiesco es cruel
arrójame con ira a la casa en que me hicieron. Mi mano se desata
cuando tú coses la profunda puerta. La cama es un lugar de aflicción.
dóblate como un arco si mi travesía te doliera
o haz una sombra renga y sin jinete que gotee nueve meses fluidos"

"No. Ni por el lecho deslumbrante de Cristo
ni por un sueño nacarado entre encantos y partículas suaves
mi amor, yo cambiaría mis lágrimas o tu cabeza de hierro.
Mi hijo o hija, nada te empujará a la fuga, nada, nada,
aunque se rompan las pesadas multitudes acuáticas del cielo.

Ahora con mi gozo por cueva, a despertar, envainado de gestos
hacia la angustia y la carroña, hacia el infante que nunca será libre;
oh mi amor perdido, arrojado de un buen hogar;
la semilla que rápida se asoma al borde de la tumba
tiene una casa y una voz, y aquí y allí debes recostarte y llorar.

"Descansa ahora sin elección posible en la semilla destinada al polvo
junto al pecho henchido de mares.
No hay regreso por las aguas de las calles gordas ni por los flacos caminos de los [huesos.
La tumba y mi calmo cuerpo están cerrados como una piedra a tu regreso
y el sufrimiento abre el principio sin fin de los prodigios."
VEINTICUATRO AÑOS

Veinticuatro años rememoran las lágrimas de mis ojos.
(Enterrad a los muertos para que no marchen penosamente hacia la tumba.)
En el dique de la puerta natural me acurruqué como un sastre
que cosiera la mortaja para una travesía
bajo la luz del sol devorador de carne.
Vestido para morir comencé el contoneo sensual
las venas rojas llenas de dinero,
en dirección final a la ciudad rudimentaria
avanzo mientras dure lo que existe para siempre.
LA CONVERSACIÓN DE LOS REZOS

La conversación de los rezos que está por pronunciar
el niño que se acuesta y el hombre en la escalera
que trepa al cuarto alto donde muere su amante,
sin que al niño le importe a quien verá en sus sueños
mientras el hombre llora, temiendo hallarla muerta,

se enciende entre las sombras el sonido que se habrá de elevar,
ellos lo saben, hacia los cielos que responden desde los suelos verdes
desde el niño en su cama y el hombre en la escalera.
Ese sonido a punto de decirse en las dos oraciones
por el sueño en una tierra a salvo y el amor que agoniza

serán la misma pena que se eleva. ¿A quién aliviarán?
¿Dormirá el niño ileso o ha de llorar el hombre?
La conversación de los rezos a punto de decirse
cambia a los vivos y a los muertos y el hombre en la escalera
no encontrará esta noche a su amor agonizando en el cuarto de arriba

sino viva y caliente gracias al fuego de su cuidado.
Y el niño, sin cuidar a quien llega su oración,
se ahogará en una pena tan honda como su tumba cierta,
y advertirá esa onda de sombríos ojos, a través de los ojos del sueño,
que lo arrastra hacia arriba, hacia alguien que ha muerto.
NEGATIVA A LAMENTAR LA MUERTE POR FUEGO DE UNA NIÑA EN LONDRES

Jamás hasta que la humanidad hacedora
de la bestia, el pájaro y la flor,
del procrear y toda la oscuridad humillante,
diga con el silencio la última luz rompiente
y la hora tranquila
haya venido desde el mar brincando en su montura,

y yo deba penetrar de nuevo
en el redondo Zion de la burbuja de agua
y en la sinagoga de la espiga
dejaré que la sombra de un sonido rece
o sembraré mi simiente de sal
en un mínimo valle de cilicio, por lamentar

la majestad y el arder de esta muerte de niña.
No asesinaré
la humanidad de su partida con una verdad grave
ni blasfemaré por las estaciones del aliento
con alguna tardía
elegía de inocencia y juventud.

Honda, con los primeros muertos yace la hija de Londres
ataviada por los amigos perdurables
los granos sin edad, las venas oscuras de su madre,
secreta junto al agua sin quejas
del Támesis jinete.
Tras la primera muerte ya no hay otra.
POEMA DE OCTUBRE

Cumplía treinta años, mi aniversario despertó hacia el cielo
cuando oí cómo hacía señales la mañana
con la oración del agua y el grito de cornejas y gaviotas
y el roce de las barcas en el muro trenzado por las redes
desde el puerto y los bosques vecinos
y los mejillones en sus charcas y la playa con garzas clericales
para que en un segundo me pusiera de pie
y echara a andar en el pueblo todavía dormido.

Mi cumpleaños empezó con los pájaros acuáticos
y con pájaros de árboles alados que volaban mi nombre
sobre las granjas y los blancos caballos
y yo me levanté en el lluvioso otoño
y eché a andar en el chaparrón de todos mis días,
Era en la pleamar y las garzas buceaban cuando tomé el camino fronterizo
y aun estaban cerrados los portales del pueblo
mientras el pueblo se iba despertando.

Toda una primavera de alondras en una nube rodante
y las matas a orillas del camino desbordaban de mirlos silbadores
y el sol de octubre a la manera del verano
sobre el hombro del cerro
fueron climas amigos y hubo dulces cantores
que llegaron de pronto en aquella mañana por la que yo vagaba
y escuchaba cómo se escurría la lluvia;
frío, el viento soplaba
en el bosque, muy lejos, a mis pies.

Pálida lluvia sobre el puerto encogido
sobre la iglesia mojada por el mar, tan pequeña
que semejaba un caracol con sus cuernos a través de la niebla
y del castillo pardo como los búhos;
pero todos los jardines de primavera y de verano
florecían en los cuentos fantásticos
detrás de la frontera y abajo de la nube invadida de alondras.
Allí podía yo maravillarme
mi cumpleaños se iba yendo pero el tiempo giraba alrededor.

Girando me apartaba del país jubiloso
bajaba por el aire cambiado y por el cielo alterado de azul
fluía de nuevo una maravilla de verano
con manzanas y peras y grosellas rojas:
y vi tan claro en el rodar del tiempo
aquellas olvidadas mañanas cuando un niño paseaba con su madre
por entre las parábolas del sol
y las leyendas de las verdes capillas

y por los campos de la infancia ya dos veces contados
porque sus lágrimas quemaron mis mejillas y su corazón se conmovió en el mío.
Estos eran los bosques y era el río y el mar
allí donde un muchacho
en el verano atento de los muertos
murmuraba la verdad de su gozo
a los árboles, las piedras y el pez en la marea.
Y el misterio cantó vivo
en el agua y en el gorjeo de los pájaros.

Y allí podía yo maravillarme
mientras mi cumpleaños se alejaba aunque el clima diera vuelta en redondo
y el gozo verdadero del niño muerto hace tanto tiempo
cantaba ardiendo bajo el sol.
Cumplía treinta años hacia el cielo y en el mediodía del verano
aunque la villa al fondo se cubriera de hojas por la sangre de octubre
oh que en este alto cerro
a la vuelta de un año
la verdad de mi corazón se cante todavía.
ESTE LADO DE LA VERDAD
(para Llewellyn)

De este lado de la verdad,
quizá tú no veas, hijo mío,
rey de tus ojos azules
en el país cegador de la juventud,
que todo está por hacerse
bajo los cielos indiferentes
de inocencia y de culpa
antes que intentes sólo un gesto
con la cabeza o el corazón,
todo se ha unido y disgregado
en la ventosa oscuridad
como el polvo de los muertos.

Lo bueno y lo malo, dos maneras
de andar entre tu muerte
por este mar triturador,
rey de tu corazón en los días ciegos,
vuelan como el aliento,
van llorando a través de ti y de mí
y de las almas de todos los hombres
hacia la inocente oscuridad
y la culpable oscuridad
y la buena muerte y la mala muerte
y por fin en el último elemento
vuelan como la sangre de los astros,

como las lágrimas del sol,
como la semilla de la luna,
basura y fuego, en el bullicio volador
del cielo, rey de tus seis años.
Y el deseo perverso
bajo el origen de las plantas,
los animales y los pájaros,
del agua y de la luz, de la tierra y el cielo,
desaparece antes de que te muevas,
y todos tus actos, todas tus palabras,
cada verdad, cada mentira
mueren en un amor que no juzga.
A OTROS QUE A TI

Amigo, enemigo te grito.
Tú con la mala moneda en tu bolso,
tú, mi amigo, con aire triunfador
que palmeabas la mentira en mí, cuando atrevido mirabas
dentro de mi más tímido secreto,
tentado con guiñadas brevísimas del ojo
hasta que el diente dulce de mi amor mordiera en seco,
limado al fin y tambaleando succioné,
a quien ahora ruego que se detenga como un ladrón
en la memoria labrada por espejos,
con un acto sonriente sin olvido posible,
rapidez de la mano en el guante de seda
y bajo tu martillo todo mi corazón,
fuiste una vez aquella criatura tan alegre, tan franca
íntimo amigo que nada me pedía
que no creí jamás defraudar ni creer
mientras desplazabas una verdad en el aire.

que aún cuando los amé por sus defectos
tanto como por sus virtudes
mis amigos fueron enemigos con zancos
que hundían sus cabezas en una nube artera.

AMOR EN EL HOSPICIO

Una extraña ha venido
a compartir mi cuarto en esta casa que anda mal de la cabeza,
una muchacha loca como los pájaros

traba la puerta de la noche con sus brazos, sus plumas.
Ceñida en la revuelta cama
alucina con nubes penetrantes esta casa a prueba de cielos

hasta alucina con sus pasos este cuarto de pesadilla.
libre como los muertos
o cabalga los océanos imaginarios del pabellón de hombres.

Ha llegado posesa
la que admite la alucinante luz a través del muro saltarín,
posesa por los cielos

ella duerme en el canal estrecho, hasta camina el polvo
hasta desvaría a gusto
sobre las mesas del manicomio adelgazadas por mis lágrimas.

Y tomado por la luz de sus brazos, al fin, mi Dios, al fin
puedo yo de verdad
soportar la primera visión que incendia las estrellas.

POR DESGRACIA UNA MUERTE

Con el fénix bajo la pira
por desgracia esperando una muerte
que aún me alivie de mis pecados y mis días,
y aguardando a la mujer en sombras
santa cincelada y sensual entre los muertos que se escapan.
los desaparecidos, me dedico para siempre a mí mismo
aunque el tumulto del beso no haya sucedido
sobre la boca de fría arcilla
sobre la frente sellada por el fuego,
que podía atarle eternamente,
ni los vientos del amor se hayan roto y disperso
hacia el viento, hacia el coro y los claustros
del convento invernal de la orden de la lujuria
bajo mi vida que suspira por la llegada de la seductora
en los golpes solares del verano,

sigue mi cuerpo amando la culpa azotada por el mar
mi cuerpo afortunado bendito
bajo la nube en contra del amor es capturado en el mar y ceñido y besado
en el remolino del corazón del día que desciende,
la oscuridad, nuestra locura,
cercenada hacia la estrella quieta en la orden de los vivientes
pero bendita por huestes tan heroicas
en cada palmo de ti y en cada mirada, que la herida
es una especie de dios y se celebra allí la ceremonia de las almas
y la comunión entre los soles.
Nunca mi propio ser ha de cantar
acerca de los santos en las sombras
mientras el breviario interminable
trastorna tu carne tan rezada
ni debajo de mí he de ahuyentar al pájaro:
la muerte que ata a dos se acuesta solitaria.
Veo a la fiera llorosa
en la andrógina oscuridad
su tribu desvestida y orlada de crines marcha hacia el holocausto,
las mulas hembras cargan sus minotauros,
la cría de los ornitorrincos en una leche de pájaros.
Veo a la monja magra y santa, cincelada en un traje de sombras,
símbolo del deseo más allá de mis horas y mis culpas
gran cruz y continencia de gigante.
Veo al fénix desfogado, heraldo y vocero del cielo
súbita flecha de la ambición y la renuncia de las islas.
Todo amor es monstruoso o inmortal
salvo para la plena congregación en flor de la carne viviente
y la tumba, sus hijas.

El amor, mi destino lo supo por fortuna,
enseña sin palabras
que el saludo del fénix hacia el cielo
y el deseo después de la muerte en el convento cincelado
habrán de fracasar si no me inclino ante tu bendición,
ni camino en el frío de tu jardín mortal
con la inmortalidad a mi costado como Cristo en el cielo.
Sé todo esto por la lengua materna que traducen tus ojos.
Las jóvenes estrellas me contaron el lanzamiento en el principio como Cristo de [niño.
Afortunadamente ella debe yacer pacientemente
y el pájaro lanzado permanecer inmóvil.
Oh mi sincero amor, sostenme,
en cada palmo y cada mirada tuya ha girado el globo de la génesis y la tierra viviente, tus hijos.
EL JOROBADO EN EL PARQUE

El jorobado en el parque
solitario señor
apuntalado entre los árboles y el agua
desde que el candado del jardín se abre
para que entren los árboles y el agua
hasta la lóbrega campana dominguera en el crepúsculo,

come el pan que ha traído en un diario
bebe el agua del jarro encadenado
que los niños llenaron de pedruscos
en el estanque donde hice navegar mi barco,
por la noche durmió en una perrera
pero sin que nadie le pusiera cadenas.

Como los pájaros del parque ha venido temprano
se sentó como el agua
y señor lo llamaban eh señor
los chiquillos bribones del lugar
que escapaban apenas los oía
hasta alejarse de su vista

más allá del lago y los rosales
riéndose cuando el otro agitaba su diario
encorvado en la burla
pasaban por el zoológico sonoro de la arboleda de los sauces
esquivando al cuidador del parque
con su palo de juntar las hojas.

Y el viejo perro aletargado
solitario entre las niñeras y los cisnes
mientras desde los sauces los chiquillos
hacían que los tigres saltaran de sus ojos
para rugir entre las piedras rocosas
y los bosques se azulaban de marineros

trabajó el día entero hasta la hora de cerrar
en una figura de mujer sin fallas
erguida como un joven olmo
alta y erguida surgió de sus huesos torcidos
para que de noche se pusiese de pie
tras los cerrojos y las cadenas

Toda la noche en el parque deshecho
tras los arbustos y las rejas
los pájaros el pasto los árboles el lago
y los niños inocentes como fresas
habían ido en pos del jorobado
hasta su perrera en las sombras.

DENTRO DE SU CABEZA YACENTE

Dentro de su cabeza yacente
los enemigos de él entraron en el lecho
bajo el pesado párpado
por el tambor rizado de la oreja enterrada en el pelo;
Y la áspera paloma de Noé despertada de pronto
trajo volando la gestación humana.
Anoche en una ola violadora
ballenas desatadas desde la tumba verde
en fuentes del origen a su amor renunciaron;
por la inocencia de ella
Juan resbaló encendido y el joven rey Lear salvajemente,
la reina Catalina aulló desnuda,
se ahogó Sansón entre su propio pelo,
las colosales intimidades de extraños silenciosos
vistos alguna vez o las sombras en la escalera;
allí la oscura espada y la lascivia la echaron suspirando
a un camastro de heno, y las guadañas de sus brazos
rodaron y silbaron cien veces
antes de que trepara la mañana ostentosa;
el hombre era la ardiente Inglaterra por la que ella caminaba sonámbula y la isla [hechizante
cegó sus miembros con ensalmos de luz,
el sueño, a otro sueño flamante en una hoja nervada acarició y cantó
y su inocente amado fugitivo se recostó en la arena pedregosa.

II

Allí donde una lengua innumerable
hirió su cuarto con un viril lamento
su fidelidad voló deshecha en torno de ella
y la oscuridad colgó de las paredes canastas de serpientes,
un super-hombre o casi un hombre con narinas semejantes a hornallas
y miembros cual columnas
para sus atontados sentidos, semejante
al ladrón de la adolescencia,
temprana imaginariamente a medias recordado
el oceánico amante solitario
cuyos celos no puede ella olvidar por nada de este mundo,
hizo su lecho malo en la buena noche de ella
y la gozó tanto como quiso.
Gritando en su blanco camisón en medio de escenarios a la luz de la luna
hacia la alineada marea que escuchaba,
lejos y cerca, ella anunció el pillaje del corazón,
en el cuerpo tomado a distintas edades,
novia rota y violada
que celebraba a su costado
todos esos asaltos marcados por la sangre y aquellas bodas desvaídas
en las que él jamás tuvo una parte agradable
ni pudo compartir para su orgullo hasta el susurro último
y el último aleteo del solemne sacerdote nocturno,
sus horas, santas y prófanas con la bestia eternamente anónima.

III

Dos granos de arena juntos en el lecho,
la cabeza a la cresta que circunda el cielo,
yacen por separado con toda la ancha orilla,
con el mar que cubre la caída de su noche sin nombres;
y desde cada valva techada y cimentada
con una sola voz encadenada grita
mortífera, la hembra y el macho
la traición lasciva
va disolviendo en oro bajo el velo del agua.
Un ave hembra duerme acurrucada
junto a las alas del amante que prepara su vuelo de mañana,
dentro de la rama y sus nidos
ella le canta al halcón que pasa,
carroña, paraíso es el trino de mi yema brillante.
Una espada de hierba suspira en la pradera
una piedra yace perdida y presa en la colina alta de alondras.
Abierta como al aire y a la sombra desnuda
oh es ella la que yace solitaria e inmóvil,
una inocente entre dos guerras,
con su hermano incestuoso y secreto en los segundos que perpetúan las estrellas
un hombre desgarrado se conduele en la noche solitaria.
Y los que llegan luego, los más crueles, los enemigos desde las hondas y olvidadas [tinieblas,
dentro del infiel sueño de ella aquietan sus latidos y entierran a sus muertos.
NO ENTRES DÓCILMENTE EN ESA NOCHE QUIETA

No entres dócilmente en esa noche quieta.
La vejez debería delirar y arder cuando se cierra el día;
Rabia, rabia, contra la agonía de la luz.

Aunque los sabios al morir entiendan que la tiniebla es justa,
porque sus palabras no ensartaron relámpagos
no entran dócilmente en esa noche quieta.

Los buenos, que tras la última inquietud lloran por ese brillo
con que sus actos frágiles pudieron danzar en una bahía verde
rabian, rabian contra la agonía de la luz.

Los locos que atraparon y cantaron al sol en su carrera
y aprenden, ya muy tarde, que llenaron de pena su camino
no entran dócilmente en esa noche quieta.

Los solemnes, cercanos a la muerte, que ven con mirada deslumbrante
cuánto los ojos ciegos pudieron alegrarse y arder como meteoros
rabian, rabian contra la agonía de la luz.

Y tú mi padre, allí, en tu triste apogeo
maldice, bendice, que yo ahora imploro con la vehemencia de tus lágrimas.
No entres dócilmente en esa noche quieta.
Rabia, rabia contra la agonía de la luz.
MUERTES Y ENTRADAS

Casi sobre la víspera incendiaria
de varias muertes próximas,
cuando alguien ante los despojos de tu ser más amado
y desde siempre conocido, tengan que abandonar
los leones y fuegos de su aliento volátil,
quién entre tus amigos inmortales
elevaría los órganos del escrutado polvo
para lanzar y cantar tu alabanza,
el que más hondo la invocara poseerá su paz
que no puede hundirse o acabar
sin fin ante su herida
en los muchos destructores pesares conyugales de Londres.

Casi sobre la víspera incendiaria
cuando ante tus labios y tus llaves se abran
se cierren, se entrelacen los extraños asesinados,
alguien el más desconocido,
tu vecino como estrella polar, sol de distinta calle,
se ha de echar en sus lágrimas,
ha de bañar su lluviosa sangre en el mar viril
que por tu propio muerto se erizará
y arrollará su globo fuera de tu hebra de agua
y con todos los llantos
llenará las gargantas de las valvas
ya que la luz relampagueó primero en sus tonantes ojos.

Casi sobre la víspera incendiaria
de muertes y de entradas,
cuando cercano y extrañamente herido en las olas de Londres
hayas buscado tu solitaria tumba,
un enemigo entre muchos, que bien sabe
cómo es tu corazón de luminoso
en la tiniebla vigilada temblando entre cuevas, cadenas y cerrojos
tirará de los rayos
para cerrar el sol, se hundirá, trepará por tus llaves sombrías
y agostará a los puntuales jinetes
hasta que aquel despojo amado
asome como el último Sansón de tu zodíaco.
CUENTO DE INVIERNO

Es un cuento de invierno
que el anochecer ciego de nieve transporta sobre los lagos
y los campos flotantes de la granja en la copa de los valles,
sobre el pálido aliento del rebaño en la vela furtiva,
que resbala apacible entre los copos plegados con la mano

y sobre las estrellas que se entregan al frío,
y el olor del heno entre la nieve y el remoto búho
que da consejos entre los rebaños y el helado refugio
unido con el humo blanco-oveja de la granja encapuchada
en los valles cruzados por los ríos donde se dijo el cuento.

Una vez mientras el mundo envejecía
sobre una estrella de fe pura como el pan a la deriva,
como el alimento y las llamas de la nieve,
un hombre desplegó los rollos de fuego que ardían en su corazón y en su cabeza,
atormentado y solo en una granja, en un rincón del campo.

Y así se abrasó entonces,
en su isla encendida anillada por la alada nieve
y en los estercoleros blancos como lana
y entre los palos del gallinero que se duermen helados
hasta que la aurora peina los patios embozados y los hombres del día

marchan con sus azadas, tropezando,
y se desperezan los rebaños, y tímido el gato ratonero se asoma
y los pájaros erizados saltan a cazar y las lecheras dulces
arrastran sus zuecos sobre el cielo caído
y toda la granja despierta a sus blancos quehaceres.

él se arrodilló, lloró, rezó,
junto al asador y la negra tetera en el brillante resplandor del leño
la taza y el pan cortado en la sombra danzante,
en la casa enfundada, al correr de la noche;
al filo del amor medroso y traicionado.

Se arrodilló sobre las piedras frías,
lloró desde la cresta del dolor, rezó al cielo velado
para que el hambre se marchara aullando
sobre los blancos y desnudos huesos
más allá en las estatuas del establo y las pocilgas techadas por el cielo
y el vidrio en la laguna de los patos y los cegadores corrales solitarios

penetró en el hogar de los rezos y el fuego
donde hubo de merodear por la nube de su amor
cegado por la nieve y abalanzarse a las guaridas blancas.
Su desnuda pobreza lo golpeaba y él se encogía aullando
aunque ningún sonido bajaba desde el aire plegado,

sino apenas el viento que ensartaba
el hambre de los pájaros en los campos del pan, del agua,
agitados en los altos maizales y en la cosecha derretida en sus lenguas.
Y su pobreza sin nombre lo ligaba y él ardía extraviado
cuando frío como la nieve tenía que correr entre valles cruzados

por los ríos murmurando de noche
y ahogarse en el alud de su pobreza, y tenderse enroscado, atrapado
en el centro de la blanca cuna deseada eternamente
y en el lecho nupcial buscado para siempre
por el creyente perdido y el proscripto arrojado de la luz.

Entregadle, gritaba,
perdiéndolo del todo en el amor, y arrojad su pobreza
sola y desnuda en la envolvente novia,
para que nunca germine, en los campos de la blanca semilla
ni florezca a horcajadas en la carne que muere.

Escucha. Los trovadores cantan
en los pueblos difuntos. El ruiseñor,
polvo en los bosques enterrados, vuela sobre la grana de sus alas
y descifra su cuento de invierno sobre los vientos de los muertos.
La voz del polvo acuático sobre la fuente seca

está hablando. La apagada corriente
salta con cencerros y balidos de agua. El rocío repica
sobre las hojas trituradas y en la parroquia de la nieve
de reflejos hace mucho extinguidos. Las bocas cavadas en la piedra
son cuerdas barridas por el viento.
El tiempo canta a través de los muertos copos intrincados. Escucha.

Era un son o una mano
lo que abrió de par en par la puerta oscura en tierras de hace mucho
y afuera sobre el pan de los suelos
un pájaro hembra se alzó radiante como una novia en llamas
un pájaro hembra amaneció y se emplumó su pecho de nieve y escarlata.

Mira. Y los bailarines se deslizan
sobre los muertos, la nieve se ha tupido de verde, disoluta a la luz de la luna
como una polvareda de palomas. Los caballos de pesados cascos,
centauros muertos, se vuelven jubilosos y trotan sobre los blancos parques [empapados
en las granjas de pájaros. El roble muerto echa a andar por amor.

Los miembros tallados en la roca
saltan como ante una trompeta. Danza la caligrafía de las viejas hojas.
Las líneas de la edad sobre las piedras se enlazan en rebaño,
y la voz con figura de arpa del polvo de lagunas se arranca en un pliegue del campo
Por amor, se alza el pájaro hembra de hace mucho. Mira.

Y las alas salvajes se elevaron
sobre su cabeza replegada, y la suave voz de pluma
volaba por la casa como si el pájaro entonara alabanzas
y todos los elementos de la lenta caída se llenaron de gozo,
porque un hombre solitario se arrodilló en la copa de los valles

en la chimenea y en la calma
junto al asador y la olla negra va la brillante luz del leño
y el cielo de los pájaros en la voz emplumada lo alzaba hasta su hechizo
y él corría como el viento tras el vuelo incendiado
más allá de los graneros ciegos y los corrales de la granja apacible.

En los polos del año
cuando los mirlos morían como sacerdotes en setos embozados
y sobre el paño de los condados se acercaban las colinas lejanas,
bajo los árboles de una sola hoja corría un espantapájaros de nieve
rápido por los aludes de las espesuras astadas como ciervos,

andrajos y oraciones hacia abajo
en las lomas, hondas como rodillas, turbulento en los lagos ateridos,
toda la noche perdido y vadeando largo tiempo en el despertar
del pájaro hembra a través de los tiempos, las tierras y las tribus de los lentos [copos.
Escucha y mira donde navega en el mar embravecido,

el cielo, el pájaro, la novia
la nube, la pobreza, las estrellas plantadas, el gozo
más allá de los campos de siembra y el tiempo a horcajadas de la carne que muere,
y los cielos, el cielo, la tumba, la pila del bautismo.
En la tierra lejana la puerta de su muerte se abrió de par en par

y el pájaro descendió
sobre una colina blanca como el pan, sobre la granja como un cáliz
y en los lagos y los campos flotantes y los valles cruzados por los ríos
donde él rezaba para llegar al fin del daño
y a la casa de los rezos y el fuego, ya terminado el cuento.

La danza se extingue
en la blancura que ya no reverdece, y, muerto el trovador,
irrumpe el canto en las villas de deseos calzados por la nieve
que una vez recortara las figuras de pájaros en el espeso pan
y patinaron sobre lagos de vidrio las siluetas de peces voladores.

Se ha cercenado el rito
del ruiseñor y el centauro muerto. Las fuentes vuelven a secarse
las líneas de la edad se duermen en las piedras hasta el trompeteo de la aurora
el júbilo se abate, el tiempo entierra el clima de la primavera
que tañía y brincaba con el fósil y el rocío renacido.

Porque el pájaro hembra se acostaba
en un coro de alas como dormido o muerto
y las alas se abrieron y él se sintió loado y desposado
a través de los muslos de esa novia envolvente
la mujer con sus pechos y el pájaro con cabeza al cielo.

Fue derribado
mientras ardía en el lecho del amor
en el remolino del desnudo centro,
en los pliegues del paraíso, en el brote nevado del mundo
Y ella se elevó con él y floreció en su nieve derretida.
EN EL ANIVERSARIO DE UNA BODA

Se rasga el cielo que atraviesa
este harapiento aniversario
de dos que al unísono recorrieron tres años
los amargos caminos de sus juramentos.

Ahora su amor miente una pérdida
y el Amor y sus enfermos rugen encadenados;
desde cada nube cierta
o con forma de cráter
la muerte golpea su casa.

Demasiado tarde en la lluvia equivocada
se unen aquellos a quienes separó su amor:
las ventanas diluvian en su corazón
y las puertas arden en su mente.
UNA VEZ HUBO UN SALVADOR

Una vez hubo un salvador
más precioso que el radium
más simple que las aguas, más cruel que la verdad;
reunidos por su hablar
los niños se alejaban del sol
para oír la nota de oro dar vueltas en un surco
los prisioneros de sus deseos encerraban los ojos
en las cárceles y el indagar de su sonrisa sin llave.

Desde un erial perdido
voces de niños cuentan
que una calma se hacía en su inquietud segura,
cuando el hombre opositor hería
al hombre, el animal, o al pájaro
ocultamos el miedo en ese aliento asesino,
silencio, silencio que guardar cuando la tierra se volvió ruidosa
en las cuevas y asilos del tremendo alarido.

Se dejó oír la gloria
en las iglesias de sus lágrimas,
suspirabas cada vez que su brazo velludo te golpeaba,
oh tú que no pudiste llorar
sobre la tierra cuando un hombre moría
derramaste una lágrima de gozo en el diluvio sobrenatural
y apoyaste la mejilla en una caracola con figura de nube.
Ahora estamos solos tú y yo en la oscuridad.

Dos ennegrecidos hermanos orgullosos
encerrados en el invierno lado a lado
le gritan a este inhóspito año hueco.
Oh nosotros que ni esbozar logramos
un pálido suspiro cuando oímos
golpear a la codicia en nuestro prójimo y quemar al vecino
pero acurrucados y lastimeros en el muro celeste
ahora soltamos una lágrima enorme por la caída pequeña que supimos,

por los hogares derribados
que no alimentan nuestros huesos,
ni las muertes valientes de unos pocos que jamás hallamos,
mira ahora solitario en nosotros,
cómo nuestro genuino polvo de extranjeros
cabalga por las puertas de nuestra casa inexplorada.
Exiliados en nuestro propio ser levantamos
desatado, sin brazos, el amor sedoso y áspero que deshace todas las rocas.
EN LAS BODAS DE UNA VIRGEN

Al despertar, sola en una multitud de amores, cuando la luz de la mañana
sorprendía en sus ojos largos como la noche
el dorado ayer de él, dormido sobre el iris
y el sol de este día saltaba al cielo desde sus muslos
la milagrosa virginidad era tan vieja como los peces y los panes,
aunque el momento del milagro sea un relámpago sin fin
y los astilleros de las pisadas de Galilea escondan una flota de palomas.

Las vibraciones del sol ya no desearán
su almohada profunda como el mar donde una vez, a solas celebrara su boda.
su corazón todo ojos y oídos, los labios que atajaban la avalancha
del fantasma dorado que cercaba de arroyos su hueso mercurial,
el que bajo los aleros de sus ventanas alzó su dorado equipaje
porque un hombre duerme donde el fuego cayó y ella aprende a través de su brazo
ese otro sol, ese correr celoso de la sangre que no tiene rivales.
EN MI OFICIO O ARTE SOMBRÍO

En mi oficio o arte sombrío
ejercido en la noche silenciosa
cuando sólo la luna se enfurece
y los amantes yacen en el lecho
con todas sus tristezas en los brazos,
junto a la luz que canta yo trabajo
no por ambición ni por el pan
ni por ostentación ni por el tráfico de encantos
en escenarios de marfil,
sino por ese mínimo salario
de sus más escondidos corazones.

No para el hombre altivo
que se aparta de la luna colérica
escribo yo estas páginas de efímeras espumas,
ni para los muertos encumbrados
entre sus salmos y ruiseñores,
sino para los amantes, para sus brazos
que rodean las penas de los siglos,
que no pagan con salarios ni elogios
y no hacen caso alguno de mi oficio o mi arte.

CEREMONIA DESPUÉS DE UN BOMBARDEO

I

Los seres que soy
los pesarosos
penad
entre calles quemadas por la muerte incansable
por el niño nacido hace unas horas
con la boca aplastada
carbonizada sobre el pecho negruzco de la tumba
el pezón de la madre y sus brazos cruzados por los fuegos.

Comenzamos
cantando
cantad
la oscuridad replegó su incendio hacia el comienzo
cuando la lengua presa asintió enceguecida.
Un astro se rompió
en los siglos del niño
los seres que ahora soy penamos y los milagros nada expían.

Perdonad
nos perdonad
nos vuestra muerte que los seres que soy los creyentes
tal vez la sostengamos en un diluvio inmenso
hasta que brote sangre,
y el polvo cante como un pájaro
mientras se expanden las semillas y vuestra muerte crece por nuestro corazón.

Llorando
vuestra muerte
llorad,
niño tras el canto del gallo, junto a la calle con enanos de fuego
cantamos al mar que huye
en el cuerpo saqueado.
La última luz hablada es el amor.
Oh semilla de hijos en el lomo de la cáscara negra abandonada.

II

No sé si Adán o Eva
o el toro sagrado en su atavío
o las blancas corderas
o la elegida virgen
tendida en su nieve
sobre el altar de Londres,
murió antes que los otros
en la ceniza de la breve calavera,
oh novia y novio
oh Adán y Eva unidos
que en calma yacen
bajo el pecho triste de la losa
blanca como los huesos
del jardín del Edén.

Yo sé que la leyenda
de Adán y Eva nunca es para un segundo
silencioso en mi oficio
sobre los niños muertos
sobre el único niño
que fue a la vez el sacerdote y los sirvientes,
la lengua, la palabra y los cantores
en la ceniza de la breve calavera,
que fue el anochecer de la serpiente
y el fruto como un sol,
el hombre y la mujer sin hacer todavía,
el comienzo que hacia la oscuridad se desmorona
desnudo como los viveros
del jardín del desierto.

III

Dentro de las torres y los órganos
de las catedrales luminosas,
dentro de las bocas de las veletas desleídas
ondulando en los círculos por donde pasan doce vientos,
en el muerto reloj quemador de la hora
sobre la urna de los sabáticos
sobre la zanja rodante del alba
sobre la choza del sol y los andurriales del fuego
y los dorados pavimentos tendidos en los réquiems,
dentro del pan en un sembrado de llamas
dentro del vino abrasador como aguardiente.
Las misas del mar
las misas del mar bajo
las misas del mar que engendra niños
irrumpen como una fuente y entran a colmar para siempre
gloria gloria gloria
el reino final y destructor del trueno de la génesis.

ÉRASE OTRA VEZ

I

Érase otra vez,
cuando mi traje módico
cortado a la medida de la pizca de carne,
pinchado alrededor del espíritu
en el principio de cada sufrimiento,
mis pantalones rotos y mi saco empollado de amor
por los que había pagado y luchado demasiado tarde
sobre los bordes del pozo de cenizas,
en las grutas, trabajé con los pájaros,
enclavado en un collar de alano,
adornado con borlas en un sótano y en la tienda de saldos
o sobre un traga-nubes ataviado.

Luego, veloz con mis botas de corcho desde un mar restallante
fuera de la vista de los marinos,
en ropas ordinarias de arcilla disfrazada de escamas,
como un dios macho, que chapoteara la pollera del agua,
confundí a los sastres sentados,
a los sastres con cara de reloj hice retroceder;
entonces, tupido y ostentoso con pelucas y colas de zorros
saltando con ardor, lleno de hojas y plumas
desde el pie de canguro de la tierra,
desde su centro frío, silencioso
arrastrando la ropa mordida por el hielo
hacia las costas gordinflonas de Gales
como un cohete me lancé a sorprender
a la roca como aguja brillante de los usurpadores,
los que proclaman el Escándalo y la Banalidad
los que hilvanan pamplinas.

II

Mi tonto traje apenas padeció,
fluctuaba yo alrededor de un ataúd
que llevaba un hombre pájaro o algún espectro conversado.
Y la capucha del búho, la que esconde los pasos
arranca el pliegue y el agujero para la cabeza putrefacta
y engañada. Yo creí, mi hacedor,

que la nube sostenía al maestro de los sastres
con nervios en lugar de algodón.
Sobre los viejos mares de los cuentos, sacudiendo mis alas,
encrespando las olas con antenas, Colón en llamas
yo fui horadado por los ojos del sastre ídolo,
relumbrantes por la máscara de tiburón y la cabeza navegante,
el pico frío de Nansen sobre un bote colmado por sonidos de gong,

ante el muchacho de hilo común,
el brillante simulador, el ridículo petimetre del mar
con la carne reseca y la tierra por lecho y atavío.
Era dulce ahogarse en las próximas aguas, listas para vestir
con mi gorra de cerezas colgando, verde como las algas
convocando alguna voz de niño de la piedra palmípeda,
nunca, nunca, oh, nunca he de lamentar la corneta que usaba
en mi brazo tajante mientras estallaba en una ola.
Ahora, mientras me muestro casi desnudo, me tendería
me tendería, me tendería a vivir
callado como un hueso.

CUANDO DESPERTÉ

Cuando desperté, la ciudad habló.
Se alborotaron, los relojes, los campanarios y los pájaros
junto a la retorcida muchedumbre,
el reptil corrompe en una llama,
a los intrusos y ladrones del sueño,
el mar vecino dispersó a las ranas
a los demonios a la dama-suerte
mientras un hombre afuera
hasta la cabeza, en su propia sangre,
arrancaba a navajazos la mañana,
el doble del tiempo con sus cálidas venas
y la barba florida, que aparece en un libro
acuchillaba la última serpiente
como a una vara o una rama tenue
su lengua deshollada en la piel de una hoja.

Luego de un paseo color agua, cada día
hago en el lecho a dios, el bien y el mal,
el fósil que vacila de muerte y dispersa su aliento
y una lluvia de gorriones
en la tierra de todos.
Donde los pájaros andan como hojas y los botes como patos
oí esta mañana despertar una voz
una voz en el enhiesto aire,
ninguno de mis proféticos linajes
me anunció a gritos que mi ciudad marina se quebraba.
No existe el Tiempo, hablaron los relojes,
ni Dios, tañeron las campanas,
la blanca sábana tiré sobre las islas
y las monedas de mis párpados cantaron como caracolas.
ENTRE LOS MUERTOS EN EL ATAQUE AL ALBA HABÍA UN HOMBRE DE CIEN AÑOS

Cuando sobre la guerra despertaba la mañana,
él se vistió y salió y murió,
su pelo bostezó liberado, disperso por un golpe de viento,
cayó en el lugar que amaba sobre la piedra volada de la calle,
y sobre los granos fúnebres del suelo asesinado.
A su calle de espaldas, decidle que él detuvo un sol
y que los cráteres de sus ojos dispararon balazos y fuego
cuando todas las llaves se lanzaron desde las cerraduras y se pusieron a tañer.
No escarbéis más en las cadenas de su canoso corazón.
La ambulancia del cielo arrastrada por una congregación de heridas
espera el anillo de la espada en la jaula.
Oh apartad sus huesos de ese carro común,
está volando la mañana sobre las alas de su edad
y hay cien cigüeñas que se posan sobre la mano derecha del sol.

YACE TRANQUILO, DUERME EN PAZ

Yace tranquilo, duerme en paz, tú que sufres
la herida que arde y se agita en tu garganta.
A flote sobre el mar silencioso la noche entera hemos oído
el rumor de la herida envuelta en una sábana de sal.

Bajo la luna, tantas millas lejana, hemos temblado al escuchar
el sonido del mar flotando como la sangre de la sonora herida
y cuando la sábana salobre rompió en una tormenta de canciones
las voces de todos los ahogados nadaron sobre el viento.

Abre un sendero a través de la lenta vela triste,
arroja lejos hacia el viento los portales del errabundo bote
para empezar el viaje al final de mi herida,
oímos que cantaba el sonido del mar, vimos como hablaba la sabana salobre.

Yace tranquilo, duerme en paz, oculta la boca en la garganta,
o hemos de obedecer y cabalgar contigo por entre los ahogados.

VISIÓN Y PLEGARIA

I

Quién
eres tú
tú que naces
en el cuarto vecino
tan patente en mi cuarto
que alcanzo a oír el vientre
cuando se abre y la sombra que avanza
tras la pared delgada como un hueso de jilguero
en el cuarto sangrante del nacimiento oculto
para el incendio y el girar del tiempo
la huella del corazón humano
no venera el bautismo
sino la sola sombra
cuando bendice
a la salvaje
criatura.

Yo
d e b o
recostarme
quieto como piedra
contra el delgado muro
para oír el lamento de la madre
oculta y la sombría cabeza del dolor
que tira del mañana cual si fuera una espina
y los cantos que elevan las comadronas del milagro
hasta que el recién nacido tumultuoso
me queme con su nombre y su llama
y la pared alada se desgarre
por su corona abrasadora
y se lance la sombra
desde la espalda
hasta la luz
radiante.
Cuando
él quiebre
el hueso de jilguero
y la primer aurora
con furia de torrente
se eche a bullir sobre el reino que llega
el reino de aquel que deslumbra a los cielos
y de la maternal doncella a quien roció la sangre
la que lo echó a la luz con una llamarada entre su boca
y lo meció después como a una tempestad
he de correr perdido en el terror
y en el brillar del cuarto
alguna vez encapuchado
y en vano lloraré
en el caldero
de su
beso

en
el giro
del sol
en el espumoso
ciclón de sus alas
porque yo me perdí y estoy acá
llorando junto al trono del hombre
que diluvia en la furia primera del torrente
y los relámpagos de la adoración
me vuelven al oscuro silencio líquido y enlutado
porque yo me perdí, yo que ahora he venido
al albergue inaudito
el que descubre
y el mediodía pleno
de su herida
ciega mi
llanto.

Allí
desnudo
agazapado
en el altar
de su pecho encendido
en el fondo sin cárceles del mar
despertaré al llamado babélico del juicio
y ha de trepar la nube por el vaho de la tumba
y el polvo sometido izará con sus llamas
los velámenes de todas las semillas
oh espiral que sube de la urna
rapaz de la mañana
del hombre
cuando
la tierra
y

el
mar nacido
alabaron al sol
Adán el ecuánime
Adán el que descubre
cantó sobre el origen
oh las alas de los niños
el vuelo hacia la herida de los jóvenes
ancianos que llegan de los desfiladeros del olvido
la marcha celestial de los que siempre caen
en la batalla; el acontecimiento
de los santos ante su visión
la casa rodante del mundo
y el dolor entero
abierto fluye
y yo
muero

II

En nombre de los perdidos que se glorian
en las llanuras por la carroña corrompidas
b a j o e l f ú n e b r e c a n t o
de pájaros vencidos
por la presión de los ahogados
y por la verde polvareda
pájaros que al espectro
llegado
desde
la tierra
padecen como el polen
sobre el negro plumaje
y el pico de barro
rezo aunque en verdad no pertenezca
a esa llorosa cofradía
ya que en mí la alegría ha penetrado
hasta la médula más recóndita del corazón

que el que ahora aprende de la leche materna
la luna y el sol pueda regresar antes
de que los labios se incendien y florezcan
al cuarto donde sangra el nacimiento
con muro de hueso de jilguero
y enmudecer
y el vientre
que alumbró
para
los hombres
aquella venerada
luz de la infancia
o la prisión deslumbradora
bostece a su llegada.
En nombre de los perdidos disolutos
en el monte sin bautizar
desde el corazón de la oscuridad yo le rezo

Que él deje descansar a los muertos aunque giman
para que sus espinosas manos los levanten
hasta la reliquia de su herida terrena
y el jardín de la gota de sangre
tolere el sueño de la hostia
ciega como una piedra
en la profunda
y oscura
roca
y no despierte
a corazón alguno
pero rompa su hueso
en la cumbre del monte
sin que el sol lo reclame
y el polvo que golpea se arrastre
a la llanura madre de los ríos
bajo la noche que va cayendo para siempre

la noche que va cayendo para siempre es una estrella
conocida y un país frente a la muchedumbre
de durmientes cuyas lenguas yo pulso
para enlutar su diluviante luz
por los suelos y el mar
y hemos llegado
a saber todos
los lugares
caminos
laberintos
pasajes
comarcas y sepulcros
de la caída sin final
ahora lázaro común
de las plegarias que trazan los durmientes
nunca te despiertes y te eches a andar
porque el país de la muerte es la medida del corazón

Y la estrella de los perdidos es la forma de los ojos
en nombre de los huérfanos
en nombre de los que no han nacido
en nombre de los que rechazan
los instrumentos y las manos
de comadre que mueve la mañana
oh en nombre
de nadie
ahora
y nadie
más tarde
ruego al sol carmesí
que hile una tumba gris
y el color de la arcilla
a su martirio fluya
en la tarde que ha sido interpretada
y en la conocida oscuridad de la tierra Amén
Vuelvo la esquina de la plegaria y ardo
en una bendición del repentino sol
en nombre de los condenados
me volvería o correría
a la escondida tierra
pero el sonoro sol
purifica
el cielo.
Alguien
me encuentra.
Oh dejadlo
que me abrase y me ahogue
dentro de su herida terrena.
Su relámpago contesta mi llanto
mi voz arde en su mano
ahora estoy perdido en Aquel que enceguece.
Y al fin de la plegaria se oye el clamor del sol.

BALADA DEL SEÑUELO DE PIERNAS LARGAS

La proa resbalaba en las aguas y la costa
ennegrecida por los pájaros echó la última mirada
a su pelo revuelto y su ojo azul ballena;
la ciudad transitada agitó sus guijarros para desearle suerte.

Adiós entonces al bote del pescador
con su ancla libre y ágil
como un pájaro que hurga sobre el mar,
alto y seco junto al tope del mástil,

la arena amante murmuraba
con los bastiones del muelle deslumbrado.
Ve a navegar por mí y nunca mires hacia atrás
dijo la tierra vigilante.

Las velas se bebían el viento, y blanco como leche
él se hundió en las ávidas tinieblas;
el sol en el poniente naufragó en una perla
y nadó la luna fuera de su casco.

Chimeneas y mástiles rodando se alejaban.
Adiós al hombre en la cubierta de las piernas marinas,
a la línea dorada que canta en el carrete
al señuelo que acecha con orgullo en la alforja,

porque vimos que hundía en la veloz corriente
a una muchacha viva con los labios traspasados de anzuelos;
todos los peces se alumbraron con estrías de sangre,
dijeron los navíos derruidos,

Adiós a los humeros y las chimeneas,
viejas esposas que hilan en el humo,
el pescador estaba ciego para los ojos de los cirios
en las ventanas orantes de las olas.
Pero oía al señuelo brincar sobre la estela
y forcejear en un banco de amores.
Lanza ahora tu línea que las ballenas
forman colinas sobre todo el mar,

ella suspira entre caballos y ángeles
con el pez arco iris curvado entre sus gozos,
los repiques de las boyas rocosas
flotaban en la hundida catedral

donde el ancla rodó como gaviota
millas arriba del lunático bote
un chubasco de pájaros cayó dando chillidos,
una nube sopló la lluvia desde su garganta;

él vio como humeaba la tormenta
para matar con arcos de vapores y un ariete de hielo,
el fuego en las estrellas, el río en la galaxia;
y nada fulguraba en el rostro del agua

más que el aceite y la burbuja de la luna,
debajo de la espuma, los peces hechizados
se hundían y horadaban su huella
atestiguada por un beso.

Como cabos y Alpes en la estela
estremecían las ballenas ese mar enfermizo y husmeaban hondo,
hondo el gran señuelo espeso de lluviosos labios
resbalaba en las aletas de esas jibosas toneladas

y esquivaba su amor con ondulante zambullida.
¡Oh, Jericó caía en sus pulmones!
y ella buceaba y aferraba la tarja del amor
girando sobre un chorro como una bola de largas piernas.

¡Hasta que cada bestia se apartó rugiendo
hasta que cada tortuga se quebró en su coraza
hasta que cada hueso en la tumba violenta
se levantó, soltó su canto y se apagó!
Buena suerte a la mano sobre la línea,
se esconde el trueno bajo sus pulgares;
el hilo de oro es una hebra centelleante;
su carrete bravío canta desde las llamas,

el bote que gira en el arder de su sangre
grita desde la red hasta la quilla
oh las tijeretas y sus crías gigantes
oh los toros de Vizcaya y sus becerros

desposan al bello señuelo de piernas largas
bajo el verde, ancho velo del mar.
Anunciad las noticias sombrías y pintad en una vela
estas inmensas bodas en las olas,

sobre la espuma y su estela de relámpagos
sobre los jardines que crecen en el fondo
anunciad el día trepador del delfín,
mi mástil es de pronto un campanario,

golpead y acariciad, porque mis puentes son tambores,
cantad desde la proa hablada por el agua
el caminar del pulpo entre los miembros de ella
y el águila polar con sus huellas de nieve.

Del tajamar en sus salobres labios hasta popa
¡cantad cómo la foca ha besado a su muerta!
la yacente, la larga novia de un minuto
vieja de pronto flota en su lecho cruel.

Por encima de las tumbas acuáticas
con galerías y montañas debajo
el ruiseñor y la hiena
se regocijan por esta muerte a la deriva.

Cantan y aúllan a través de la arena y las anémonas
el valle y el sahara en una caracola,
Oh, toda la ávida carne, su enemiga
arrojada a la mar en la caracola de una niña
es vieja como el agua y simple como una anguila;
siempre el adiós al pan de piernas largas
disperso en los senderos de sus pasos
para los pájaros salobres que aleteaban saciados,

con picos espumosos por las altas semillas;
adiós adiós a los fuegos de su rostro,
porque los muertos con sus lomos de cangrejos
se lanzaron desde el lecho del mar y echaron a correr sobre sus ojos,

Esa mirada desgarrada y ciega es fría como celisca.
Y el seductor debajo de su párpado,
el que descubre para los durmientes
mujeres desnudas color luna con altura de mástiles

andando por sus deseos y embellecidas por la vergüenza
es mudo y ha partido con su llama de novias.
Se ahogó Susana en el hirsuto arroyo
y ya nadie se agita junto a Saba

más que los reyes hambrientos de las mareas;
el pecado que tuvo forma de mujer
duerme hasta que el silencio sople en una nube
y todas las aguas sublevadas echen a andar a saltos.

Lucifer, esa hez de pájaro
caída entre las nórdicas laderas
se ha derretido y esfumado
siempre se esfuma en las cavernas de su aliento,

Venus yace en su herida fulminada de estrellas
y las ruinas sensuales sobre el líquido mundo
crean las estaciones
las primaveras blancas en la sombra.

Por siempre adiós gritaban voces en la caracola,
y siempre adiós porque la carne se ha lanzado
y el pescador arrolla su carrete
con los pobres deseos de un fantasma.
Buena suerte por siempre clamaban las aletas
en la pluma del pájaro tras de la sombra y el risueño pez
mientras las velas se bebían el granizo del trueno
y el relámpago de larga cola alumbraba su presa.

El bote nada en los climas de seis años,
un viento echa una sombra que de pronto se hiela
¡ved lo que la dorada línea trae a la superficie
desde las montañas y las galerías de los fondos!

¡Ved lo que cuelga desde el pelo y el cráneo
mientras pasan rasantes las alas ávidas del bote!
las estatuas de la gran lluvia se detienen
y los copos se derrumban como cerros!

¡Cantad y saludad! a su pesada presa
izada al bote en un nevar de luz!
Las cubiertas se han empapado de milagros.
¡Oh milagro de peces! ¡muerden los viejos muertos!

Fuera de la urna donde cabe un hombre
fuera del cuarto con el peso de su pena
Fuera de la casa que una ciudad sostiene
en el continente de algún fósil.

Uno por uno en el manto y el polvo,
duros como los ecos y con rostro de insecto,
los padres de él se aferran a esa mano de niña
y es esa mano muerta que conduce el pasado.

Los guía como a niños, como al aire
hacia las crestas agitadas y ciegas de las olas;
los siglos arrojan hacia atrás sus cabelleras
y los ancianos cantan con labios renacidos:

El tiempo trae otro hijo en si.
¡Matad al tiempo! ¡Ella gira en su pena!
El roble es derribado en la bellota
y el halcón en el huevo asesina al jilguero.
Aquel que atizara el gran fuego
y muriera sobre llamas sibilantes
o anduviera en la tierra por la tarde
contando la negación de las semillas

cuelga del flotante pelo de ella y trepa;
y él, que enseñara a sus labios a cantar
llora como el sol elevado
entre los líquidos coros de sus tribus.

La línea se repliega y adivina la tierra,
y a través de las grietas de las aguas
se arrastra un jardín que se aferra a su mano
con pájaros y bestias

con hombres y mujeres y cascadas
los árboles se secan y se enfrían en el remolino de las naves
sorprendidos y quietos sobre la arena verde, tendida como un velo
con leyendas en sus regazos virginales,

y tonantes profetas en las dunas quemadas;
los insectos y valles se aferran a sus muslos,
el tiempo y los lugares se aprietan al hueso de su pecho
ella se parte con las estaciones y las nubes;

el agua fresca le teje un brazalete
con sus peces movibles y sus piedras redondas
desde el fondo a la cresta de las olas más altas
respira y corre un río separado,

canta y golpea su cosecha
porque el oleaje lleva una siembra de cebada
pace el ganado en la espuma cubierta,
los cerros han pateado las olas hacia afuera,

tierra, tierra, tierra, nada queda
del andariego mar famoso, solamente su hablar
y entre sus siete tumbas parlanchinas
se hunde el ancla en los suelos de una iglesia.
con las salvajes yeguas del mar y las bridas mojadas
con potrillos salobres y huracanados miembros
todos los caballos de su redada de milagros
galopan en las verdes y abovedadas granjas,

y trotan y galopan con nubes de gaviotas
y con centellas en sus crines
Oh Roma y Sodoma, oh mañana y Londres
la marea campestre está empedrada de ciudades,

y las torres horadan la nube de su hombro
y las calles que el pescador peinara
cuando su carne de piernas largas era un viento incendiado
y su lomo una llama cazadora

se enroscan desde la encrucijada de su pelo
lo llevan despiadadas a su casa, vivo
conducen su terror a ese pródigo hogar
la casa enfurecida, asesina de bueyes, la casa del amor.

Hondo, hondo, hondo bajo la tierra
debajo de las ciudades flotantes
giran las metrópolis de peces
encadenadas por la luna y heridas por el agua.

Nada queda, del mar, apenas su sonido,
bajo la tierra el mar ruidoso marcha,
en los lechos de muerte de los huertos el bote se desploma
y el señuelo se ahoga entre las parvas,

Adiós y buena suerte, el sol y la luna repicaron
al pescador perdido en tierra.
Solo se queda ahora en la puerta de su hogar
con su corazón de largas piernas en la mano.

BENDITA PRIMAVERA

Oh
fuera de una cama de amor
cuando el hospital inmortal hizo otro movimiento
para aliviar el escrutado e incurable cuerpo,
y la ruina y sus causas
sobre el mar agresivo y punzante que como un falso ejército
arrasó nuestras casas y nuestras heridas,
me trepo a saludar a la guerra en la cual no tengo corazón alguno
más que aquel sombrío al que debo mi luz,
llamo al confesor y a un espejo más sabio, pero ninguno hay
que arda tras la noche que es un dios lapidario
y me descubro tan solitario como un hacedor de milagros al sol.

No
Celebrad que la primavera sea todo
Gabriel y radiantes arbustos mientras crece la mañana gozosa
desde la pira de la desgracia
y la bochornosa lágrima de la multitud se enfría sobre muro de los llantos
mi pródigo naciente
y el padre sol, su temblor lleno de niños de fuego puro,
pero benditos sean el granizo y el cataclismo
aquella inquietud por cierto todavía está sola para ponerse de pie y cantar
sola en la cáscara del hogar humano
y la madre y la casa en derrumbe de la bendita primavera,
si por lo menos fuera la última vez.
FERN HILL

Cuando era joven y libre bajo las ramas del manzano
en torno de la casa cantarina, y feliz como verde era el pasto,
la noche sobre la cañada, llena estaba de estrellas,
el tiempo me dejaba dar voces y trepar
dorado hasta el apogeo de sus ojos,
y venerado entre carros, era yo el príncipe de las ciudades de manzanas
y alguna vez con todo señorío, hice que hojas y árboles
se arrastraran con margaritas y cebada
hacia abajo en los ríos alumbrados por las frutas caídas.

Y como era tierno y despreocupado, famoso en los graneros
en torno del patio alegre y cantaba porque la granja era mi hogar,
al sol que es joven apenas una vez.
el tiempo me dejaba jugar
y ser dorado en la gracia de sus poderes,
y tierno y dorado era yo cazador y pastor, los becerros
cantaban a la voz de mi cuerno, en las lomas los zorros ladraban con clara y fría [voz
y el domingo sonaba despacio
en los guijarros de los sagrados arroyos.

Todo el trayecto del sol era un deleite, una carrera,
los campos de heno altos como la casa, las tonadas de las chimeneas, era el aire
y un juego lleno de belleza y agua
y el fuego verde como pasto.
Y de noche, bajo estrellas ingenuas
mientras cabalgaba hacia el sueño las lechuzas se robaban la granja
todo el trayecto de la luna, entre establos bendito, oía a las aves nocturnas
volar entre las parvas y veía caballos
como relámpagos en la oscuridad.

Y luego despertar, la granja regresaba como un vagabundo
blanco de rocío, con el gallo en su hombro, era todo
brillante, era Adán y su virgen
y el cielo de nuevo se formaba
y el sol creció redondo aquel preciso día,
Así debió haber sido luego de nacer la pura luz
en el primer lugar donde se hiló, caballos hechizados y fogosos
saldrían del verde establo lleno de relinchos
hacia los campos de alabanza.

Y venerado entre zorros y faisanes junto a la casa alegre
bajo las nubes recién hechas y feliz como era interminable el corazón,
en el sol tantas veces nacido
yo corría por mis caminos alocados
mis deseos se desbocaban a través del heno alto como la casa
y nada me importaba, en mi celeste tráfico, pues el tiempo
en su giro melodioso, concede tan pocos cantos así de mañaneros
antes que los muchachos tiernos y dorados
lo sigan hasta perder la gracia.

En esos días blancos como corderos no me importaba que el tiempo me llevara
hasta el desván lleno de golondrinas, tomándome por la sombra de mi mano
en la luna que siempre se levanta,
ni que cabalgando hacia el sueño
llegara a oír su fuga entre los altos campos
y despertara ante la granja borrada para siempre de ese país sin niños.
Oh, mientras fui joven y libre en la gracia de sus poderes
el tiempo me sostenía tierno y moribundo
aunque cantara en mis cadenas, como el mar.

EN EL SUEÑO CAMPESTRE

I

Nunca, nunca, mi muchacha andariega
en tierras de cuentos junto al fogón y hechizados durmientes,
temas o creas que el lobo con pálida capucha de cordero
balando y galopando ha de saltar brusca y alegremente mi amada, mi amada,
fuera de su guarida en el hato de hojas, en el año goteado de rocío,
para comer tu corazón en la casa del bosque rosado.

Duerme, buena, para siempre, lenta y honda, hechizada rara y sabia,
mi muchacha que costea la noche en la rosa y el condado
de los rústicos cuentos: ningún ansarero o porquerizo
se volverá rey del establo o la aldea de fuego y príncipe de hielo
para cortejar el meloso corazón de tu flanco antes del alba
en una trama de ensortijados muchachos y de gansos, quemadura y espiga,

ni la inocente se echará en la cañada llena de raíces, galanteada
y quebrada y desecha entre plumas mi lágrima jinete.
De la espuma que levanta la bruja te amparan los helechos
y la flor del sueño campestre y el alcázar del bosque. Yace ligera y aplacada,
segura y calma seas, ante los rugidos de las crías violentas.
Nunca, mi muchacha hasta que la campana austera te convide al sueño

creas o dudes que la rústica sombra o el hechizo
agitará y hará nevar la sangre mientras tu corres por doquier,
pues ¿quiénes rondan cobardemente los aleros montañosos habitados por cuervos
o acechan a la luna en la cañada aunque su brillo suene limpio desde el pozo [estrellado?
Un cerro toca a un ángel más allá de una celda de santo
el pájaro nocturno canta alabanzas a través de conventos y cúpulas de hojas

su árbol con pecho de petirrojo, las tres Marías en los rayos.
Sanctum Santorum el ojo animal del bosque
narra los abalorios de la lluvia y el adusto fantasma,
la lechuza, acude a su llamado de campana. El zorro y la mata se hincan ante la [sangre.
Ahora los cuentos glorifican
el nacimiento de la estrella en el pasto y toda la noche tascan las fábulas
sobre la mesa señorial de la hierba reverente.

Nunca jamás, por sobre todo, temas al lobo en su capucha baladora
ni al príncipe con colmillos en la granja salaz, ante la cáscara
y el barro del amor, teme por sobre todo y siempre al ladrón manso como el rocío.
El campo está bendito: Oh quédate en este amable campo, conoce el verdor noble,
bajo la luna cual tambor de oraciones en el bosque rosado
ampárate en el canto y en la flor y que alegre

te acuestes en la gracia. Duerme hechizada ante el descanso en la casa humilde
en el seto vivaz de las ardillas, bajo el lienzo y la paja y la estrella:
abrigada y bendita aunque ahuyentes los cuatro vientos altos
de la sombra candente y el bramido en la aldaba enfríe tus juramentos.

Y aún fuera de la tejida y picuda oscuridad y de las ramas como zarpas
sabe tú que el ladrón encontrará un camino solapado y seguro
y astuto como nieve y suave como el rocío caído de la espina,
esta noche y cada vasta noche hasta que hable la campana austera
en la torre y a dormir llame sobre los establos
de los cuentos en hogares de piedra, amor mío perdido; y que el alma ande en las [aguas tonsuradas.

Esta noche y cada noche desde la estrella fugaz en que naciste,
siempre y siempre él encuentra un camino cuando cae la nieve
cuando la lluvia cae, granizo en el vellón, cuando la niebla del valle flota
por los establos oro-heno, cuando cae el rocío
sobre el aspado polvo del manzano y las golpeadas islas
de hojas matutinas, cuando cae la estrella, mientras se escurre la simiente alada [del manzano
y cae, y florece en la herida que bosteza a nuestro flanco,
cuando el mundo cae silencioso como la tromba del silencio.

II

¡La noche y el reno sobre las nubes encima de las parvas
y las alas de la gran ave fabulosa que para la bella se atavió!
¡la saga saltarina de la oración! Y allí en lo alto, sobre los vientos con talones de [liebre, las cornejas
se alzan de sus negras capillas, graznando las biblias de los pájaros!
Entre los gallos, el zorro colorado que arde como un fuego,

la noche y la vena de los pájaros en el puño de los bosques lleno de alas y ojos [negros!
¡Golpe pastoral de la sangre a través de las hojas enlazadas!
Desde la mata, con negros puños de sotana y mangas como escarcha de abrojos
el fluir de la fábula y el bullicio del ruiseñor!
¡El fantasma surgido de la cañada rota para cantar

y el embozado cerro de cipreses! ¡El bullicio y el cuento
en el patio rastreado, con la lluvia mantecosa en el balde!
¡El sermón de la sangre! ¡La vena sonora del pájaro! ¡La saga que salta
de los tritones el serafín! ¡El Evangelio engaña! Todo habla esta noche de aquel que [viene
rojo como el zorro y astuto como el viento de ligeros talones
¡Iluminación de la música!, la gaviota arrullada, lomo negro
sobre la ola, con arena en los ojos! Y el potro penetra silencioso
con sus cascos de luna por el lago revuelto cercado por el verde en la vigilia de los [vientos.
¡Música de los elementos, que realiza un milagro!
Tierra, aire, agua, fuego cantan dentro del acto blanco,

la de pelo oro heno, mi amor dormida, de ojos azul vado
en la casa nimbada, en su rareza y su alto andar montañoso
amparada y bendita y verdadera; y tendido con tal quietud
podría el cielo cruzar por sus planetas, la campana llorar, la noche recoger sus ojos,
el ladrón caer sobre los muertos como el rocío irresoluto,
sólo por el giro de la tierra en su bendito corazón!

Astuta, lentamente, oyendo como la herida de su flanco marcha
en torno del sol, él viene hacia mi amor como la nube destinada
y flota de verdad hacia la costa de flores como el mar dominante del rocío
y sin duda navega como las nubes en forma de barco
Oh él viene destinado a mi amor, no a robarle su herida de marea rasante
ni su alto andar, ni sus ojos ni su pelo encendido,
sino su fe, desde que cada noche vasta y cada saga de la oración, viene
para tomar su fe, pues esta última noche, por su interés profano
viene a abandonarla cuando el sol proscripto se despierta,

desnuda y traicionada, sufriendo por saber que no vendrá.
Siempre y siempre, por todos tus juramentos cree y teme,
mi amada, que él venga esta noche y la noche sin fin, mi amada desde que tú [naciste:
Y tú despertarás, del sueño campestre en este amanecer y cada amanecer primero,
tu fe tan inmortal como el clamor del dominado sol.
SOBRE LA COLINA DE SIR JOHN

Sobre la colina de Sir John,
se cierne inmóvil el halcón en llamas;
en una nube alzada, al caer la penumbra, arrastra con sus garras
a los pequeños pájaros de la bahía, los levanta a sus horcas
y hasta los rayos de sus ojos
y las guerras de los gorriones, vocingleras como juego de niños
y a los que cantan como cisnes, la penumbra, en las orillas reñideras
y alegremente graznan
al patíbulo cruel sobre la lucha de los olmos
hasta que estalle en un relámpago el halcón enlazado
y lentamente la garza pescadora cazadora bendita,
reverencie su lápida inclinada aguas abajo en el río Towy.

Un relámpago y las plumas chasquean
y la justiciera colina de Sir John se atavía
con una toga negra de cornejas y una vez más los pájaros burlados
se mueven como liebres, vapuleados de viento,
hacia el halcón en llamas, alto como una horca, sobre las aletas del Towy.
Allí
donde el martín-pescador de la elegía da su estocada y chapotea
por los bajíos y los juncos picados de guijarros
y "bobo, bobo" llama el halcón altivo
"ven y hazte matar",
abro las hojas del agua en un pasaje de salmos y de sombras
entre cangrejos de pinzas enredadas
y leo en una caracola
la muerte clara como una boya de campana:
que la alabanza entera del halcón en llamas, se cante en la penumbra llena de ojos [de halcones,
cuando su cuerda viperina cuelgue atada con llamas
bajo su ala de tea y bendecidos sean
los tiernos pollos jóvenes de la bahía y los arbustos cloqueen;
"bobo, bobo" "ven, vamos a morir".
Penamos como los pájaros alegres, nunca más dejamos el guijarro y el olmo,
la garza y yo,
yo joven Esopo que fabula con la noche cercana junto a la hoya de anguilas;
la santa garza entona himnos en el valle distante,

un puerto de cristal colgado en caracolas
donde navegan los guijarros del mar
y los muelles del agua donde los muros danzan y las grullas se elevan en sus [zancos.
Somos la garza y yo, bajo la justiciera colina de Sir John
llena de olmos, con esa culpa repicada hacemos la leyenda
de los pájaros que extraviaron su rumbo, de los que Dios se apiada
por sus pechos de trinos,
Dios en su torbellino de silencio advierte el grito de los gorriones
por el canto de sus almas.
Ahora la garza se lamenta en las orillas cubiertas de malezas.
Por las ventanas de penumbra y agua veo como se inclina murmurante
la garza en el espejo
y se marcha con las plumas restallantes de nieve
a pescar en la lágrima del Towy. Sólo un graznar de búho
se ahonda como el silbido de una brizna en manos ahuecadas, en los saqueados [olmos
y ya no hay gallos o gallinas jóvenes
que griten sobre la colina de Sir John. La garza, que se trepa
por las hondonadas llenas con las escamas de las olas, hace toda la música;
y yo que oigo la tonada del río que trasporta lentamente los sauces,
grabo antes de la estocada de la noche,
las notas sobre esta piedra sacudida de tiempo
por las almas de los pájaros asesinados que navegan.
POEMA EN SU CUMPLEAÑOS

En el sol como semilla de mostaza,
junto al alto río inclinado y el zig zag del mar
donde los cormoranes huyen,
en su casa elevada sobre zancos, entre picos
y monsergas de pájaros
en este día como grano de arena en la tumba inclinada de la bahía
él celebra y desprecia
sus treinta y cinco años de detritus que el viento transformó en edad;
las garzas se alzan en agujas y venablos.

Abajo y a su lado
van los lenguados, las gaviotas en sus huellas agónicas y frías
obedeciendo a las palabras
recios pájaros acuáticos en las olas colmadas por los congrios
se afanan en sus caminos a la muerte,
y el coplero en el cuarto de los chismes,
que tañe su campana de cumpleaños
se esmera hacia la emboscada de sus heridas;
las garzas, agujas espigadas, echan su bendición.

En el otoño de los cardos
él canta hacia la angustia; los pinzones vuelan
entre huellas de halcones en un cielo rapaz;
peces pequeños se deslizan entre cascos y vientos
en ahogadas poblaciones de barcos
hacia praderas de nutrias marinas.
En su ladeada casa torturante
y las rotas espirales de su oficio percibe
como las garzas andan en sus mortajas,

el manto interminable del río
de mojarras se trenza junto a su oración;
y lejos, junto al mar conoce
al que esclaviza su final eterno, agazapado
bajo una nube en forma de serpiente,
los delfines bucean en polvos de naufragio
las encrespadas focas se lanzan a matar
y su propia marea mientras echa su sangre
resbala bondadosa hacia la boca suave.

En un silencio de ola, cavernoso,
osalante, lloraron las pálidas campanas del ángelus,
treinta y cinco campanas cantaron su repique
sobre la cicatriz y el cráneo donde yacen sus amores en ruinas,
timoneados por estrellas fugaces.
Y el mañana llora en una jaula ciega
que el terror derribará con furia
antes que las cadenas rompan en martillos de fuego
y el amor libere las tinieblas

y él se pierda libremente
en la famosa luz desconocida del grande
fabuloso Dios amado.
La oscuridad es un camino y la luz un lugar,
el cielo que no existió
ni existirá jamás es siempre cierto
y, en ese vacío tupido de malezas,
como los bosques de zarzamoras,
crecen los muertos para Su alegría.

Allí, desnudo, debería errar
con los espíritus de la bahía en forma de herradura
o los muertos en la playa de estrellas.
con médula de águilas, raíces de ballenas
y pechugas de ánades salvajes,
con el bendito Dios que no ha nacido y Su Espíritu,
y cada alma, Su sacerdote,
engañada y cantando en el pliegue el Cielo joven
sea ante la paz temblorosa de nubes.

Pero la oscuridad es un camino largo.
Él, sobre la tierra de la noche, solo
con todo lo viviente, reza,
Él, que sabe que el viento como centella soplará
arrojando los huesos fuera de los cerros,
y las piedras heridas de guadaña sangrarán, y las últimas aguas
astilladas de ira han de patear los mástiles y peces
hacia las silenciosas estrellas vivientes
y sin ninguna fe hasta Aquel

que es la luz del cieloviejo formado por el aire
donde las Almas se vuelven salvajes
como caballos en la espuma:
Oh, dejadme este luto a mitad de mi vida
junto a reliquias y juramentos de garzas como druidas
por el viaje que hacia la ruina he de correr
entre barcos golpeados y encallados
aunque grite todavía con mi lengua confusa
y cuente en voz alfa mis heridas:

cuatro los elementos y cinco los sentidos
y el hombre, un alma enamorada que se enreda
a través de este limo giratorio
al llegar a su reino frío, nimbado de campanas
y las cúpulas perdidas, con su brillo de luna,
y el mar que esconde sus personas secretas
hondo en sus negros zócalos de hueso
arrulla en los astros la carne entre las valvas
y esta suprema bendición final

que cuanto más camino hacia la muerte,
un hombre con sus cascos partidos,
más pleno de sonido el sol florece
y el mar destartalado, agudo de colmillos exulta;
y cada ola en el camino
y cada ciclón con el que lucho, y todo el mundo entonces
con la fe más triunfante que nunca
desde que el mundo fue nombrado
gira su mañana de alabanza,

oigo los cerros saltarines
crecer llenos de alondras, reverdecidos por el otoño
pardo de moras y las alondras del rocío cantan
más altas que esta primavera tronadora
y las vehementes islas con alma humana
¡cuanto más cerca de los ángeles cabalgan!
Oh, ya mis hombres radiantes no están solos
y sus ojos son entonces más santos
mientras yo navego hacia la muerte.
LAMENTO

Cuando era yo un muchacho presuntuoso y una pizca de hombre
y el negro escupitajo de los feligreses,
(suspiraba el viejo vástago de carnero en su agonía de mujeres)
andaba de puntillas, tímido en el bosque de grosellas,
la tosca lechuza gritaba como una jaca legendaria,
en mi rubor, brincaba mientras las niñas grandes
jugaban a los bolos en los baldíos de los asnos
y en un vaivén de noches domingueras rondaba
a quienquiera que fuese con mis ojos perversos,
tanto como el tamaño de la luna podía yo amar
y abandonar junto al arbusto negro como el carbón
a todas las esposas en las pequeñas bodas
de hojas verdes y dejarlas penando.

Cuando era yo un hombre borrascoso y apenas medio hombre
la bestia negra de la congregación de escarabajos
(suspiraba el viejo vástago de carnero en su agonía de putas)
no un muchacho y una pizca de hombre en la luna perversa que se hundía
y borracho como un becerro recién parido
silbaba la noche entera en retorcidas chimeneas,
las comadres surgían en las zanjas de medianoche,
y las achicharrantes camas pueblerinas gritaban: "de prisa"
cuandoquiera que me zambullía en un pecho como alto bajío
dondequiera que brincase sobre colchas de trébol
lo que quiera que hiciese en la noche de color carbón
dejaba siempre mis huellas temblorosas.

Cuando era yo un hombre, lo que se dice un hombre
y la cruz negra de la casa bendita,
(suspiraba el viejo vástago de carnero en su agonía de bienvenida)
con aguardiente y uvas en el albor brillante de mi primera edad,
no un gato macho de cola florecida en la ciudad candente
y cada mujer domada su ratón,
sino un toro de la loma en el bochorno del verano
que llegaba en su grande y buen momento
a las bestias que enardeciéndose sufrían, me dije,
¡oh mucho tiempo habrá cuando la sangre fría ya se arrastre
y yo me eche en la cama sólo para dormir
a causa de mi alma ceñuda y perezosa, negra como el carbón!

Cuando era yo la mitad del hombre que era
y merecía las advertencias de los curas,
(suspiraba el viejo vástago de carnero en su agonía de ruina)
no un becerro restallante ni un gato enardecido
ni un toro de la loma en la lechosa hierba,
sino una oveja negra con un cuerno arrugado,
al fin el alma abortada de su falso agujero ratonil
se enfurruñaba cuando el tiempo de claudicar venía
y di a mi alma un ojo ciego, maltratado,
cartílago y corteza y una estruendosa vida,
y la empujé hasta el cielo negro como el carbón
para encontrar un alma de mujer por esposa.

Ahora ya no soy un hombre, ya no lo soy,
sólo una negra recompensa por mi vida estruendosa,
(suspiraba el viejo vástago de carnero en su agonía de extraños),
pulcro y maldito en mi cuarto arrullado de palomas
yazgo, delgado y oigo las bondadosas campanas
porque, ¡oh! mi alma encontró una esposa dominguera
en el cielo negro como el carbón y ella aburre a los ángeles!
¡me rodean arpías que surgen de su vientre!
la castidad reza por mí, la piedad canta,
endulza la inocencia mi último negro aliento
la modestia esconde mis muslos en sus alas,
y todas sus mortíferas virtudes fastidian mi muerte!
EN EL MUSLO DEL GIGANTE BLANCO

Por entre las gargantas, donde se cruzan muchos ríos
gritan los pájaros acuáticos
bajo la luna fecundada sobre la alta colina de yeso.
Y allí, esta noche, voy por el muslo del gigante blanco
donde mujeres yermas como piedras
yacen quietas y ansiosas por trabajar y amar
aunque ya se rindieron hace tiempo.

Por entre las gargantas donde se cruzan muchos ríos, las mujeres rezan,
suplicando en la bahía vadeada que se derrame la simiente
aunque la lluvia barrió los nombres escritos en sus piedras cubiertas de maleza.
y solas en el eterno oficio curvo de la noche
suspiran con sus lenguas de pájaros acuáticos
por los inmemoriales hijos no concebidos
de la mellada, tundida colina.

Ellas, que en un invierno con carne de gallina amaron todo el hielo abandonado
en los senderos de los galanes, o se enroscaron bajo el buey abrasador del sol
en las carretas con sus cargas tan altas que los manojos de heno
se asían de las nubes oblicuas, o alegres se acostaron con alguno
tan joven como ellas a la luz recién ordeñada de la luna

bajo las formas iluminadas de la fe, y sus enaguas por la luna sombreadas
se levantaban alto con el viento.
o se sobresaltaban con los rudos y jóvenes jinetes,
ahora me oprimen contra sus granos en un claro del bosque gigantesco,
ellas, las que una vez, ya verdes campos hace, fueron un seto vivo de alegrías.

Hace tiempo, su polvo fue carne que olfateaba el porquerizo astuto,
encendida en el vaho de la pocilga nupcial, por la impetuosa
claridad de sus muslos alardeando hacia el cielo del muladar
o con su hortelano, en el corazón del arbusto solar,
eran rudas como lenguas de vaca y podadas con zarzas sus melenas mantecosas
bajo el verano sofocante, llenas de espinas de oro hasta los huesos,
o se ondulaban suaves como seda en la luna hilandera
y arrojaban piedrecillas al lago que sonaba como un arpa de granizo.

Las que una vez eran un florecer de novias al borde del camino en las casas de los [espinos blancos
y oían al campo lascivo y cortejado, fluir hacia las próximas escarchas
y el chillar de los pequeños frailes escurridizos, ataviados de pieles
al extinguirse el día, en las naves de cardos, hasta que la lechuza blanca
cruzaba por sus pechos y escuchaban jactarse a las gamas arqueadas y a los [cornudos gamos
trepar veloces, ante el llamado del amor, al bosque
donde echa espuma una antorcha de zorras,
a todos los pájaros y bestias de la noche engarzada oían repicar bulliciosos

y el topo achataba el hocico al peregrinar bajo las cúpulas
o, robustas cuidadoras de gansos, saltaban en un catre,
llenos de miel sus pechos, bajo su ganso rey
que en el siseante establo las azotaba con sus alas,
muertas hacía tiempo y consumida la cebada oscura donde sus zuecos danzaban en [primavera
y volaban sus horquillas de luciérnaga y rodaban las parvas
(pero nada nacía, ningún niño prendía su boca a las venosas colmenas
y desnudas y estériles en tierra de Madre la Oca,
ellas eran con sus simples aldeanos un pedregal de esposas)

Ahora el grito del pájaro acuático me derriba para besar sus bocas en el polvo.

El polvo de sus ollas y relojes se hamaca
donde cabalga ahora el heno o las cocinas de helecho se enmohecen
como el arco de las hoces que podaba los setos a relámpagos
y cortaba las ramas de los pájaros que la savia trovadora enrojecía.
Ellas, desde las casas donde se hinca la cosecha, me oprimen fuertemente,
las que oyeron doblar la alta campana en los domingos de los muertos
y la lluvia que escurría sus lenguas por el patio esfumado,
me enseñan que el amor es siempre verde luego de la tumba donde caen las hojas
luego que el Amado sobre la cruz enterrada en la hierba
sea barrido por el sol y las Hijas ya no se lamenten
salvo por sus largos deseos en las calles de las jóvenes zorras
o por su hambre en el bosque derribado;
a estos muertos sanos e inmortales de veras aman las mujeres de la colina
por siempre meridianas entre los árboles de los galanes

Y las hijas de la sombra llamean todavía como arden las fogatas cierta noche de [otoño.
ELEGÍA

Demasiado altivo para morir, murió ciego y vencido
del modo más sombrío, sin mirar hacia atrás,
un hombre amable y frío en su mezquino orgullo

el día más sombrío. Oh que siempre yazga
luminoso por fin en la colina final llena de cruces,
bajo la hierba, enamorado y que joven se vuelva

entre los largos rebaños, y nunca yazga perdido o quieto
en todos los innumerables días de su muerte
aunque por sobre todo él suspiraba por el pecho materno

que era descanso y polvo y en la tierra benévola
la más oscura justicia de la muerte ciega y profana.
Dejad que no encuentre otro descanso que ser hallado y protegido

yo rezaba en el cuarto agazapado, junto a su cama ciega,
en la casa ya muda, un minuto antes del mediodía
y de la noche y de la luz. Los ríos de los muertos

veteaban su pobre mano que sostenía yo mientras veía
las raíces del mar a través de sus ojos sin vida.
(Un viejo atormentado, tres cuartas partes ciego.

No soy tan altivo para gritar que Él y él
nunca nunca se irán de mi mente.
Todos sus huesos lloraban y pobre en todo salvo en el dolor,

aunque fuera inocente, él temía morir
odiando a Dios, pero en verdad era simple:
un viejo manso y valeroso en su quemante orgullo.

Suyos eran los postes de la casa, poseía sus libros.
Nunca había llorado, ni siquiera de niño
y no lloraba ahora, salvo ante su secreta herida.

Yo vi la última luz, que resbalaba de sus ojos.
Aquí entre las luces del altivo cielo
un viejo está conmigo dondequiera que voy

camina en las praderas del ojo de su hijo
sobre el que males infinitos cayeron como nieve.
Él gritó ante su muerte, temiendo al fin el último sonido

de las esferas, el mundo que se iba sin un suspiro
demasiado altivo para llorar, demasiado débil para aguantar las lágrimas,
y preso entre dos noches: la ceguera y la muerte.

Oh, la herida más profunda de todas, era que debía morir
en día tan sombrío. Oh, pudo al fin esconder
las lágrimas fuera de sus ojos, demasiado altivo para llorar.

Hasta que muera yo, él estará a mi lado).

La elegía inconclusa de Dylan Thomas llevaba por título "Elegía" y "Demasiado altivo para morir" o "Muerte cierta" que se habían usado en esbozos preparatorios. Entre sus papeles, Dylan Thomas dejó sesenta páginas manuscritas acerca del poema incluyendo esta nota:

1) Aunque era demasiado altivo para morir él por cierto murió, ciego, en la más terrible agonía pero no se acobardó ante la muerte y fue valiente en su orgullo.
2) En su inocencia y al pensar qué estaba odiando a Dios, nunca supo lo que en realidad era: un buen viejo en en su quemante orgullo.
3) Ahora él no apartara de mí, aunque esté muerto.
4) Su madre decía que de niño nunca lloraba; ni lloró ahora de viejo; solamente lloró ante su herida secreta y ante su ceguera, nunca en alta voz.

El resto del manuscrito consiste en frases, líneas, coplas, finales de líneas y transcripciones del poema en distintos grados de terminación. Las dos versiones más completas, que claramente son las últimas, están escritas en cuartetas. Una sin título no tiene división entre los versos, la otra, titulada "Elegía" está dividida en versos de tres líneas. Esta es para mí la última versión; al parecer ya tiene la forma que podría haber sido la definitiva. El poema se extiende hasta la línea diez y siete, termina en "las raíces del mar", después hay una línea borrada.
La extensión del poema se construyó sobre la base de las notas del manuscrito. Las líneas se encuentran allí, excepto aquellas dos o tres que fueron ajustadas para que cuadraran dentro del ritmo general. "Suspiro" aparece como una palabra suelta, marginal y la he usado en la línea treinta y cuatro; y "simple" que termina la línea veintitrés fue añadida a era sin justificación, sacada del manuscrito. En la tercera línea elegí "mezquino orgullo" en lugar de "quemante orgullo", pues aunque "quemante" aparece con mayor frecuencia que "mezquino" en las transcripciones, fue "mezquino" la palabra que él citó de memoria ante mí la última vez que nos vimos.
De las líneas añadidas, diez y seis son exactamente las que escribiera Dylan Thomas. Las restantes sólo se han alterado por la extensión de alguna inversión o una dos palabras. El orden bien pudo haber sido diferente. El poema pudo también haber sido mucho más largo. Recuerda el poema anterior, escrito también para su padre. " No entres dócilmente en esa noche quieta", pero resulta claro que en este poema Dylan Thomas intentaba algo aunque más inmediato, también más difícil.

VERNON WATKINS
NOTAS

Prólogo del autor:
El poeta se compara a si mismo con Noé. El arca simboliza la poesía y él invita a todas las criaturas de Cales a refugiarse en ella.
En los primeros poemas de D. T. la palabra diluvio estaba inevitablemente asociada con el terror. Aquí tiene un contenido opuesto. Todo el poema es un oficio de celebración. La alegría de un poeta religioso en comunión con la naturaleza.

Veo los muchachos del verano:
En este poema, como en muchos de la primera serie se simboliza el ciclo de la vida y la muerte. La palabra "pouch" que aparece en la última estrofa, traducida genéricamente como "bolsa" puede significar además cama, y en la simbología de D.T. lleva implícito el significado de útero y tumba.
Tres son los hablantes en el poema: el crítico, los muchachos y el poeta. El crítico comienza enjuiciando a los muchachos, que en su inconsciencia todo lo destruyen y nada bueno predice para ellos. Sólo que quizá sentirán en la vejez el ardor que ahora no sienten. El poeta en la última línea de la estrofa afirma que si esto se cumple, será porque habrán preservado la juventud.
En la segunda parte, los muchachos se defienden. Gritan su desafío a las estaciones, son los que todo lo niegan, todo lo trastruecan, ya que someterse al tiempo sería estar a merced de la muerte.
En la última parte el crítico remarca que los muchachos terminarán en la ruina, destruidos por el gusano que habita en cada hombre. Los muchachos se proclaman "hijos del pedernal y de la brea" y el poeta en el último verso indica que los extremos son en realidad uno solo "mirad cómo se besan los polos que se cruzan".
D. T. no da en el poema ninguna indicación convencional de que se trata de un diálogo. El crítico Eider Olson sostiene que esto no es meramente deliberado sino además estudiado. Fraser asegura en cambio que, por la edad en que el poema fue escrito, no puede haber sido objetivo hasta ese punto, puesto que el mismo poeta era uno de aquellos muchachos del verano.

Cuando una vez los cerrojos del crepúsculo:
En un sueño de nacimiento y, dentro de él, un sueño de culpa y corrupción. Padre, madre e hijo a la vez, el soñador es liberado de sus obsesiones por medio del sueño y cuando el aire se despeja, despierta.
Al hablar de coraza (carcass) se refiere a la carne. El propio embajador es el espíritu, que va a la luz revestido de tal coraza.

Antes que llamara:
Mnetha: Personaje de Tiriel, de William Blake (anagrama de Alhena) El hombre es presentado como Cristo y se trata de mostrar la vida humana como si la conciencia de la muerte ya empezara a crecer en la existencia prenatal.

La fuerza que por el verde tallo impulsa a la flor:
Uno de los poemas más conocidos de D. T. La relación entre el hombre y el universo como un microcosmos frente al macrocosmos; sobre ambos obran las mismas fuerzas que crean y destruyen.

Si me hiciera cosquillas el roce del amor:
La palabra Rub (frotar), es también "sarcasmo" en otra de sus acepciones. El poeta, como la reina en Ricardo II parece decir "the world is full of rubs" (el mundo está lleno de sarcasmos). El problema es comprender si uno de estos roces o sarcasmos es capaz de arrancar "la risa del pulmón" de modo que el hombre alcanzado verdaderamente por el "cosquilleo" del amor y el sexo llegaría a no temer a la muerte ni a la tumba. Pero que tal como la vida se da y a pesar de sus dualismos fascinantes, el roce del amor no basta. Por lo cual se explica haber utilizado esta palabra, con el otro significado (sarcasmo) implícito.

Nuestros sueños de eunuco:
Los sueños de nuestras noches, inútiles a la luz del día traen muchachas muertas al lecho cuyos cuerpos saben a mortaja. Algo semejante ocurre con las imágenes del cine que también son fantasmas y tienen una vida aparente. Al seguir a estos espectros olvidamos nuestra vida real.
La pregunta es: ¿Cuál es la mayor ilusión? ¿Los sueños, los filmes y las fotografías o nuestra propia vida?, la respuesta es que el mundo cotidiano resulta lo más terrible, de modo que para vivir en paz es necesario desterrar sus fantasmas y sus imágenes.

Cuando, como una tumba veloz:
En este poema la palabra Cadáver se usa en el sentido del cadáver que todo hombre viviente lleva en sí. El círculo virgen (O en el original) es un símbolo del vacío. D.T. utiliza el nombre de Adán en varios sentidos. Aquí se refiere a su sentido primario, o sea "el primer hombre".
Cuando utiliza el apelativo "señor y señora" le está hablando a la cabeza y al corazón: "Sir Head and Madam Heart".
Macadam se ha traducido como asfalto por su función en el contexto de la estrofa pero tiene otro significado implícito. Mac = camarada, Adam=Adan.

Desde la primera fiebre del amor a tu infortunio:
El símbolo de la tijera es usado siempre como símbolo de nacimiento y muerte. La tijera corta el cordón umbilical, también sirve para cortar la mortaja.
W. S. Mervin afirma que, aparte de la Elegía, este es el único poema que se conoce de D.T. que aparece inconcluso. El poeta trataba de decir en él, el mito del nacimiento según el suyo propio, pero concluye expresando que aún las creaciones de la imaginación son fútiles. Por eso, tal vez con toda intención no se haya tomado el trabajo de finalizarlo.

En un principio:
Se trata de la creación del mundo comparada a la creación del hombre desde un punto de vista universal. Se mezclan elementos de la simbología cristiana con elementos cabalísticos.

Soñé mi Génesis:
Cuando habla de "las lágrimas de Adán" se refiere al sudor de sal que el hombre vierte en su trabajo desde la caída y además a la sal del mar, generadora del hombre.

Mi mundo es pirámide:
Adán que el mar sorbió: se refiere al cuerpo mortal heredado del Casco vacío (hollow hulk) = el útero.
La palabra "fellow" que se ha traducido por "camarada" se usa dentro del poema en varios niveles: como sustantivo (el camarada, el compañero), como adjetivo y como verbo (convertir en camarada). La palabra forma una falsa aposición al sustantivo madre, padre etc.
Eloi es el grito de Cristo en su agonía: "Eli, Eli, lama sabachtani".
Leche lujuriosa (horny milk en el original) horny = slang por lustful (lascivo-lujurioso) se refiere a la secreción de la mujer bajo el estímulo sexual.
En inglés hay una alteración entre "dobles" en este caso "imita o repite" y dabbles (salpica-chapotea), que en el contexto resulta onomatopéyica.

Yo en mi imagen intrincada:
Con dos imágenes igualmente agresivas: el hombre esposado y el fantasma en su armadura se refiere al cuerpo y al espíritu. Más adelante la tierra es comparada con un disco de cera que a la vez graba la historia individual y colectiva.
La visión exultante de los dos últimos versos parece un anticipo de la poesía de celebración, propia del último período de la obra de D.T.

El demonio encarnado:
Aquí el poeta expone una interpretación propia de la caída. Desde que "los dioses del jardín" enviaron al mal y al bien sobre un árbol de oriente, el hombre queda eximido de su responsabilidad frente al pecado.

Hoy, este insecto:
Molinos de viento imaginarios: "Air-drawn windmill" en el original, no está usado aquí en el sentido corriente de drawn by the air sino en sentido del inglés arcaico drawn on the air, que tiene la connotación de "ilusorio".

La sernilla latente:
En su punto cero, es decir, en el momento en que aún no ha germinado.
"El hombre se declara" trasposición de dos expresiones en inglés: Man-bearing y war-waging (la gestación del hombre y la declaración de la guerra). En el poema se han traspuesto escribiendo man-waging y war-bearíng para producir un efecto que no se advierte en español.

¿No haces las veces de mi padre?
Abraham-man: mendigo que finge locura para obtener más limosnas. Originariamente se trataba de algún enfermo mental de una guardería llamada Abraham, en el hospital en Bedlahm, donde los internos estaban autorizados para solicitar el óbolo de las gentes.

¿Por qué el viento del Este?
Fuentes de los vientos: En el original windwell (del anglosajón antiguo) en lugar de source of the winds. Literalmente: pozo de los vientos.

Hace una pena:
Aarón: Planta de tallo largo como la candelaria, llamada así en recuerdo de la vara de Aarón mitológica que floreció milagrosamente y se cubrió de almendras.
Los doce triángulos del viento querubín: Símbolo tomado de la cartografía y la iconografía. En la rosa de los vientos antigua se representaban los doce cuadrantes del viento con la estampa de una cabeza de carrillos inflados que soplaba con fuerza. Estas imágenes se parecen a las que representan a los querubines, generalmente una cabeza sin cuerpo.
Encajonada en el amor (boxed into love). El mismo D.T. aclaró que Boxed into love lleva implícitos dos significados: Box: caja, ataúd; y también: boxeo.

Cuando el sol servidor:
El señor mañana: se refiere al niño que aún no ha nacido.
El armario de piedra: la naturaleza que revestirá de carne a la semilla para que una vez que los cartílagos se hayan ataviado del todo pueda ponerse de pie y entrar en la vida.

Alimenta a la luz:
El poeta aspira a hacerse uno con el mundo en que vive y alimentar todas las cosas, aun las más diabólicas, con excepción de las fantasías mórbidas.
En las tres primeras estrofas se trata de una exhortación a sí mismo. En la cuarta, a los mares que representan el universo y en la última a Dios.
Los pájaros que registran el viento: traducción libre de bows and arrows bird = veleta en su forma arcaica, pues antiguamente numerosas veletas ostentaban en lugar del gallo, pájaros tallados.

En dirección al altar bajo la luz del búho:
La simbología de estos así llamados sonetos, es muy compleja y ha sido entendida de diversos modos. Es indudable que se trata de una interpretación del Apocalipsis, pero existen múltiples significados confluentes. Por ejemplo, mientras Francis Scarfe se inclina a considerar estos poemas como una mezcla de símbolos bíblicos, cabalísticos y miltonianos, William Empson se empeña en ver en la cruz un símbolo sexual. Mientras Karl Shapiro los ve como una expresión directa de un espíritu religioso que no busca explicaciones metafísicas a sus creencias, sino que las siente como parte natural del mundo, Eider Olson los entiende como interrelación total entre el cosmos, el movimiento de los astros, la sucesión de las estaciones, el destino del hombre y la crucifixión de Cristo. Siguiendo parcialmente su interpretación, aclaremos algunos hermetismos, ya que se ha considerado a esta serie de sonetos como los más oscuros de la poesía thomasiana.

Soneto I:
Antes del equinoccio otoñal, la constelación de Hércules declina hacia el oeste (oeste=ocaso=tumba). Hércules, protagonista del poema es a la vez constelación, héroe, caballero, el tiempo, el sol, el hombre mismo.
En su declinación, Hércules es seguido por Escorpio y las serpientes (furias), el sol mueve hacia el sur, hacia la constelación de Ara (altar) a la luz nocturna (luz de búho).
Abadon: Ángel destructor, la muerte en forma de serpiente.
Devorador de mundos, un perro entre las ferias con la quijada al acecho de nuevas: según Edith Sitwell el símbolo se referiría aquí al horror del hombre ante el vértigo y la locura de la vida.
Quijada al acecho de nuevas: jaw for news, trasposición de la expresión nose for news, es decir, estar alerta a las novedades.
Mandrágora: con su verdadero significado de planta y alusión encubierta al hombre-dragón: man drake, Drake = dragón, en anglosajón antiguo.
Sobre una pierna en medio del ventoso naufragio: Hércules aparece sobre una rodilla con un pie en la cabeza en la constelación de Draco (dragón).
Soneto II:
Paralelo entre el nacimiento del hombre y el aparente pasaje del sol por la Vía Láctea.
el pelicano de los círculos: el universo.
la artería: la Galaxia.
la breve chispa: el principio de la vida: Dios.
Jacob a las estrellas: imagen bíblica y astral. Los escalones por donde trepa serían las vértebras de la serpiente gigante (constelación de Hydra).
sujeto vacío: La muerte, el esqueleto despojado de su carne.

Soneto III:
El Carnero: doble alusión: símbolo viril, el macho cabrío y la elevación de Aries en el cielo (la hora del jardín = la primavera en el hemisferio norte).
La tropa de cuernos: Tauro sigue a Aries en el zodíaco.
El cucharón de médula: Alusión al despertar de Rip Wan Winkle después de veinte años, al beber la médula.
Un despojo del año: Al seguir el curso de las estaciones, Aries queda atrás devastado.
La primavera repicó dos veces: Alude al hecho de que el año tiene dos primaveras, una en cada hemisferio.

Soneto IV:
Se interrumpe la narración de Hércules y el poeta pasa a formularse preguntas sobre la chispa del origen, sobre el principio del hombre.
hombre de bamba: esqueleto humano.
orillas de pan: alusión al maná.
el penoso diluvio: el espacio, un reflejo distante del mundo.

Soneto V:
Las constelaciones se simbolizan ahora por naipes.
Gabriel con dos pistolas: Aparte de la directa alusión al Ángel, Perseo montado en Pegaso, que asciende luego del equinoccio de otoño llevando un arma en cada mano.
El rey de los lunares: El rey de Etiopía (nombre pagano de la constelación Cepheus).
La nanga de Jesús : El rastrillo de Jesús es un nombre que se da a la Vía Láctea.
La reina: Cassiopeia, que marcha en el cielo entre Cepheus y Perseo. Para la mitología clásica, esposa de Cepheus.
Las sotas con sus galas: las dos figuras de la constelación de Géminis.
Caballero impostor, Adán bizantino: Hércules, el propio narrador, porque simula ser el sol.
Hongos lechosos: la Vía Láctea.
La marea impetuosa del Asia: la constelación de Erídamus, llamada también el río.
La ballena de Jonás: la constelación de Cetus.
El oso polar que citó a Virgilio: la Osa Mayor y Menor que asciende hasta las Pléyades, a las que los romanos llamaban también Virgiliae.
Algas, detritus: en D.T. es siempre un símbolo de muerte.

Soneto VI:
Sigue hablando el poeta.
Hércules recorre un libro de agua: Porque ahora suben las constelaciones zodiacales con nombres acuáticos: Piscis, Delphinus, Cetus, Eridanus.
Cera: Símbolo constante en D.T. que significa la carne, representa la condición mortal del hombre.
Damas de pechos como gaitas: Damas que vencen al hombre al soplar con los detritus las vendas que preservan su vida.

Soneto VII:
Se refiere a los cielos de Nochebuena.
La Cruz del Norte ha ascendido y por primera vez se ve como un símbolo cristiano.
En una suerte de Biblia de la Naturaleza todos los árboles son uno y todas las oraciones son el Padrenuestro.
Esponja: símbolo cristiano. La esponja donde se le dio a beber a Jesús hiel y vinagre.
El tiempo concebido aquí como dolor deja su huella en todas las estaciones, la rosa y el hielo.
Soneto VIII:
Alude al Viernes Santo.
Describe el acto real de la Crucifixión.
La María de Dios en su dolor es mencionada cuando Virgo asciende en el horizonte.
Pechos de pájaro: símbolo de inocencia, contrastando con los pechos de gaita en el Soneto VI.
Juan Cristo: Cristo de todo el género humano.
Se afirma en este soneto la imposibilidad de la vida, la sola existencia del sacrificio y de la muerte.

Soneto IX:
Se refiere al Sábado de Gloria.
La atmósfera egipcia del soneto, según Eider Olson, está dada por la aparición en el firmamento de la estrella Cepheus (rey de Etiopia).
La momia, las tinturas extinguidas, las vendas, son el símbolo de la muerte que se burla de quienes, preservando los cadáveres, pretenden burlarla.

Soneto X:
Alude a la mañana de Pascua.
La fe renace en toda su fuerza al aparecer de nuevo en el cielo la constelación Cygnus, la cruz.
El marino del cuento en su peregrinar cristiano: = aquel que ha seguido la historia de la crucifixión.
Los cielos son ahora un canal azul-espuma, donde mora el pez grande (asciende la constelación de Delphinus).
Hay un retorno al Edén, pues todo lo que el tiempo destruye puede ser sin duda restaurado.

Acaso porgue el ave del placer silbe:
La ciudad maldita: Alude a Sodoma: Burn city en el original. Doble significados intraducible, puesto que "bum" significa a la vez borrachera y persona de calidad muy inferior. En Sodoma se cometían los pecados y era una ciudad disoluta.
El poema está lleno de significados elípticos.
Púas candentes en los ojos: Red hot wires en el original: su significado es la púa que ciega a los pájaros.
La nieve: quiere decir a la vez, la cocaína (los adictos suelen llamarla nieve) y el maná celestial.
Las lenguas salvajes: las lenguas de fuego que arrasaron la ciudad.
La persona de sal es la mujer de Lot.

Cuando mis cinco sentidos campesinos vean:
Señor de las moscas = se refiere a Belcebú.
En la campana de lengua polvorienta de los pecadores:
Muchos críticos no han encontrado significación alguna a este poema. Otros afirman que se trata de la descripción de una misa negra, presidida por Satán oficiando de sacerdote, el cual es comparado con el Tiempo que ejecuta su oficio.

La losa decía la fecha de su muerte:
Uno de los más típicos ejemplos del simbolismo freudiano del segundo periodo en la poesía de D.T. por la imaginería sexual que emplea.

Si mi cabeza causara el más mínimo dolor: Diálogo entre la madre y el hijo por nacer.
El hijo que se resiste a nacer haciendo sufrir y la madre que lo impulsa al nacimiento, aun conociendo que será él quien ha de sufrir.

Veinticuatro años:
El niño acurrucado como un sastre: la posición fetal.

Negativa a lamentar la muerte por fuego de una niña en Londres:
Las estaciones del aliento: = las estaciones de la cruz. Los amigos perdurables: los gusanos.
Las oscuras venas de su madre = las venas de la tierra.

Poema de octubre:
Francis Scarfe ha considerado este poema como una variación sobre el tema de "En un principio". Pero sin duda aquí la simbología cabalística de letras, signos y vocales se ha reemplazado por una enumeración de los hechos de la naturaleza —a la manera de Wordsworth— y por reminiscencias infantiles.

Por desgracia una muerte:
La imagen del Fénix en este poema significa aspiración celestial.

Muertes y entradas:
El último Sansón de tu zodíaco = el enemigo aéreo que bombardeará Londres, hará que los cielos se desplomen, como hizo Sansón al derribar el templo.

Cuento de invierno:
Este poema narrativo se basa en una leyenda. Un hombre que vive solo, una noche, en medio de la oscuridad y el frío, ve un bello pájaro hembra cerca de su casa. Corre toda la noche para alcanzarla, pero ella vuela cada vez más lejos. Cuando al fin desciende, lo cubre con sus alas; el invierno se transforma en primavera, ella se vuela y el espíritu de él la sigue. Su cuerpo sin vida aparece a la mañana en la cima del cerro. También tiene una clara relación con una antigua ceremonia invernal galense ante el advenimiento del nuevo año. En Gales, antes de la era cristiana, y entre ciertos campesinos aún después, la deidad mayor era una diosa y el rito de mitad del invierno se celebraba en su honor. La primavera que llega desde la tierra de los muertos es una recreación de este mito.
La visión religiosa de D. T. está de acuerdo con la leyenda. Aquí te concibe el amor dentro de la muerte, y luego triunfa una suerte de rito de renacimiento.
Pan a la deriva: Otra vez, alusión al maná.

Una vez hubo un salvador:
Recreación de la leyenda mesiánica con la imaginería propia del universo tomasiano.

En mi oficio o arte sombrío:
El acto de la creación, visto no sólo como un acto de desinterés, sino como acto sagrado.
Sullen = terco, hosco, sin significado inmediato.

Ceremonia depuse de un bombardeo = Ceremony after a fireraid:
Fireraid se tradujo como "bombardeo" porque el poeta se refiere concretamente a un bombardeo ocurrido en agosto de 1941.

Cuando desperté:
"Hago a Dios en el lecho, el bien y el mal": Simboliza a Dios como la bondad y al lecho como el pecado. Juego de palabras en inglés: (God in bed, good and bad).

Visión y plegaría:
Uno de los poemas devocionales que mejor caracterizan la poesía thomasiana del tercer período.
Se ha traducido con la misma forma gráfica que empleara el poeta.

Balada del señuelo de piernas largas.
El núcleo central es que la salvación debe venir de la mortificación de la carne y esta idea se apoya en un argumento basado a su vez en una antigua leyenda céltica.
"El pecado con forma de mujer" o la "carne enemiga" muestran con claridad la idea básica que no se desdibuja a pesar del impresionante y bello cúmulo de metáforas.
Con la muerte de la muchacha, surgen los muertos desde el fondo, retorna el Edén y el mar desaparece.

Fern hill:
Tal era el nombre de la granja donde D. T. pasó parte de su infancia. Este poema ha sido considerado por la crítica como uno de sus mejores poemas celébratorios.

En el sueño campestre:
Además de enunciar hechos y elementos de la vida cotidiana en una granja, representa la condición del hombre antes de su despertar a la conciencia.

En el muslo del gigante blanco:
Este poema hubo de formar parte de un cuarteto que iba a llamarse "In country heaven". "En el cielo campestre".
De este poema ha dicho Mervin que se trata de la narración de "un amor antiguo desesperado y estéril".
El muslo del gigante blanco: es un hito que lleva ese nombre en una colina de Gales.
"Las fogatas cierta noche de otoño". “Fawkes fires” en el original: alude a la noche del 5 de noviembre en que se conmemora con fogatas el fracaso de la conjuración de la pólvora en 1605.